Por delante
qué mejor
para estar estando
ausente
que este medio
estar y no estar
qué hacer con el mientras
nos vamos
curando
participas de la noche
cuadrada
a medio fuego,
como las calderas
de los barcos de vapor
de antaño,
al ra-len-tí
del motor
hasta que la marcha te oprima
el brazo que detenta el poder
sobre tu alma
¿no?
y este es tan solo
un arroyuelo pequeño, una vena
abierta en la tierra amarilla
por las raíces de los cañaverales
según necesitan
si alimento
so pena de muerte
sobre su agua cristalina e irisada
qué haces con un barco de vapor
en un arroyo escondido
entre selvas verdes y duras,
qué haces con el alma a medio gas
en esta sociedad de hombres
armados hasta la médula
de su espina bífida,
qué hago tarareando
una canción de amor
cuando nadie entiende
ni siquiera
el tú
el sí
la playa
que los cabezos
amarillos nos ponen
por delante.
(Sofía Serra, de Los cabezos amarillos)
viernes, 30 de noviembre de 2012
jueves, 29 de noviembre de 2012
La motivación
La motivación
verán, yo hace tiempo que sé
que la vida es dura y
la mayor parte de los días
pasa entre fealdades y
dolores, pocas satisfacciones, y
sobre todo, escasos regalos,
nada gratis, todo a costa
de bastante esfuerzo, bien
de nuestra mente, bien
de nuestros brazos, y
ya que no puedo echar una mano
descargando el camión de la mudanza
o en la fábrica de coches
o en el hospital velando
por el reparador sueño
del enfermo, me propongo
intentar hacer el tiempo
de quien ojos tenga
para leer lo que escribo
o para ver las imágenes que pueda inventar,
simple y llanamente algo más bello,
también algo más reflexivo,
porque soy sin pretenderlo
de esos especímenes humanos
que aún creen en la capacidad
de nuestra mente como herramienta
para lograr mejorar el mundo,
en la bondad de nuestras intenciones.
soy de las que piensan
que todos somos buenos
desde que nacemos y que
ningún ser humano merece
sufrir y que en nuestro interior,
sólo en él, se halla la fuerza
que puede lograr que cada uno
consiga ser un poquito más feliz
que como realmente se siente:
Amar, el mejor motivo
que la naturaleza derramó
en la naturaleza nuestra
de estar vivos.
Amar. La motivación
que además de bien al otro
reporta bien al uno.
(Sofía Serra)
verán, yo hace tiempo que sé
que la vida es dura y
la mayor parte de los días
pasa entre fealdades y
dolores, pocas satisfacciones, y
sobre todo, escasos regalos,
nada gratis, todo a costa
de bastante esfuerzo, bien
de nuestra mente, bien
de nuestros brazos, y
ya que no puedo echar una mano
descargando el camión de la mudanza
o en la fábrica de coches
o en el hospital velando
por el reparador sueño
del enfermo, me propongo
intentar hacer el tiempo
de quien ojos tenga
para leer lo que escribo
o para ver las imágenes que pueda inventar,
simple y llanamente algo más bello,
también algo más reflexivo,
porque soy sin pretenderlo
de esos especímenes humanos
que aún creen en la capacidad
de nuestra mente como herramienta
para lograr mejorar el mundo,
en la bondad de nuestras intenciones.
soy de las que piensan
que todos somos buenos
desde que nacemos y que
ningún ser humano merece
sufrir y que en nuestro interior,
sólo en él, se halla la fuerza
que puede lograr que cada uno
consiga ser un poquito más feliz
que como realmente se siente:
Amar, el mejor motivo
que la naturaleza derramó
en la naturaleza nuestra
de estar vivos.
Amar. La motivación
que además de bien al otro
reporta bien al uno.
(Sofía Serra)
miércoles, 28 de noviembre de 2012
A un príncipe cretense (al héroe europeo)
A un príncipe cretense (al héroe europeo)
Ejército prometeico este campo
abonado por las lises de tu mano,
soldado gigantesco de la nube
y el pimpollo de moras o de espigas
que germinan soltando el paso
y el vuelo de toda ave, toda mariposa
aventurada por el soplo de mis labios
a tu cintura, tu perfil, tu corona,
iris circuncida el viento con mi pluma.
Sofía Serra (De El hombre cuadrado)
Ejército prometeico este campo
abonado por las lises de tu mano,
soldado gigantesco de la nube
y el pimpollo de moras o de espigas
que germinan soltando el paso
y el vuelo de toda ave, toda mariposa
aventurada por el soplo de mis labios
a tu cintura, tu perfil, tu corona,
iris circuncida el viento con mi pluma.
Sofía Serra (De El hombre cuadrado)
La violadora
La violadora
la impotencia tiene nombre
de diosa, así que seré dios
para casarme con ella, o violarla,
lo mismo me da,
la poseeré hasta reventarla
desde dentro,
y así, desaparecerá de la vida
suya y mía
de un qué
de qué seremos capaces a esta altura
de la vida blanca y los cabezos amarillos
de qué vengaremos tu osadía
construyendo alminares
cada vez más altos
de qué nos olvidaremos
cuando bajemos la mirada
para observar el pequeño
niño enjaulado
con los barrotes de nuestra ira,
nuestra rabia,
nuestra impotencia.
O quizás de nuestra indolencia.
(Sofía Serra, de Los cabezos amarillos)
la impotencia tiene nombre
de diosa, así que seré dios
para casarme con ella, o violarla,
lo mismo me da,
la poseeré hasta reventarla
desde dentro,
y así, desaparecerá de la vida
suya y mía
de un qué
de qué seremos capaces a esta altura
de la vida blanca y los cabezos amarillos
de qué vengaremos tu osadía
construyendo alminares
cada vez más altos
de qué nos olvidaremos
cuando bajemos la mirada
para observar el pequeño
niño enjaulado
con los barrotes de nuestra ira,
nuestra rabia,
nuestra impotencia.
O quizás de nuestra indolencia.
(Sofía Serra, de Los cabezos amarillos)
Mi mirada
Hay días en los que el hecho de no disponer de cámara me sobrepasa, como hoy. Hormonas, hormonas, siempre hablamos de hormonas, y quizás habría que hablar de hormas. No recuerdo un solo día en mi vida sin cámara, aunque no la usara. Pero los últimos 11 años, además de disponer de ella, su uso ha sido continuo, cotidiano, diario. Podría pensarse que es natural, que me he acostumbrado a mirar el mundo a través de su visor, pero estos últimos días en los que ese peso llega a oprimirme el pecho de verdad, realmente me lo oprime, me he dado cuenta de que no es así, de que como siempre he defendido a lo que me he acostumbrado es a lograr mirarme por dentro con una facilidad pasmosa, a indagarme sin apenas darme cuenta, a escudriñarme y así quizás he logrado disponer de esa mejor parte que cada uno llevamos dentro, la que nos da la fuerza, lo que me ha permitido tal vez disponer de una salud mental casi envidiable por muchos avatares difíciles que las circunstancias de la vida me haya hecho pasar. El caso es que jamás me he sentido como este tiempo en el que ella me falta, por días depresiva hasta terminar llorando sin saber por qué. Apática, sin fuerzas, sin ganas de nada. Lo que nunca he sido.
Algunos me dicen que vivo un duelo por su pérdida, qué tontería, vivir un duelo por la pérdida de una máquina… No, no es la máquina, el duelo lo vivo por no poder dar con….mi….paraíso…imperdible. O costarme la misma vida algunos días.
Yo misma me sorprendo llorando, sabiendo además que probablemente, aunque la tuviera en mis manos no fotografiaría todos los días. Siempre preví esta posibilidad, por eso no me importaba disparar y disparar y no preparar todo lo que recogía. “Para cuando se me estropeé” me decía. Y así es. pero no es lo mismo, no es lo mismo. El acto fotográfico es un suceso completo desde el disparo. Necesito el disparo casi como el comer.
Sí, es cierto, podría usar el móvil de mi hijo…pero no es lo mismo, para nada es lo mismo. Mirar a través del visor era mirarme a mí. Podría usar la pequeñita y compacta que mi hermana me ha prestado... pero no es lo mismo, el visor y la falta de posibilidad de hacerlo todo manualmente. Me sobra todo lo demás en las cámaras actuales. Pido a gritos que fabriquen una cámara digital a secas, sin softwares de efectos y rollos añadidos que en mi caso en particular no me sirven absolutamente para nada. Ni los huelo. Saldrían mucho más baratas. Poder mirar, disparar y verla aquí. La necesito como el comer, como el comer. Mido a ojo, mío, con la ayuda del dial del fotómetro, miro yo, por eso necesito buenas lentes y el hecho del sistema réflex, mido yo, mi ojo se extiende, recogerlo y luego, poder trabajarla aquí, en este mi laboratorio de revelado hasta que ella me devuelve esa mirada que lancé. Y la veo, la veo. Ahora tengo esto pero no dispongo de lo fundamental. Mi mirada. Mi mirada diaria.
No puedo verla.
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