martes, 16 de abril de 2013

Liberta

Liberta

sin pies

normalmente las batallas del hombre
suceden en el límite entre la noche
de sus ojos y el día de sus manos.
si no sé ni dónde pisan mis pensamientos
mucho menos puedo pensar mis pies.

sin cabeza

se ha soltado la yunta
y ya no puedo arar.
Soy un animal
sin frente
ni amo.

sin cuerpo

Habiendo llegado al límite
qué hago ahora aquí.
soltar amarras e la nave va
sesgando y muy ciertos
agujeros la diluyen
en la salina transparencia.

sin palabras

mi mente catastrófica gobierna
su salida de este mundo inhóspito
y cruel pido un deseo
por todos los hombres
un abocarme
para deglutirme
por completo entiendo
pero no hay palabras
que me lo demuestren.

sin dios

en la inefabilidad de la sustancia
hallo la máquina del tiempo.
un soldado muerto me dijo:
no nombrarás
en vano.

Sofía Serra (De La exploradora)

domingo, 14 de abril de 2013

El ocaso de los dioses

El ocaso de los dioses

Separado en semántica sección
de tu abrupto y cavernícola segmento,
huyes de las palabras
de tu misma osamenta,
y así, cuando desbrozas, queda
al desnudo tu abuso sobre escleróticas
sanciones, los argumentos solapados
con grapas de cobre, tu venérea boca
no articula el son con lo que te corroe,
te desarma.
Pobre hombre muerto de sí.

El mundo se deshace y tú das
oídos a la música.
Se te han adherido a la piel todas
las mieles posibles a ellas
las moscas y las pupilas azules
te señalan con bajeza de contrabajo
desafinado por el tiempo que hacía
que tus dedos no acariciaban
los tendones del hueco,
la caja de resonancia sirvió de nido
a los ratones y ahora las pavesas
de las bolsas de plástico
se esparcen cayendo
de tu estómago
a tus manos,
a tus manos que te miran
a tus manos que te hunden.
Y nieva tras tu ventana en pleno mayo.

Qué pena de música fatua.
nunca sabrá que ya no concluye
ni el día atardece
la caída de tus párpados,
tanto echármela a la espalda
está arrasando con la belleza
de las puestas de sol,
allí, a media tarde,
cuando la montaña las impedía,
donde yo era infeliz
como tú, pobre hombre muerto
de hambre de gloria de amor
que no te devuelven.

Contemplar el ocaso de un dios.
Delinquir contra la alegría de la mañana.

Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)

Feliz 14 de Abril

Feliz aniversario a todos los ciudadanos españoles.
Se trata de una preciosa interpretación además.

sábado, 13 de abril de 2013

Buena madera, joya de libro

Este libro es una joya. Este libro sí merece la pena haber sido editado y publicado. Esto sí es una antología. En este libro además no se miente, ni en su portada, que por sí sola atrae, ni en su solapa: "esta antología es todo un catálogo de deslumbramientos". Claro, que dirán muchos que haciendo una antología de un periodo extenso resulta fácil deslumbrar, escoger cada cual como cada joya. Pues bien, les digo, si tan fácil resulta, anímense, señores y señoras editores. Hagan más como éste. Que una no tenga que volver a escribir un poema como aquel de "libros que no sirven para nada".
Aquí no hay tongo. Aquí hay wood, wood, good wood tonguey.

El libro: Lengua de madera (Antología de poesía breve en inglés). Hilario Barrera. La Isla de Siltolá (2011)



Good wood tonguey
A un libro, a un regalo con-sentido

una lengua de madera
me deslumbra a mí
que últimamente no soporto
ni el tacto de los muebles
de madera su olor
sólo el de su vida latiente
unida
a la savia y a la luz verde
de sus hojas ahora
me llegan la luz
y ella
convertidas en papel
con sentido.

Sofía Serra (De La clave esta en los árboles)

La salud exacta II

La salud exacta II

Recuperar paisajes emocionales de la vida de una, paisajes gratos que fueron robados medularmente, es decir, arrancados, desentrañados a sangre y casi a fuego. Ésta es la otra forma de salud que debemos perseguir. Dar la oportunidad a la justicia poética: Este año bailaré con los mismos pies que me rebanaron.
Hace 11 años que no piso La feria de abril. Primero él murió un 31 de marzo, mi padre. Dos semanas después  no estaba el horno para bollos, sobre todo porque nuestros días en la feria (escasos, uno, dos a lo sumo, el resto, aprovechando las jornadas no lectivas para el niño, los aprovechábamos para escapar al campo) en los anteriores diez años se desarrollaban siempre en su compañía. Después llegó la debacle, los años duros como una condena sin que nada hubiéramos hecho para merecerlos, la extenuación al saberte trabajando, cuando todos se divertían, haciendo mil millones de tortillas de patatas. Allá, al otro lado de la barra por donde se servían, habíamos estado muchas veces felices, alegres moderadamente, disfrutando, con la compañía que elegimos, mis padres, y con nuestro hijo. Hoy trabajabas dentro de la cocina para poder mantenernos cuando vivíamos en el campo, mientras te llegaba o no la oportunidad de un nuevo trabajo.
La fotografía de la amapola que convertí en cartel de feria aquel año de 2005. La hice mientras tú te pasabas la semana a 50 kms de tu familia acostándote a las seis de la mañana y levantándote a las 10 del mismo día para comenzar tu jornada de trabajo en la feria. Haciendo tortillas de patatas. Tú con tu licenciatura en Psicología, tu master MBA y tu inteligencia y tus 47 años, tú haciendo tortillas de patatas para la feria, los siete días, dos años, dos ferias. Y tú sin querer que yo te acompañara en el esfuerzo.

La Feria, un paisaje emocional feliz más que me robaron.

Nunca he sido muy feriante, lo normal según las etapas de la vida. de pequeña con mis padres, abuelos y hermanas. Mi madre nos vestía a las tres con trajecitos de herencia de mi prima o alguno que pudiera comprar, como cuando acertó esa quiniela de 12 y ganó 40.000 pesetas de las de entonces. Fue en primavera. Le faltó tiempo para irse a la tienda de Luis a comprarme el traje que por entonces se llevaba. Después iban pasando de una a otra. Ya en La Universidad alguna que otra noche con los amigos. Sin vestir de flamenca.
Estrenar la Feria, un martes al mediodía, ése ha sido mi mayor disfrute en este tipo de evento donde todo lo demás (bullicio, gentío, ruidísimo, polvo, calor, vino, baile) consigue que, una vez disfrutado, pueda permitirme aborrecerla al menos por otro año más: saciada de diversión, cansada y normalmente con resaca.
Eso haré este martes de Feria de 2013. Recuperar lo que me quitaron hace 11 años. Recuperar lo que es mío. Poder nombrar Abril con farolillos de feria y no con las candilejas de las encinas.
La salud de poder nombrar como yo sé nombrar.
(Y zapatear con estos mismos exactos pies que aquel 22 de agosto de 2002 me cortaron la estulticia, la avaricia y la perversión del estado de Derecho protagonizados por mal nacidos con nombre y apellidos.)



 
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