miércoles, 13 de junio de 2012

Maitines

Maitines


Lloré y me lamenté viendo el lugar infrecuentado (Empédocles)


Romperás de un parto
la guía de la mañana.
*
como quien tensa un verde
hermeneútico y áspero gris
de mañana cálida
y torcida y fría mañana
de verano.
*
la noche hablante
eleva sus alas.
yo no seré dueña
ni vida ni amante.
*
la luz ablanda los duros tesoros
como piedras preciosas
somos de dios imágenes
solo, tan descreído.
*
triste y consentida
sentencia de la mañana
para una estrella
en tu frente, venganza
sitiada por el hueco
de una noche difusa
desaparecida ya.
*
cada día sé menos de palabra
amor joven y ufano
despertar de esta madrugada
de junio cada día se tumba iracundo
protestando contra el sol
y la materia de la que están hechos
los dones de una herida.
Cada día entiendo menos de tú
o palabra o yo misma
me perdono porque cada
noche de cada día y su día
nocturno de cielo albo
me abre un don espejo
un hombre de suelo y luz
y la victoria. De la mañana
no huelo su triunfo. Parece por fin
seria mi acometida a la noche,
furtiva se duerme, se suelda
al raíl del cielo huyendo como espacio
encerrado al vacío en esas bolsas
que caminan huellas sonoras
transparentes de agua.
la luz y un gomoso y elástico
chirriar de goznes lubricados
por el aroma de abril hoy perdido
y la luz se pone derecha,
como mi espalda cuando nervea
en paralelo con el aire.
mas quisiera yo poder ahogarte
en la calle arriada. Gobernaremos
juntos aunque nadie lo diga.
Sospeché el misterio del contrapunto.
No existe método científico
que consiga probar por qué
los vencejos cantan sólo
para mis oídos lentos
comparados con la velocidad del sonido.
No quise asustar tu blanca
noche de hombre tranquilo
y ausente.
Desesquinada e inútil, la argamasa
levanta rendijas extrañas
por donde el otro barrio,
o el campo, me mira.


Hoy no me queda amanecer por medir.
La venganza y el palio de la noche
traban mi deseo ambarino
de secuencias fílmicas
sobre tu vida como aquellos
pasquines que me hablaron
de la juventud y el miedo
cuando los muros de las ciudades
se levantaban negros. El campo existe,
pero me ha dejado sola.


Ahora nadie puede olerlo.
*
No estamos de más.
La hormiga me lo repetía
desde sus antenas serias
de cristal negro, la piedra
suspiraba más allá de la memoria
de mis pies transmitiéndome
el vaivén lento de la tierra.
Un algo dinámico me sostuvo
mientras yo junqueaba
junto a la orilla, los pies de rey
visitaban la velocidad de mi mirada,
no me abandonan las tórtolas,
se han venido a vivir conmigo
mientras sueldo los hierros
de la torre de la luz.
Estoy construyendo un aposentadero
provisional para una especie
protegida, una especie
en vías de extinción.
El ejecutivo canto del ruiseñor
allá en la encina del río
así me lo transmitió,
así me lo ordenó.
Así me ama.

Sofía Serra (De La exploradora)

2 comentarios:

Diego Jurado dijo...

A veces me quedo mudo, y casi en llanto cuando te leo. Siempre lento.
No soy de palabras, ya lo sabes, pero a veces no me queda más remedio, como esta.
Un beso, Sofía.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Un beso, Diego. Hacía mucho tiempo sin oírte acá, pero tampoco parece que haya pasado ni un segundo ahora.
Es que me has dado una gran alegría.

 
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