Coyunturales espacios
La playa es como el campo,
la pampa es como el campo,
orilla,
el mar azul,
las marismas resecas,
las humedades a sotavento,
los sueños sol-ventados,
ya estoy dentro sin que nada salga.
Vaho zigzagueante,
tumulto de labios incandescentes,
soldado en “¡descansen armas!”,
miliciano perpetuo
de tanto equilátero triángulo
que todo funde,
todo liba todo abrasa todo llega
a este centro imantado.
Playa soy y yo te vengo,
campo eres y tú me vienes.
En un sueño de aullido, uno de esos
en los que yo te veo,
combate la roja sangre
con la blanca aurora,
de su centelleante estela
hilo madeja a madeja
plena de potencia y recia y tuya.
Y no sé quien gana,
nunca sé quien gana.
Ciega estoy de tanta
mansedumbre de luz salvaje.
Drenan,
bardas,
pulcras,
curiosas por las rendijas
de la luna de levante.
Golpe,
sean,
bárbaras
en vértebras y domésticos juncales,
la luz y un bien
quebrar no el hilo,
desmadejar el laberinto de muros de aire.
Beber,
y otra vez tú.
tú ya lo sabes.
Sofía Serra (De El muriente)
sábado, 23 de junio de 2012
viernes, 22 de junio de 2012
Letanía afrodisíaca
Letanía afrodisíaca
Afrodita–mente I
Afrodita, la de huesos perennes
y salud de hierro y carnes tiernas.
Afrodita, la hacedora de sienes.
Afrodita–mente II
Afrodita, la de cuerpo como estrella.
Afrodita, la de los ojos grandes.
Afrodita, la desmembrada y ojerosa.
Sofía Serra ( De La exploradora)
Afrodita… dadora de vida
(Empédocles)
Afrodita–mente I
Afrodita, la de huesos perennes
y salud de hierro y carnes tiernas.
Afrodita, la hacedora de sienes.
Afrodita–mente II
Afrodita, la de cuerpo como estrella.
Afrodita, la de los ojos grandes.
Afrodita, la desmembrada y ojerosa.
Sofía Serra ( De La exploradora)
jueves, 21 de junio de 2012
El ocaso de los dioses
El ocaso de los dioses
Separado en semántica sección
de tu abrupto y cavernícola segmento
huyes de las palabras
de tu misma osamenta,
y así, cuando desbrozas, queda
al desnudo tu abuso sobre escleróticas
sanciones, los argumentos solapados
con grapas de cobre, tu venérea boca
no articula el son con lo que te corroe,
te desarma.
Pobre hombre muerto de sí.
El mundo se deshace y tú das
oídos a la música.
Se te han adherido a la piel todas
las mieles posibles a ellas las moscas
y las pupilas azules de la muñeca
te señalan con bajeza de contrabajo
desafinado por el tiempo que hacía
que tus dedos no acariciaban
los tendones del hueco y el vacío,
la caja de resonancia sirvió de nido
a los ratones y ahora las pavesas
de las bolsas de plástico
se esparcen cayendo de tu estómago
a tus manos,
a tus manos que te miran,
a tus manos que te hunden.
Y nieva tras tu ventana en pleno mayo.
Qué pena de música fatua.
nunca sabrá que
ya no concluye
ni el día atardece
la caída de tus párpados
tanto echármelos a la espalda
está arrasando
con la belleza de las puestas de sol,
allí,
a media tarde,
cuando la montaña las impedía,
donde yo era infeliz
como tú, pobre hombre muerto
de hambre de gloria de amor
que no te devuelven.
Contemplar el ocaso de un dios.
Delinquir contra la alegría de la mañana.
Sofía Serra (Correcciones de La dosis y la desmedida)
Separado en semántica sección
de tu abrupto y cavernícola segmento
huyes de las palabras
de tu misma osamenta,
y así, cuando desbrozas, queda
al desnudo tu abuso sobre escleróticas
sanciones, los argumentos solapados
con grapas de cobre, tu venérea boca
no articula el son con lo que te corroe,
te desarma.
Pobre hombre muerto de sí.
El mundo se deshace y tú das
oídos a la música.
Se te han adherido a la piel todas
las mieles posibles a ellas las moscas
y las pupilas azules de la muñeca
te señalan con bajeza de contrabajo
desafinado por el tiempo que hacía
que tus dedos no acariciaban
los tendones del hueco y el vacío,
la caja de resonancia sirvió de nido
a los ratones y ahora las pavesas
de las bolsas de plástico
se esparcen cayendo de tu estómago
a tus manos,
a tus manos que te miran,
a tus manos que te hunden.
Y nieva tras tu ventana en pleno mayo.
Qué pena de música fatua.
nunca sabrá que
ya no concluye
ni el día atardece
la caída de tus párpados
tanto echármelos a la espalda
está arrasando
con la belleza de las puestas de sol,
allí,
a media tarde,
cuando la montaña las impedía,
donde yo era infeliz
como tú, pobre hombre muerto
de hambre de gloria de amor
que no te devuelven.
Contemplar el ocaso de un dios.
Delinquir contra la alegría de la mañana.
Sofía Serra (Correcciones de La dosis y la desmedida)
Panóptica
Panóptica
Escribes tanto víveme,
cércame, móntame
ilusiones cerebrales,
anteojeras concubinas
a la ojeadora debilucha
que me usurpa, se sienta
a horcajadas sobre mis hombros,
y calma y amortigua
otros vaivenes, otros dioses
en versículos para mi oído
izquierdo su estribillo.
Y allá llego sin más señal
que la bisectriz de mis ojos,
que sólo aúllan al frente.
Panóptica presbítica
de juzgado
de guardia
contra mí.
Después he tenido
que hallar otra vez
el sitio otra vez
el mito otra vez
el tú.
Sofía Serra (Correcciones de El muriente)
Escribes tanto víveme,
cércame, móntame
ilusiones cerebrales,
anteojeras concubinas
a la ojeadora debilucha
que me usurpa, se sienta
a horcajadas sobre mis hombros,
y calma y amortigua
otros vaivenes, otros dioses
en versículos para mi oído
izquierdo su estribillo.
Y allá llego sin más señal
que la bisectriz de mis ojos,
que sólo aúllan al frente.
Panóptica presbítica
de juzgado
de guardia
contra mí.
Después he tenido
que hallar otra vez
el sitio otra vez
el mito otra vez
el tú.
Sofía Serra (Correcciones de El muriente)
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