sábado, 30 de julio de 2011

De dios al diablo (Para los diablos azules de Pilar Sánchez)

Uno incluido en "Los parasoles de Afrodita" de los que no he subido. Lo escribí sobre Mayo del año pasado para regalárselo a Pilar Martínez Sánchez, propietaria de "Los diablos azules", bar poètico de Madrid, por la amistad simpatía y cariño con los que siempre ( y eso que sólo lo he pisado tres veces) me ha recibido. Además tuve la fortuna de poder entregárselo en mano. Hoy me he levantado acordándome especialmente de ella, no sé  por qué. Pero estoy muy contenta: he ido contemplando desde la distancia durante todo este "curso" cómo ese local ha ido creciendo y creciendo en fama como centro neurálgico de los recitales poéticos madrileños, hasta convertirse ya desde luego en referencia imprescidible. Bravo por ti, Pilar. Y por si me leyeras, un beso enorme (sabes que aunque poco hablemos, siempre te tengo en el corazón).

(Se trata de una verboluz. Esta vez incluyo su fotografía, un autorretrato disparado en la puerta del local.)





De dios al diablo
(Para "los diablos azules" de Pilar Martínez Sánchez)


He hecho una fotografía.
He blandido carne de cuerpo arracimado.
Dios me venga cada día, dios me luce
en el sol urdido entre las prendas
que por el suelo voy dejando.
Osamenta y ruda percha para colgar ese pliegue envejecido
que arrastra, arrastra, arrastra tantos años y ninguna basura.

Hasta que me desnudo.

Si sólo una tengo, ¿a qué me debo?
Juventud y buen verso riñen como hervidero de pirañas en el Amazonas.
Al final, será siempre espina y hueso.

Que venga, que viene, que suelta melena,
que viste ya sola, que quiebra paredes,
destreza,
que yuxtapone, que suma y alivia,
que poetizo guerreando contra todo hasta sin mí
y ya me dejo hasta derrengarme entera.
Cada verso, una batalla ganada,
cada renuncia de muerte, un paso hacia el caos,
cada palabra, un menos de Ti,
cada suerte echada, cada sol en vida…
Abandonar toda sombra
y dejar de cruzar las manos sobre este vientre; preñan
en vida a la soberana muerte.
Cantar y desposeeros,
cantar y desvanecerme,
cantar y subvertir:
ya la jacaranda recubre el suelo
con sombras altaneras desde el cielo.
Ya la tierra arranca muerte y enfanga agua,
ya justifico el frío bravo,
ya averiguo sobre las piedras,
ya niego antiguo canto azul,
ya sólo quiero verde, a media tinta o dios.
O diablo.

Y endiabladamente me veo
poetizando, que es lo mismo
que amando, jugando o sorteando
el acá y el allá
tras el cristal que recita descifrando
las señales y el ritmo tardo,
la lenta alquimia, la cansina suspicacia
de ciertas pautas y medidas.

Ya bate el colmo sobre la mejilla ardorroja,
verde beso a beso de mayo al verano
expandido más allá del límite subjuntivo:
Rojo y veo,
rojo y muerto el ocaso,
rojo y ardo,
rojo y vivo
grande.
¡Bah! ¡Porca miseria de labrantíos parcos y desdichos de sí mismos!
...Ya asoma el tren de las vueltas sobre
la hélice de este desvarío encendido.


Sofía Serra, 2010 (Los parasoles de Afrodita)

1 comentario:

Sofía Serra Giráldez dijo...

Comento, tengo que dejarlo dicho, ¡Acaba de saltarme en Facebook que hoy es el cumpleaños de Pilar! No tenía ni idea.
¡ufff!
Estas cosas me ponen los vellos de punta, y me encantan.
(edito por la tarde el comentario)

 
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