miércoles, 24 de diciembre de 2014

Mi tino (entrada por mi cumpleaños)

Siempre querido Amor, tengo mucho que celebrar contigo hoy. Complacerme en que he llegado a estos 52 sintiéndome querida y amada por muchos seres como yo, o sea, humanos. Felicitarme por poder continuar escribiendo poemas y haciendo fotografías. Alegrarme por la buena salud de los seres que amo. Poder sonreír aún, y hasta llorar,  ante la desdicha o la tristeza. Sentirme fuerte como para poder estar aún viva. 
Tú sabes que te abstraigo en todo, y que de todo te extraigo para alimentarme de ti, así que de alguna forma, lo único que deseo en este día es agradecerte que nunca me hayas abandonado, que aún a esta edad pueda sentirte como, efectivamente al igual que con el tiempo me sucede, mi compañero. Ese ha sido mi tino, que siempre estás conmigo.


Noname

Dónde estás que hasta las piedras
cantan tu nombre, cómo,
cómo no sucumbir ante su límpida
melodía que atraviesa pulmones
de espanto cercenando, de un tajo,
cielos oprimidos por el peso
de un norte o un sur, un oriente
o un poniente centro se me centra
el amor entre mis pies clavo
la dicha, lo dicho
con tantas vicisitudes
que se funden en el olvido:
Vuela, vuela alto el pájaro entregado
al aire matutino, las hojas perennes
le devuelven el mudo devenir
de la luz entres sus alas, gobiernan
sin que ellas sepan ni sus músculos
adviertan el sistema nervioso
que las nutre de libertad,
paz para los hombres
de ancho vuelo amor
para amarse a ellos mismos
siendo solo siendo
mirlos, tórtolas, ruiseñores o buitres
poderosos que sobre el aire,
caliente o frío, clavan andando,
vuelan rotando la superficie de un mundo
sobre la que hoy camino
con estos pies ya desnudos:
Huelga el cielo, huelga la tierra
así como el infierno, huelga
el camino huelga estando sola
la luz y su paciente espera
a que el horizonte gire
para inclinarse o levantarse
según disponga ella, yo,

tú. Tú no tienes nombre.
Infrinjo sueño,
nido sobre hojas verdes,
obtengo suelo donde me poso

a pesar del llanto del rocío
del ciprés eterno extraigo
el supremo clavo con el que centro
el mundo sobre el que la luz
girar puede no olvidar
su ser
de cerca y dentro.

De qué hablaré ahora
que ya no sé decir
nada porque todo
muero y vivo.

En Meridiana claridad


4 comentarios:

Rob dijo...

Hermoso poema y hermoso paraíso, señora. Felicidades por su cumpleaños.

Sofía Serra Giraldez dijo...

Muchas gracias, querido Rob (me alegro de verle, aparte, hacía tiempo que no sabía de usted)

Rafael dijo...

Seguro que seguirás hablando de la vida y de todo lo que la misma ofrece a tus sentidos, porque la poesía esta ahí, querida amiga.
Un abrazo y nuevamente felicidades.

Sofía Serra Giraldez dijo...

Muchas gracias, querido Rafael. Un abrazo

 
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