domingo, 4 de mayo de 2014

Un higo chumbo en la mirada

Un higo chumbo en la mirada

12 de la noche. Campo. Suena la sinfonía nocturna, grillos y el ruiseñor al fondo cerca del riachuelo. Algún perro ladra. Me siento delante del ordenador por intentar relajarme tras día casi agotador. No puedo hacer fotos. Las veo borrosas, ya no sé si porque al disparar se me ha movido el objetivo, como habitualmente me sucede cuando lo extiendo a su mínima distancia, porque tengo la mirada fotográfica perdida, o porque mi ojo derecho permanece algo anestesiado tras la extracción de la púa-pelusa de la chumbera fina. Un mes y pico, calculo, ya no recuerdo bien, con una púa (probablemente más) clavada en la parte interior del párpado mide la distancia entre una mirada clara, mi propia torpeza al no detectar, y mi contumacia, burrería para entendernos, la negación del dominó como decía mi padre, la incapacidad para desarrollar estrategias que procuren mi bien.

Aunque hasta la misma administración pública, esa de la que tanto protesto y protestamos (idiosincrasia española), pusiera a mi disposición los medios para salvaguardar mi salud aunque solo fuese en este caso física, u óptica.

De siete y diez de la tarde a diez y diez de la noche. Tres horas, 50 kms de ida (veinticinco minutos) y otros tanto de vuelta, más media hora de paseo que dista entre el hospital y mi casa en Sevilla para volver a recoger el coche con las dos perritas. Resultado, ojo sanado. Bueno, ojo sin ya chumbera que podría haberme crecido (aún hay posibilidades de que agarre en la fertilidad de mi párpado, si no un higo chumbo, un hongo, ya no sé si dulce, pero seguro que sin espinas o púas) si en vez de un mes y pico, tardo tres meses en aceptar ir al médico.

No sabemos lo que tenemos. No sabemos valorar lo que tenemos, como tantas otras veces he dicho, en ningún ámbito, saber apreciar el bien que nos llega. Cuando la oftalmóloga me extrajo la púa, que yo creía que ya no existía, y sentí el inmediato alivio, automáticamente pensé en la ley del PP por la que la mayoría de los inmigrantes en España no tienen derecho a una asistencia médica gratuita. Qué se habría hecho el inmigrante de turno sin posibilidad de médico caso de estar en mi pellejo. Porque yo he estado a punto hoy de arrancarme el ojo. Una tuerta más, ¿cuántos tuertos entre inmigrantes porque ya no pudieran soportar más el dolor?

Recuerdo una entrada de este blog allá por sus comienzos cuando Berlusconi negó lo mismo a los inmigrantes allí en su feudo.

No sabemos lo que tenemos, reitero, repito con altavoz ecoico incluido. En este país el deporte nacional ha sido y es el quejarse por absoluto gusto. El protestar sin antes (saber) valorar. El renunciar, pisotear, machacar lo ganado, lo proveído, o provisto, por la historia y la lucha, sangre y muerte por en medio, es decir, dolor, de tantos anteriores a nosotros. Y así nos va. Y así seguiremos sin levantar cabeza, ni como nación, aunque me importa un pimiento el nacionalismo de cualquier tipo, ni como simple grupo humano.

Sigamos protestando, sigan dando votos a la derecha en las próximas elecciones (esto sí me importa, el no dárselos, claro). Cuando se les clave una púa en un ojo y, por no disponer de un trabajo, como en tantos países sucede, tengan que, primero, buscar un oftalmólogo durante un domingo por la tarde y además dispuesto a trabajar, y después abonarle los honorarios, caso de que, aun sin trabajo, dispongan del montante pertinente, normalmente elevado, sigan protestando. Pero háganlo contra ustedes mismos. Yo al menos apenas gasto de las arcas del estado. Apenas, no, nada comparado con lo contribuido, salvo un parto, un aborto y esto. El segundo, aborto, se lo ahorré a las susodichos arcones. Por pura renuencia personal, burrería, para entendernos, por volver al principio. Aunque eso sí, aún me queda cerebro de no burra ("ojos de burra tiene") para saber valorar que vivo en un territorio, donde lo que a mí hoy me ha salvado de meter la cabeza en un pozo hasta ahogarme o sacarme el ojo con mis propias manos, puede proteger a otros como yo, aunque no hayan nacido, azar, bendito azar, bajo la nacionalidad española.

Por cierto, también bendito territorio donde las chumberas (y no precisamente las finas) crecen por doquier hasta lograr constituir cierto alivio económico para muchas familias, Andalucía.

5 comentarios:

Robín dijo...

Hay que ver lo que nos parecemos, con eso de negarse a ir a ver a médicos. Gratuitos o no gratuitos, da igual. Molière, el gabacho, odiaba también a los galenos.

PS: Pero has tenido buen ojo de ir al médico, al fin y al cabo. ¿ Has visto el enlace con el sistema planetario geocéntrico que te mandé; las vueltas complicadas que darían los planetas si el geocentrismo fuera ? Cúrate, no dejes que tu salud sufra por orgullo, como hago yo también.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Sí, claro que vi el enlace, y lo retwiteé y te di las gracias por privado, :)
No te preocupes, acabo de volver de segunda visita por lo del ojo porque ha vuelto a molestarme y no quería verme con una amanita en el ojo (imagínate qué linda). Y no tengo ná. ¿sabes que me ha recetado?..esto necesita un poema: lágrimas artificiales. Y yo, ¡pero si no dejo de llorar!, y el médico, "no tiene nada que ver"...
Gracias. Un beso.

Robín dijo...

Claro, la enfermedad en sí pude ser metafórica pero también real como decía Susan desesperadamente negro sobre blanco, la tentación literaria. Y la curación no es espléndida; no es curación auténtica si es sólo artificial.

Robín dijo...

Me refería a Susan Sontag y su metáfora.

Amando García Nuño dijo...

Protesto. Protesto en nombre de las chumberas agredidas en sus tiernas púas por los ojos derechos de las sevillanas. Pues eso.
Abrazos, siempre

 
Creative Commons License
El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.