qué sino Abril
qué paz se venga sino
la de soldados muertos,
qué derrota navega
bajo mis sienes delante
de tu ancestral boca
de tiempo ingenuo, qué
soledad magnífica revienta
en tu sueño de solsticio sino
la primavera.
Lo vamos a dejar,
tú, estómago, y yo.
cualquier palabra cadaverina
es mentira de su silencio
por muy vacía que vuele
su sin palabra cualquiera
es más poesía.
sabes cuándo dejo de creer,
¿verdad?,
cuando me hace oportunidad
me sobra cualquier
libro cualquier poema
cualquiera lectura me embarga
el arreglo del nido me aligera
costumbres me calientan
el sueño resulta
tan reconfortante
fregar un suelo aquí
no hay género sino
de novela, poesía, teatro
sino puro
número de candilejas
en las encinas. Sus flores
vertebraré hasta que pueda.
Me parece
tan-razonable,
tan-verdadero,
tan-profun-damente serio
como la máxima y refleja
actividad humana
de respirar.
hoy no soy poeta yo
gracias a la Poesía.
(Sofía Serra. De Suroeste)
lunes, 1 de abril de 2013
domingo, 31 de marzo de 2013
Domingo de Resurrección
Practico cierto desencuentro con las letras o no sé si con mi mente.
Debe ser que se me escapan algunas neuronas, atino a comprender. Quizás las he dejado olvidadas. En algún golpe de viento han debido quedarse enganchadas en la esquina
de la calle.
me saben mal las letras.
me saben mal las fotografías
Será que escribo con la garganta.
Debo terminar de corregir Suroeste. No veo el momento de hacerlo.
No tengo ganas de nada. La apatía me está inundando.
¿O será la lluvia?
Me está pudiendo el desánimo y el desánimo me lleva a la apatía. Yo, ¡apática!, ¡ja!
Perdiendo el norte porque este sur ya no es sur.
selva y lunática empresa
de simientes escondidas.
la despensa las guarda
como perlas
entre claveles
las cruces
siempre las cruces
señalan el paraíso. los obeliscos
los dejo para los muertos.
ellos y su hambre de verte.
ella y su muerte de ti.
Como no me encuentro en las letras me busco en las ¡casualidad y excepción! ayer me dispararon dos fotos en casa de mi madre. Me busco en ellas. Sí, es evidente, soy yo. Me reconozco. Aún no he perdido el juicio. Ni el apetito, por lo que veo… ergo, sana como una pera.
No es mi mente la que está enferma. Es el externo. Aunque debería estar contenta (tampoco estoy triste), porque es domingo de resurrección y mi madre no se ha muerto. Justo lo contrario. Como ayer por fin nos hizo caso (santo tranxilium), ha dormido muy bien, ya no le agobia la flema, los tobillos se le van desinflamando. La ansiedad. La culpable de la mayoría de nuestros males. El miedo. Lo que nos puede. Lo único. Desde nuestro origen. Hoy tan sólo sucede que hemos aprendido a reconocerla, a reconocerlo. Con alguna ayuda química nuestra mente se relaja, y por tanto nuestro organismo vuelve a sus fueros, a su naturaleza. A dormir cuando lo necesita, a excretar cuando es necesario, a razonar, a la sensatez de lo natural.
El miedo es el artificio creado por nuestra mente para defenderse de la percepción del mal. Surge el pathos como una de sus expresiones (el miedo también necesita expresión, el miedo es, sino un ser vivo, sí un ente) pathos por el bien o pathos por el mal. En todo caso, pathos.
El responsable de algunos perjuicios y algunos beneficios para el hombre.
Y yo me encuentro a-pática.
Completamente.
Será que he perdido todo el miedo.
Pero, me pregunto, ¿es sano vivir sin miedo?
Quiero responder que mientras se tenga hambre y sed, sí.
Y sonrío.
El espejo me hace cosquillas, me ilusiona.
Me encuentro.
yoesella(nula)
yoesella(nula)
ased
iada
seda
idaa
soma
dala
noche
nome
consu
mome
consu
mesu
como
deti.
agot
adas
uper
adap
orda
rtan
tost
úeso
yoes.
(Sofía Serra)
(debe ser algún árbol, pero yo no lo veo)
sábado, 30 de marzo de 2013
silencio
silencio
Amor, qué cerca te alejo
en el limo de mis sueños
ansiosos de mi pena licuada
en la paz incandescente y fría,
por qué no me limpias
con tus labios de frente
o de costado me apuñalas
siempre sólo me queda cintura
que doblar para protegerme
de tanto tangente de lejanía,
de tanto desvío tuyo.
desde este aposento
cabeza abajo me asomo
al borde del verde olivar
vareo tus sienes
movedizas y remotas minutas
alabeadas por los alisios
sellados en las aguas del río
transparentan su densa
seda me conmueve
hacia su corriente
lugar tal certeza
sin oscuridad con bajíos
lentos y descansados
en ti.
Amado,
cómo te llamo
si tus ojos ya se cierran,
¿tal vez querrías
que mi voz llegase
a los sonidos de tu mente
y, así, la sinfonía de tu sueño
callase cualquier espacio
para hacer tiempo
a la girándula de tus letras
en mi boca? Duermes y tus aves
concilian sedes garantes y vespertinas
para la garganta de una nueva aurora.
aquí quedan puros y duros
sin pronunciamiento
mientras la ciudad amanece
vencido el sueño
de intentar el silencio
de tus nombres.
Sofía Serra (De Suroeste)
Amor, qué cerca te alejo
en el limo de mis sueños
ansiosos de mi pena licuada
en la paz incandescente y fría,
por qué no me limpias
con tus labios de frente
o de costado me apuñalas
siempre sólo me queda cintura
que doblar para protegerme
de tanto tangente de lejanía,
de tanto desvío tuyo.
desde este aposento
cabeza abajo me asomo
al borde del verde olivar
vareo tus sienes
movedizas y remotas minutas
alabeadas por los alisios
sellados en las aguas del río
transparentan su densa
seda me conmueve
hacia su corriente
lugar tal certeza
sin oscuridad con bajíos
lentos y descansados
en ti.
Amado,
cómo te llamo
si tus ojos ya se cierran,
¿tal vez querrías
que mi voz llegase
a los sonidos de tu mente
y, así, la sinfonía de tu sueño
callase cualquier espacio
para hacer tiempo
a la girándula de tus letras
en mi boca? Duermes y tus aves
concilian sedes garantes y vespertinas
para la garganta de una nueva aurora.
aquí quedan puros y duros
sin pronunciamiento
mientras la ciudad amanece
vencido el sueño
de intentar el silencio
de tus nombres.
Sofía Serra (De Suroeste)
viernes, 29 de marzo de 2013
El juego de la esperanza
El juego de la esperanza
podemos derrocharnos en la luz
o saltarnos aritméticas, todo
menos soy una esclava de mí.
hay cartas sólo flores
con las que jugamos
cuando somos ellas,
siempre son nuestras
apostantes,
¿has visto cómo ríe
la rosaleda al besarla
tus ojos abriendo
la mañana?
en cada balcón del aire
depositamos seria
esperanza de no caer.
pero siempre caemos:
sépalo dormida
y blanda la sierpe en flor
y ronca de tanto
despertar soledades
todo remolcando,
y todo lima,
y todo muge,
todo embarca la llaga,
todo ablanda el estuario
siempre iluso
todo taladra
la cabecera de tus ojos
al centro de mi espalda
vaga transita por mis hombros,
préstamos del aire,
véngate dentro
y arrastra conjeturas
sobre el tapete verde.
Eso pasa, dios, ¡cuánto pasa!
Pero no la esperanza.
(Sofía Serra, De Suroeste)
(Vaya por todos, pero vaya por dos Esperanzas de Sevilla que esta madrugada se han mojado... Ya están bien refugiadas.)
podemos derrocharnos en la luz
o saltarnos aritméticas, todo
menos soy una esclava de mí.
hay cartas sólo flores
con las que jugamos
cuando somos ellas,
siempre son nuestras
apostantes,
¿has visto cómo ríe
la rosaleda al besarla
tus ojos abriendo
la mañana?
en cada balcón del aire
depositamos seria
esperanza de no caer.
pero siempre caemos:
sépalo dormida
y blanda la sierpe en flor
y ronca de tanto
despertar soledades
todo remolcando,
y todo lima,
y todo muge,
todo embarca la llaga,
todo ablanda el estuario
siempre iluso
todo taladra
la cabecera de tus ojos
al centro de mi espalda
vaga transita por mis hombros,
préstamos del aire,
véngate dentro
y arrastra conjeturas
sobre el tapete verde.
Eso pasa, dios, ¡cuánto pasa!
Pero no la esperanza.
(Sofía Serra, De Suroeste)
(Vaya por todos, pero vaya por dos Esperanzas de Sevilla que esta madrugada se han mojado... Ya están bien refugiadas.)
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