sábado, 14 de agosto de 2010

... Y sonó la flauta, ;)


Título de la fotografía: Logia





DÍA (LOGIA)

Madrugada

¿Cómo se llaman los que abaratan la suerte?
Mal-hechores.
Puede que risueños malhechores.
Quedó perdido el mío clavado en la espina de la acacia escondida entre las encinas.
A las cinco azul llegaba
al toque de queda,
sonaba la canción del vampiro,
celeste sangre para la noche que rondaba con estrellas sumergidas bajo este río
de agua brava que desborda su cauce al son del vegetal estío.
Paradójica circunstancia se vivía
en aquel paisaje, se suponía seco,
de la ancha Castilla o la baja Andalucía.
No sequía, sólo dulce
y escorrentías iluminando aterciopelados tejidos de carne viva.

Amanecida

Antes fue el verbo, después la carne;
primero la paloma, después el cielo que hallé en este suelo.
Y a ti llego suministrada de años y sueldos,
memoria inextinguible hecha presente
por mor del futuro que a mis pies,
con esos dedos de aquellas manos, extiendes.
Y ya, ya, ya.
Ya llega,
que se me van las mejillas asomando al beso mudo del comunicando,
se me van con suerte,
se me van acariciando el aire.
Este calor inventó el hombre, que nombró como pudo.
Para gobernar sus afanes pervierte el frescor de la noche,
la risa de la aldaba matutina se adormece
en la almohada de algún tiempo que ascendió a su sitio, al vacío.
No hay nada y yo conformo pica en Flandes.
Me puse en mí sobre la yerba y el cielo negro me acompaña.
Amanecida habla de suerte,
alma dormida que descansa reposando con sus alas.
Él.
No estoy ciega.
Sólo abierta a mí misma.

Mediodía

Hay más futuro en ciertas hojas que se desprenden del árbol
verde de verano que en esta linde de presente.
Me separa, sólo tangencialmente, de mi susurro incesante,
ése que más que adormecer, aviva este frondoso corazón,
húmeda y fresca
sombra de ya el todo, ya el continuo, ya el viviendo.

Tengo que trabajar sobre la estera quieta del porvenir.
Pienso sin existir más que en mi mente,
lluevo sobre hojarasca que pronto conformarán trituradas pavesas de
antigua vida.
Respiro.
El calor me ahoga los pulmones.
La libertad ofende a quien no la practica.
Brisa, brisa ligera que vivifica, ¿dónde dejaste tus parasoles?

Anochecida

Hoy no se escriben palabras sobre esta piel rasa y blanca tan ajena;
la mía, que es negra, sólo se halla en la del trigo verificando el contenido
de las cosechas y las estaciones del año;
suministran ellas a golpes de azada
argumentos
para el zócalo que levantamos sobre este suelo,
izando muros, construyendo la choza,
tornando el azabache de ese velo y esa zafra de nocturna seda
en verdes prado y lecho donde solazar lo que nos queda,
lo que damos,
lo que por dar–nos–queda.
Yo no quiero interrumpir tu paz,
bravo soldado de rubia esencia
y risueña faz.

Pero rompe tú mi sueño.

Sofía Serra, Agosto 2010

1 comentario:

mensajes claro dijo...

Antes fue el verbo, después la carne;
primero la paloma, después el cielo que hallé en este suelo.

 
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