Aman(i)ta caesarea
muerto el hombre se domestica
la raíz el agua-fuerte levanta
la tierra aflora la adormidera
huevina, tanta yema, tan naranja
como el bokeh de Venus
cuando esta noche ha pasado
por delante del sol.
Como Afrodita, aunque sin quemarse.
Las tanas me recuerdan de dudas
la siembra de mis añadas mozas,
cuando aprendí a deletrear
m-a-d-r-e-s-e-l-v-a
tras haberme perfumado
en los maitines de mi madre
cuando ella llegaba del trabajo
con su vestido de enfermera
para echarlo a la lavadora
según yo dudaba y sembraba
pequeñas setas en el aire
de mi habitación a oscuras hasta hoy.
Si la yema, si la flor
sobre la tierra,
un hongo puede ocupar kilómetros
bajo el suelo y yo no mido,
encuentro sol y me desnuco.
Así que no soy Venus.
Miro siempre de frente,
¿no veis mi tez morena?
Sofía Serra (De La exploradora)
miércoles, 6 de junio de 2012
Enrique Valdivieso. Recuperación visual del patrimonio perdido
Es que él me trajo al mundo.
Del Arte.
Un hombre que da (a) LUZ.
Hoy lo he sentido emocionado, su tono de voz por teléfono lo decía todo, todo como a él le debo mi amor por Él, toda mi creencia, mi profunda fe en el Arte (Arte con mayúscula, Arte, referido a cualquier expresión humana que sea capaz de transmitir el ser humano completo que somos). Por él me encaminé en mis estudios hacia esa especialidad y gracias a él sé percibir el Arte.
El lunes próximo, el lunes volveremos a poder vivir una de tus lecciones magistrales. Lleno hasta la bandera, no hay que ser ninguna sorgintxu para augurarlo.
Del Arte.
Un hombre que da (a) LUZ.
Hoy lo he sentido emocionado, su tono de voz por teléfono lo decía todo, todo como a él le debo mi amor por Él, toda mi creencia, mi profunda fe en el Arte (Arte con mayúscula, Arte, referido a cualquier expresión humana que sea capaz de transmitir el ser humano completo que somos). Por él me encaminé en mis estudios hacia esa especialidad y gracias a él sé percibir el Arte.
Y tantos MILES y MILES que a él le debemos esa formación del espíritu que, sin pensarlo, sin comerlo ni beberlo, te hace más sensible dirían algunos, receptiva, diría yo, a lo que significa la expresión artística en el ser humano.
Todos querían asistir a sus clases. Todos asistían, hasta los que no estaban matriculados en su especialidad ni en su horario. Toda la pandilla de La Moneda, todos...
No hace años aunque hayan pasado décadas, no hace ni un instante. Sigo viviendo en lo mismo, sus enseñanzas me permitieron encontrar la puerta para ahondar en lo que desde pequeña me perseguía. Unos enseñan y otros aprendemos, y los que aprendemos, a él le debemos una gran parte de la vida. Y más si esta ha seguido internamente por esos mismos caminos intuidos ya entonces.
Él estaba emocionado hoy. Una empresa magna. Y tan preciosa. Ver la Inmaculada de Murillo, la monumental, esa para la que no consigues imaginar retablo de medidas posibles que pudiera contener al lienzo, recogidita en su contexto... uff, ahora la emocionada soy yo.
Mi profesor, mi querido profesor sobre el que siempre, años ya, pienso en poder escribir en este blog, Enrique Valdivieso. Nunca la entrada me podrá salir, la llevo dentro, la hago todos los días en cada fotografía, en cada poema, e incluso en cada comentario que haya podido dejar por ahí a lo largo de tantos años en este medio.
Todo lo que sé sobre el arte me lo enseñó él. A saber verlo, a saber amarlo y, como ilusa que soy (esto no es culpa de sus enseñanzas, es congénito), a intentar hacerlo.
Ahora la emocionada soy yo.
Sin poder ni querer evitarlo.
Ser historiador del Arte es ser Enrique Valdivieso. Sé que cualquier compañero de por entonces podría suscribir estas palabras. Sé que cualquier alumno suyo. Sé que cualquier ser humano que haya tenido la fortuna y el privilegio de pasar por sus enseñanzas, por su magisterio.
Gracias por haberme avisado, Magister.
El lunes próximo, el lunes volveremos a poder vivir una de tus lecciones magistrales. Lleno hasta la bandera, no hay que ser ninguna sorgintxu para augurarlo.
martes, 5 de junio de 2012
Filatelia
Filatelia
Descomprimido y permanentemente
hueco levantas preámbulos
de dos manos de alzada.
Se te colaron los dioses
por la rabadilla, te introdujeron
la sinapsis a golpe de tendido
eléctrico sobre la camilla
de aquel pequeño huerto,
el cachorro durmiente abre
canicas como planetas
a la luz de un universo
negro que conocemos
sólo por postales con borde
sinuoso. La yema de mi índice
lo recorre sin padecer ni él
ni mi dedo. Un perfil podría dibujarse
entre la tierra y la luna
y no parecería el de un dios.
Enormes somos reduciendo
a sello lo que no abarcamos
con nuestros brazos.
La medida, para el coleccionista.
Sofía Serra (De La exploradora)
Descomprimido y permanentemente
hueco levantas preámbulos
de dos manos de alzada.
Se te colaron los dioses
por la rabadilla, te introdujeron
la sinapsis a golpe de tendido
eléctrico sobre la camilla
de aquel pequeño huerto,
el cachorro durmiente abre
canicas como planetas
a la luz de un universo
negro que conocemos
sólo por postales con borde
sinuoso. La yema de mi índice
lo recorre sin padecer ni él
ni mi dedo. Un perfil podría dibujarse
entre la tierra y la luna
y no parecería el de un dios.
Enormes somos reduciendo
a sello lo que no abarcamos
con nuestros brazos.
La medida, para el coleccionista.
Sofía Serra (De La exploradora)
lunes, 4 de junio de 2012
Discriminación positiva
(Correcciones La dosis y la desmedida)
Discriminación positiva
Jamás hombre aprehendiste
que para cantar debiste
aprender a entonar
el suelo con el verbo,
y entolar el velo
que deja pasar la luz y el aire.
Lenta boca errante,
quijada herida por aquellos
claros de amor y sexo,
ganas me poseen
de dividir meandros.
Se engullen a sí, o no,
solitarios rieles abajo
del quejumbroso y quijotesco-esquelético
sueño, ni con páramos olvidas
que esta vida, que esta vida, que esta vida
sólo se hace
entre ambas manos,
ambas manos,
ambas manos
a uno y otro extremo retoñan en paredes,
en la sola umbría, la umbría sola
adopta la exacta daga que rebana de tajo
al meandro y dulce meandro que me curva, pues,
aguas arriba de mi falda:
Parí.
Al final, dolor
de entuerto alerta
la discrepancia positiva.
Por más que hablen o dicten leyes.
Por más que hables,
por más que hables,
por más que hables.
Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)
Discriminación positiva
Jamás hombre aprehendiste
que para cantar debiste
aprender a entonar
el suelo con el verbo,
y entolar el velo
que deja pasar la luz y el aire.
Lenta boca errante,
quijada herida por aquellos
claros de amor y sexo,
ganas me poseen
de dividir meandros.
Se engullen a sí, o no,
solitarios rieles abajo
del quejumbroso y quijotesco-esquelético
sueño, ni con páramos olvidas
que esta vida, que esta vida, que esta vida
sólo se hace
entre ambas manos,
ambas manos,
ambas manos
a uno y otro extremo retoñan en paredes,
en la sola umbría, la umbría sola
adopta la exacta daga que rebana de tajo
al meandro y dulce meandro que me curva, pues,
aguas arriba de mi falda:
Parí.
Al final, dolor
de entuerto alerta
la discrepancia positiva.
Por más que hablen o dicten leyes.
Por más que hables,
por más que hables,
por más que hables.
Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)
Le dicen f-uc-k-i-n-g (el celo)
le dicen f u c k i n g (el celo)
no sé cómo llamar a esta extensión
de las sienes de mis pechos
¿axilas? blancas y voletantes,
y andró-medas se tornan
ahuecándose al paso
de tu saliva por mi corriente
venero
tu dentro
de este
vientre
y para cuando argüiste
la entrega me hizo agua
el gusano del desierto de Dune
y toda su fábrica
de especia
—esencia-especia-esencia
— espacio
lleno.
Sofía Serra (De La exploradora)
no sé cómo llamar a esta extensión
de las sienes de mis pechos
¿axilas? blancas y voletantes,
y andró-medas se tornan
ahuecándose al paso
de tu saliva por mi corriente
venero
tu dentro
de este
vientre
y para cuando argüiste
la entrega me hizo agua
el gusano del desierto de Dune
y toda su fábrica
de especia
—esencia-especia-esencia
— espacio
lleno.
Sofía Serra (De La exploradora)
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