sábado, 6 de abril de 2013

Fin de Suroeste. II (Todo lo que necesito en la vida)


Fin de Suroeste. II
Todo lo que necesito en la vida

Me gustaría que Suroeste acabara con él; pero no, ahí está, tres o cuatro poemas antes de que termine. Mis poemarios siempre acaban en blanco, un juicio final para poder recomenzar. Un saber que ya no debo saber, para poder seguir, para no resignarme. Soy para hacer, no para estar. Ser siendo porque se está viva. Sólo dios se extingue, sólo dios muere, sólo dios sabe. Sólo dios se resigna.
Suroeste es la posición, el topos en la utopía. Ya fotografié el u-topos al final de Canto para esta era, desde ahí se poetiza. Ahí ya sé que está todo lo verdadero. Pero soy hombre (y reivindico el uso de esta palabra sin necesidad de tener que ponerla en mayúscula para que nombre ambos géneros. El masculino y el femenino de la especie humana son varón y mujer) y sé que vivo sobre la costra dura de la nomenclatura. Uso el lenguaje para taladrarla y vivo inscrita en normas, a las que me someto o no, eso es lo de menos.
Tras plantear esta circunstancia a nivel poético y dejar bien asentado a el hombre cuadrado sobre la costra, como siempre terminé en blanco. Pero de nuevo surgió la no resignación, nacieron epifanías y ufanías, y recomencé. De nuevo la ingenuidad. Busqué el lugar. O sea, me indicó el lugar. Cuál mejor que aquél con el que me siento identificada geográficamente. No me considero mediterránea  a palo seco. Me siento occidental, de un muriente, y del sur. Mi triángulo de las bermudas tiene localización geográfica. Me encantan los mapas, la cartografía. La curva del río a su paso por esta latitud y longitud exactas en un vértice, visto desde los parasoles, de Afrodita, sí. Los otros dos vértices se definieron después, pero son fácilmente deducibles. El triángulo es el estuario del río extendido. Triángulo abierto. Muriente siempre es apertura. Sé que hay otra orilla. Ya lo deduje en canto para esta era. Y ya me abrí a ella en el deshielo, en el u-topos.
Suroeste es un diálogo a tres voces entre la geografía, la conciencia de la historia y la relación humana. Y el motor, el amor. Siempre el amor. El amor por la búsqueda, el aprendizaje, el hallazgo, siempre el mismo hallazgo. Para no acabar nunca. por amor.
Para no saber nunca.
Por amor.

Pero este poema me encanta, me encanta, no lo puedo remediar. Me encanta que me haya salido, que saliera. Es… pues… mi tesoro de poema. Poder descansar en la belleza. La llegada de la justicia. Lo que me evoca.
Lo que me evoca es todo lo que necesito en la vida.

Amanecer en un otro Suroeste

verte venir con
la brizna de yerba
entre tus dientes.

grave y libre
besa el símil
del aire azul
y el sol saborea
la almendra
de tu nuca.

uno de tus hombros
se duerme en el mar.
tu camisa rosa
vuelve a la arena,
y a las casas, las casas tan vendidas
por sus tablas a la avenida
en la oblicua de tus ojos
regeneran las dunas
de la orilla contraria
a la linde del costado
de tu vientre
en mi verte y verte venir
con la brizna de yerba
en tu boca el sol
me da su espalda
ya caliente.

Y tu pecho.

Sofía Serra (De Suroeste)

3 comentarios:

Amando García Nuño dijo...

Para alguien como yo, enredado en el endecasílabo sombrío, la pasión desatada por tu verso corto y luminoso, es como un descubrimiento, un viaje hacia ese patio claro donde nos tienes atrapados.
Descubrimiento, con todo lo que eso implica. Hay veces -pocas, me temo- que blogger es un continente para transitar con placer. Un abrazo.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Querido Amando, el endecasílabo es esplendoroso, pero cierto que atrapa. Como cualquier ritmo o medida. ya una vez hace décadas consiguió dejarme muda. le cogí tanto miedo que nunca más volví a usar una métrica, por autoprescripción facultativa, :). Después me derramé sobre los versos tan extensos como prosas, hallaba mi propio ritmo a través de ellos. Y entonces me replanteé componer unos sonetos. Coger el toro por los cuernos. Unos sonetos donde mi ritmo no se perdiera. temblaba. por si acaso a la vez escribía en verso extensísimo (miedo, miedo, miedo, :), la contramedida, el antídoto, la prevención. A final logré el pequeño poemario, muy sui generis en forma, nada valiosos como sonetos "ejemplares", pero sí en contenido y sí en finalidad: no me dejaron muda. De él arranca todo lo que vengo escribiendo desde el 2009. Es él árbol de esta nueva época en mi poesía.
De esos versos extensísimos a estos breves, cuatro años.
Dante, el endecasílabo y su asimilación, es decir, hacerlo mío ¡como fuera! :), la tierra y los abonos.
La luz, el amor a ella, La Poesía.
Dejarla ser.

Te estoy muy agradecida por tu presencia, tu lectura en mi blog, me siento muy afortunada porque hayas aparecido en este árido paisaje de humanidad que es la bloguería.

Un abrazo

El Potro dijo...

La brújula de tu espíritu no se equivoca querida amiga, eres del sur, del suroeste. Ahí estás. Aquí estás.

 
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