martes, 25 de noviembre de 2008

N'oubliez jamais

Torre de los perdigones, La Resolana.

De "oídos" familiares tengo el conocimiento de que se llama así porque formaba parte de una antigua fábrica, o siderurgia, o vaya usted a saber qué, donde se elaboraban los plomillos, las conocidas bolitas de plomo que arman a las escopetillas o a los cartuchos de los rifles. Se dejaba caer el plomo desde arriba en estado líquido. En su caída a la vez que se enfriaba, las gotitas del mineral terminaban adoptando la forma esférica necesaria. Ni idea. No tengo en mi saber el proceso industrial de tal "artefacto", pero a mí me encaja, porque quiero, claro.
Hasta la expo del 92 la recuerdo semioculta y semiderruída tras el muro que separaba, y mutilaba, a Sevilla por la zona de La Barqueta, calle Torneo, impidiendo la contemplación del río por esos parajes, y aún más toda la extensión que la vista alcanzaba hasta la zona del Aljarafe. Era un muro de seguridad, pues tras él pasaban las vías del tren que terminaba su andadura en la antigua estación de Córdoba.
Con la remodelación de la zona con motivo de la citada exposición, la torre quedó al descubierto, y con ella su lastimoso estado. No fue sino gracias a la iniciativa privada (creo que El Corte Inglés) que fue restaurada y convertida en una especie de cámara oscura de altura vertiginosa. A sus pies, actualmente, algún bar (imposible que no fuese así) y una nueva zona de jardines con artilugios para divertimento de los chavales y una fuente. Al lado, la facultad nueva de odontología (muy sintomático, ¿no?, teniendo en cuenta que hoy en día es casi imposible contemplar a un adolescente con una dentadura en mal o no perfectísimo estado).

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