jueves, 7 de enero de 2010

Reyes y otros imperdibles

Título de la fotografía: El paraíso imperdible


Inocente: Libre de culpa...más algunas de todos conocidas y 6. Fig. y fam. Ignorante, que no conoce.
Ingenuo: Del latín ingenuo, candoroso, sin doblez. 2. desus. Der. Que nació libre y no ha perdido su libertad.

Tantas veces consultado el diccionario y nunca había querido hacerlo en torno al vocablo ingenuo. Ahora, de alguna forma veo que no me equivoqué al convertirlo, inesperadamente, en base ontológica de mi autonombramiento como poeta (suena horriblemente transcendental, pero a ver, así son las cosas, ver aquí). Bendita sea la poesía que nos lleva al encuentro con lo verdadero sin nosotros preverlo siquiera. Ella, sólo ella. Las bocas de donde emerge conforman únicamente su altavoz, su forma de hacerse inmanente ante esta realidad, des-inocente que todos habitamos y construimos.

"Día de reyes" en este país ayer. Seres inocentes se prepararon para ver colmados sus deseos. Recuerdo cuando una amiga “me abrió” los ojos. Las dos, caminando hacia el colegio por la calle Sor Ángela de la cruz, siete años, calculo. Para colmo mi amiga se llamaba Ana Reyes, y para colmo de casualidades habíamos dejado atrás una estatua que en la esquina de la misma calle con la otra llamada Imagen (¿otra casualidad?) se levanta como homenaje a esa querida monja sevillana. Siendo más pequeña aún, en la zona de la calle situada justo enfrente hacia donde se asoma el pequeño jardín que la rodea, solía yo ver la cabalgata de los reyes magos acompañada, imagino, porque no consigo recordarlo, de mis padres y abuelos. Pero sí no se me olvida algo. Una imagen-recuerdo, un engrama tal vez, una fotografía “disparada” por un ser de dos o tres años , revelada y hasta titulada, aunque no hubiera cogido aún una cámara en la vida. Desde ese lugar, topos, y ante la vista de algo que se me asemejaba a una supuesta “virgen” en la iconografía cristiana, siempre desde entonces quedó identificada para mí esa estatua de la monjita como “la estatua de La virgen de los reyes” (para el no sevillano debo aclarar que la Virgen de los reyes, “la otra”, la talla fernandina, es radicalmente distinta en fisonomía y activos iconográficos. Sedente, vestida y madre, es decir, con niño en brazos), por, evidente, asimilación de vocablos (Reyes : del nombre de la virgen sevillana. Reyes: del nombre de “los reyes magos”)

El caso es que recuerdo la insistencia de mi amiga para convencerme de algo que supuestamente podría desbaratar mi inocencia. ¡Qué sí, Sofía, que yo te lo digo, que los reyes son los padres! Hasta que me harté, o hasta que pude armar mi respuesta, quién sabe, y le contesté: pero Ana Reyes, ¿tú estás loca?, ¿cómo van a ser los reyes los padres? porque ¿no comprendes que los padres no tienen tantísimo dinero?, ¡¿qué jamás por mucho que quisieran podrían gastarse tanto dinero en los juguetes?!

Y ahí me quedé, ya no recuerdo más. Ni horrible ni malo, ningún trauma ni desilusión. Después, como era la mayor, ayudaba mis padres a disponer sobre la mesa y sobre los sillones de mimbre los juguetes que a la mañana siguiente nos iluminarían las caritas. Sí recuerdo que cuando iban a colocar lo que a mí me correspondía, me echaban fuera de la habitación, así que, de alguna forma, sabiendo yo lo que a cada una de mis hermanas le habían comprado, mi ilusión seguía siendo la misma, o mayor aún, si cabe, pues en la pre-visión de lo que mis padres hubieran elegido como regalo para la mayor, es decir, yo, podría, aun sin pretenderlo, ir adquiriendo datos sobre lo que tal vez iba necesitando por mi edad, o tal vez, iban esperando ellos de mí, y ese mismo conocimiento me suministraba datos sobre mis queridos seres que eran mis padres. Es lo de menos, o lo “de más”, porque todos nos va haciendo, pero sí recuerdo que nunca viví aquello como ninguna desilusión o trauma en la vida.

Mi estrategia racional de niña para intentar anular la muerte de lo que se entiende por aquella ilusión, es decir, el conocimiento de que los reyes magos no existen como tales , me permitió sustituir a la ilusión perdida por la ilusión de “saber” que eran mis propios padres los que se molestaban en regalarnos los juguetes, con lo cual, mi cariño y admiración por ellos aumentó, además de la consabida fuente de salud emocional que consiste en tener “datos” o más “pruebas” sobre el hecho de sentirse queridos.
Más aún, y valga como mera anécdota, me sirvió posteriormente para alimentar algún año más a la infantil ilusión de mi hijo, con notable éxito, por otro lado.

Hoy sé que sólo hay un camino tras la desaparición de la inocencia, es decir, la adquisición del conocimiento. Éste es: seguir permaneciendo fieles a lo que somos en esencia, y si lo que somos resulta que se conoce por “humanos”, es decir seres con autoconsciencia, con visión de futuro, de vida por hacer, de conocimientos por adquirir y hasta enseñar, sólo existe algo que nos pueda hacer merecedores de tales privilegios. El esfuerzo, la voluntad en querer seguir siéndolo, poniendo para ello todos nuestras posibilidades, nuestra capacidad racional, nuestra capacidad emocional, en definitiva, nuestra inteligencia, que es la que nos lleva al gusto por conocer, para, aun sabiendo, lograr permanecer siempre en ese cuasi místérico umbral del conocimiento, por mucho que lo hayamos traspasado. Siendo ingenuos, libres, accesibles al agua y merecedores de ella, de nuestra propia labor de humanos, para que nunca nos coja desprovistos “la muerte de nada”, pues aunque la conozcamos, y por ello mismo, podemos ser capaces de hacer emerger flores de las tumbas de la inocencia, que ellas no son más que posibles jardines para el “crescendo” del ser humano.

La fotografía, una glorieta del Parque de Maria Luisa de Sevilla, con su fuente, que me servirá de ilustración para la portada de mi último poemario recién dado por corregido.

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