domingo, 19 de mayo de 2013

"Nuevo hombre en la cruz" en "La Peregrina Magazine"

AQUÍ el enlace general.

AQUÍ el particular al poema y la fotografía que lo acompaña.

Sorprendida muy gratamente además por la elección de fotografía que ha hecho la directora de la revista, Carmen K. Aldrey, para acompañarlo. Casi la había olvidado, cuando, aparte de una de mis preferidas, fue  producto de uno de los disparos casi simultáneo con el que realicé para la fotografía que luego sería portada del poemario en el que se incluye el poema, "Nueva Biología". 

viernes, 17 de mayo de 2013

Un corto paseo

Un corto paseo 

con la verdad en la mano
que se ha ofrecido hoy
a posarse en esta palma
que no clava sus púas
en las ganas de andar
entre la yerba cortada
que me lacera el empeine,
despellejo mis brazos
entre los leños secos
de los rosales, de los arbustos
y duermo derrotada
por la luz deslumbrante
de los blancos que has despejado.
Ya sin espejo asumo
mi sueño de cansancio
en un mundo sin límite
que me asfixia creo
que desde que nací
para el verde y el cielo
limpio o negro
de verano o de invierno,
para el frío sol o la húmeda nuve
hasta con uve de vida
trashumante por las veredas
de la naturaleza tan inmune a mí
como yo simbiótica de ella.
Concluyo, en pleno insomnio,
que es tu seca la noche
y mi escena aquella
donde las butacas no se asientan,
donde los hombres no se avienen,
donde la herida, la flor, el solaz,
la envergadura que no abarco
hace de mí buena compañera,
un con-sentido
por los años que quedan.
No importa si ninguno.

Me voy al campo.
Allí casi no oigo
a nadie, casi no
te oigo, te veo,
no te imagino
andando sólo
justo tú siendo
como tú quieras.
Aunque me abandones,
aunque yo te abandone.

Sofía Serra (De La clave está en los árboles)

jueves, 16 de mayo de 2013

El ruido y un silencio (lucy-on-the-earth-without-diamonds)

El ruido y un silencio
(lucy-on-the-earth-without-diamonds)


A Lucy

Alimentamos sabañones
que nos dejarán la piel
reventada en tiras de aluminio
que se enrollan añarándonos
la entrepierna y hasta las corvas.
Juntos cederemos al buen paso
de la bestia, tanta raedera
salvaje, mullida de dientes
en escala perfecta con boca
de titanes y jorobas
de escleróticos esqueletos.
¿Cómo se entrelazan
los tirabuzones de su afecto?

Hasta las calaveras se aman
con su boca a boca tecleante,
diente a diente,
hueso a hueso.

nadie puede saberlo.
si no se dice nada
es audible nadie
sabe de esta entraña
terrena.

Sofía Serra (La exploradora)

miércoles, 15 de mayo de 2013

Adiós, poetas

Adiós, poetas

De sol a sed
desolada
la sal
lo sabe.

I (Las armas)

ellas se habían enredado a mis manos
porque
ellas no tenían
quien las acogiera en sus manos
buenamente.
Las yerbas habían encontrado
donde desentumecer
a la muda.

Me enreda menos, mas
no lleva tu nombre.

II (La política)

Política y honestamente
tengo más
que ver
con las yerbas
que con vuestras manos

(ya, sin la tuyas o la mías,
la pradera subsiste sola)

,
malevolencia
entretanto,
entre tantos
y con nombres.

III (La guerra)

La única revolución pendiente
es la del individuo sobre sí.
Y la única con final feliz
para el mundo.

                 No pidas
revolución
                   externa
si
                   interna
no la das.

IV (Victoria)

Derrótate
entonces
conocerás
batallas
ganadas.

(Sofía Serra. De La dosis y la desmedida)

martes, 14 de mayo de 2013

Peso vivo mío

Peso vivo mío

Así como
tú no
taladras mis arterias embebidas
en los rizomas esqueléticos
del coral submarino,
yo no
me basto ni para una sola noche,
esta sola noche tan cansada de mí,
tan plagada de este peso y muerto
pecho concentrado de planeta.
Tanto pesa, tanto pesa
la múltiple arcadia
que a todos nos haga felices.
La estratagema de la avispada estela
transformó números en un ejército
prudente y manco.
Bregan otras minúsculas centurias
poseyendo una piel lejana y obstetra
de todas mis huellas con futuro,
que es tuya, la tuya,
esa con la que no sé vestirme.
El cansancio busca reliquias
con las que poder orar,
levantar tal vez aquélla,
una palabra, un sinónimo
de cuerpo sin piel
que brega y piensa
y duele y navega y vive
y no descansa.

Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)

Sólo él

Se nos van, un poco así como la lágrimas que secamos con el puño de la camiseta sujeto a la palma por nuestros dedos. nuestra ropa sirviendo de pañuelo. El amén que pronunciamos en el dolor, la sonrisa de la presencia en un hondo que nos habla y nos consuela sin suelo sobre el que descansar. El amor, quizá, al amor de nuestro propio corazón. Tan volátil en otras ocasiones.
Alegra sufrir por sentir la vida con su derrota. Nuestro rumbo común. Tan sinceros, tan francos, tan iguales. Sin diferencias más que en el lenguaje, que sólo es invento. Y tantas veces invento para nada.
Porque sólo tu latido logra contar el consuelo.
Sólo él.

lunes, 13 de mayo de 2013

Al través

(Tras alguna pequeña introducción, así comienza "La dosis y la desmedida"... Cómo podía imaginar, cómo. Nunca una, siempre Ella.)

Al través

Pequeños signos cantores,
tan mínimos y desfallecidos
como la consigna asediada.

Al terminar, se deduce la escafandra
o la tensión arterial obstaculiza
los privilegios del paso de la sangre
libre por sus regueros de vino:

una prebenda y un pusilánime sentido
del estorbo. La juventud y la luz
sojuzgada por otros destinos,
paradisíacos o no, se sometieron.
Encontrar, más allá, abre los ojos
de burra tiene los ojos, tan grandes
y francos como los de Platero:

la libre calma abierta a toda duda,
la duda piedra perdida
en el río rueda en la quinta
avenida borbotea
orgasmos a toda pleura.
gimientes soldados
quedan a medias hundidos
en el limo aceitoso de la memoria
y en el huérfano descuido
se trabajan lentamente, se horadan,
se inmiscuyen entrambas
superficies por doquier, superficie
fundamentada.

No existirá un solo porvenir
al que asomarse si las juntas
de hielo persisten congeladas.
las barcazas hacen
el tiempo que atravesó
el lago navega rumbo al sol
irrumpido por las olas de la pregunta:
qué mar más bello sino
la eterna de si no somos
nada, no somos bajío,
ni orilla, ni probable respuesta.
Ni cuestión, nos advierte el mirlo
entonando su canto naranja
de fuego derretido en el mar,
la cuestión, comunicar
perdida la derrota.

La quietud en la saliva.
Sí, ¿por qué no?

No te escindí,
una luciérnaga boca
pasea
por el lúcido hilo.
Quieta emprende
quimeras. Queman.
Pueblan.

Irrumpes, verbo claro
—balanceas—,
al través
de un allá
hasta aquí.


Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)
 
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