miércoles, 3 de abril de 2013

Afrodita en el Suroeste

"Era providencial la formación del alma sevillana, apta para recibir al Cristianismo desde sus albores En efecto, Justa y Rufina hacen añicos la Venus Gentílica —¿cómo sería esta venus hispalense?—"[...] 
(Manuel Chaves Nogales. La ciudad)

Extrañamente tratar de averiguar más sobre Teodosio me lleva a Estrabón, Avieno, Polibio y a Herodoto. Curioso que quien de alguna forma selló la tumba del mundo pagano antiguo me lleve a hurgar una vez más sobre él.
La culpa la tiene Chaves Nogales, claro. Se permite citarlo como saliendo de “la ciudad”  para definitivamente conseguir la imposición del Cristianismo como religión oficial del imperio, el arranque del catolicismo.
Antes de la Hispalis romana aquí no había nada, o apenas nada habitado en los siglos de la antigüedad griega. Aquí sólo agua, y allí, mar, aquí algún islote desperdigado tal vez, algunos hombres, algún asentamiento humano en ellos, pequeño, fruto de la necesidad de acercamiento a las zonas de pesca e intercambio, aguas, vías, poco más. El resto, es decir, la población, las poblaciones y hasta los reinos, extendidos por las zonas altas, muy livianamente altas de la comarca: aljarafe, estribaciones, terrazas del río. Todo esto un río mar camino de la otra linde… A miles de leguas de las que entonces no habían sido nombradas.
Qué pinta una afrodita, una diosa griega en este lago Ligustinus como ya se nombra en época romana, es decir siglos después de que a la diosa se la llamara Afrodita, cuando ya, según los restos arqueológicos detectan, esos posibles y casi evanescentes pequeños asentamientos domésticos en las orillas de los islotes, donde, conforme el lago se va cerrando y secando y el lecho del río delimitando, comienzan a levantarse, y de hecho se levantan grandes columnas, no más que los restos que hoy nos llegan de enormes para nuestra medida templos romanos en la actual zona más elevada de la ciudad… ¿Qué tiene que decir Sevilla antes de los romanos?... agua, sólo agua y algo de orilla en pequeñas islas.
Afrodita, la que llega del mar.
Avanzó estuario-lago adentro después de descansar en las dunas que el depósito de la corriente marina al encuentro con la fluvial fue generando en las lindes de lo que hoy conforma las costa de Huelva, el golfo, la curva abierta.
Me pregunta Chaves Nogales cómo sería esa Venus gentílica contra la que a Justa y Rufina las hace la leyenda enfrentarse.
La romana andaba por la playa, refugiada por las noches frente a la torre escipionis. La griega, la antigua, la anterior incluso a Platón, la genuina, se bañaba en el barro de un lago tan de agua dulce como salada.
Tan sincrética como toda la zona historio-geográfica que la semicocultó.
En realidad, además de que los parasoles me ayudaron, apenas ha habido que escarbar para dar con ella.
Estaba a flor de agua.
Encarnada.


Me quedo con la belleza porque ella lleva a la verdad, a la esencia, a lo verdadero.
Por más que os digan que no.
Sólo hay que aprender a leerla.
 
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