Despertar arqueológico
Apenas tener nombre de hueco
o suma de melancolías
que se escalonan unas
sobre otras se admiten
pisándose los talones
hasta que forman la falsa
bóveda o cúpula del túmulo
enterrado con su verdadero
túnel abierto al campo claro
del día. me vi en la yerba
blanca del agreste agosto
meditando sobre la máscara
agamenónica de tu fecunda
risa, tu ara votiva a la alegría
de la mañana.
Despertar y estremecer
al calor, la calle, aun negra
y naranja, me avisa
de tu urgente destino de hombre
feliz y en calma,
como los amantes esposos
etruscos retratados
en su tumba.
martes, 20 de agosto de 2013
lunes, 19 de agosto de 2013
El poeta
El poeta
En el fondo— qué fondo, ese fondo,
el de la taza del té—, el poeta
es un ente minúsculo-minúsculo,
arrugado y pequeñito como una bolita
de papel de seda. Anhela el agua
para poder expandirse, ser todo
él sin dobleces que lo hieran,
no importa que, de más, se deshaga.
En el fondo— qué fondo, ese fondo,
el de la taza del té—, el poeta
es un ente minúsculo-minúsculo,
arrugado y pequeñito como una bolita
de papel de seda. Anhela el agua
para poder expandirse, ser todo
él sin dobleces que lo hieran,
no importa que, de más, se deshaga.
domingo, 18 de agosto de 2013
mes-escato-lógico
mes-escato-lógico
Un mes crucifico
aunque ya no tiene brazos.
Se los arrancaron todos
camino de la gran vía del otoño
y la niebla prematura
de estrechas sienes.
Ahora fatiga el viento
su rostro de molino
gigante con boca de piñón
enlutado y ojos asimétricos
y pequeños. Lo dejaron solo
encima de la loma,
enquistado en la dureza
de la piedra entre yerbas secas
de harina y soldados
de polvo haciendo mutis
por el foro cuando la reina
lluvia se digna aparecer
escandalizando al suelo.
Agosto me extraña
en su soledad de quicio,
y yo me vengo odiándolo,
¿cómo se puede amar un mes?
No hay sistema con cerebro
ni brazos ni piernas, no hay
sistema malo o bueno
para nuestras fenómenas
preces. Sólo tú, o yo, individuos
de tomo y lomo y pan, abrimos
el hambre a la culpa.
Y al calor de este agosto
que se venga
y se aviene
agostando mis sacies.
Allá en la loma del año
me tumba las sienes
que ahora abandono
a su ancho reproche.
Si una sanguijuela puede secar una vida,
¿qué no podrá agostar un ser humano?
Un mes crucifico
aunque ya no tiene brazos.
Se los arrancaron todos
camino de la gran vía del otoño
y la niebla prematura
de estrechas sienes.
Ahora fatiga el viento
su rostro de molino
gigante con boca de piñón
enlutado y ojos asimétricos
y pequeños. Lo dejaron solo
encima de la loma,
enquistado en la dureza
de la piedra entre yerbas secas
de harina y soldados
de polvo haciendo mutis
por el foro cuando la reina
lluvia se digna aparecer
escandalizando al suelo.
Agosto me extraña
en su soledad de quicio,
y yo me vengo odiándolo,
¿cómo se puede amar un mes?
No hay sistema con cerebro
ni brazos ni piernas, no hay
sistema malo o bueno
para nuestras fenómenas
preces. Sólo tú, o yo, individuos
de tomo y lomo y pan, abrimos
el hambre a la culpa.
Y al calor de este agosto
que se venga
y se aviene
agostando mis sacies.
Allá en la loma del año
me tumba las sienes
que ahora abandono
a su ancho reproche.
Si una sanguijuela puede secar una vida,
¿qué no podrá agostar un ser humano?
martes, 13 de agosto de 2013
De pie frente a cualquier mar
De pie frente a cualquier mar
Mírame que ya soy blanca
gema, luz salina, mira
en lontananza los buques
vencejos, cómo se jaspea
el horizonte con la ausencia
de tu rostro, se almidona,
se vuelve terco y sordo
suena la sirena canta
sueña el mundo, los ojos
beben lágrimas sin derramar:
para qué llanto si al mar
no le falta agua salada.
Mírame que ya soy blanca
gema, luz salina, mira
en lontananza los buques
vencejos, cómo se jaspea
el horizonte con la ausencia
de tu rostro, se almidona,
se vuelve terco y sordo
suena la sirena canta
sueña el mundo, los ojos
beben lágrimas sin derramar:
para qué llanto si al mar
no le falta agua salada.
Pero no recordaste
Pero no recordaste
Cualquier ciudad transita
con mis manos
por las caricias de su lomo.
Ya apuntan modos las dodecafónicas
ingles, se inscriben en el gozo
como las orugas que reptan
por los perfiles de las hojas,
doblándose
sobre sí mismas
o sobre el hierro que amortigua
la hediondez de haber cabido
donde más oprimen
los gestos:
el señuelo,
la bifurcación.
No hay otra palabra.
La verdadera huele.
Los techos indisponen
contra el cielo estrellado
y tú te cubres
con tejados a dos aguas.
Pero quién va decir
si el árbol o la mentira
crecen ajenos.
Mis manos y tus piernas hacen
tiempo lamiendo la escarcha
salvaje y antigua
que cubría la ciudad
de las luces.
Desde aquí, desde este polvoriento camino,
Voy preparando la partida
con maletas verdes y espejos
que no enluto para no guardar
ominosos encierros
de otros lesos seres
sin diestra ni siniestra memoria,
son sólo fantasmas sin
diafragma ni pulmones.
Algunos pútridos afanes
quedaron colgando del árbol
como bolas de navidad fuera
de temporada.
Tanta dejadez ausenta
el valle rico de la vertical memoria,
siempre verde y limpia
como el tiempo, mi compañero.
Este viejo camino
sin duda tránsito
como todos
los caminos
que llegan o hacemos,
este cansancio inaudito
solo se llama el poema
denso y solo se escribe
en dos palabras, o cinco:
mi hueco y tu lleno.
Un poema se hace lento
y amen-iza
los finales.
Cualquier ciudad transita
con mis manos
por las caricias de su lomo.
Ya apuntan modos las dodecafónicas
ingles, se inscriben en el gozo
como las orugas que reptan
por los perfiles de las hojas,
doblándose
sobre sí mismas
o sobre el hierro que amortigua
la hediondez de haber cabido
donde más oprimen
los gestos:
el señuelo,
la bifurcación.
No hay otra palabra.
La verdadera huele.
Los techos indisponen
contra el cielo estrellado
y tú te cubres
con tejados a dos aguas.
Pero quién va decir
si el árbol o la mentira
crecen ajenos.
Mis manos y tus piernas hacen
tiempo lamiendo la escarcha
salvaje y antigua
que cubría la ciudad
de las luces.
Desde aquí, desde este polvoriento camino,
Voy preparando la partida
con maletas verdes y espejos
que no enluto para no guardar
ominosos encierros
de otros lesos seres
sin diestra ni siniestra memoria,
son sólo fantasmas sin
diafragma ni pulmones.
Algunos pútridos afanes
quedaron colgando del árbol
como bolas de navidad fuera
de temporada.
Tanta dejadez ausenta
el valle rico de la vertical memoria,
siempre verde y limpia
como el tiempo, mi compañero.
Este viejo camino
sin duda tránsito
como todos
los caminos
que llegan o hacemos,
este cansancio inaudito
solo se llama el poema
denso y solo se escribe
en dos palabras, o cinco:
mi hueco y tu lleno.
Un poema se hace lento
y amen-iza
los finales.
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