viernes, 22 de julio de 2011

La casa rosa

Llevo como un par de días con problemas en el ordenador. Ya "solucionados" (el lunes me instalará el técnico un nuevo disco duro) me doy cuenta de que trabajo sobre lo más aún efímero si se puede. Con un ordenador recién formateado, o sea, a cero, recupero algún archivo desde los dvds donde voy siempre grabando y hago esta entrada. Me descargo "demos" de filtros de programas de fotografía aprovechando que sé que todo lo que llene este disco duro hasta el lunes, será eliminado. Uno de esos filtros he utilizado en la fotografía que acompaña a ese poema que escribí justo la noche antes de que empezara a notar que algo iba mal en este ordenador.

Todo parece accidental, pero a mí me llega la completa sensación de que todo me encaja. Ayer supe que un blog recién conocido, un blog dedicado al reciclaje casero de muebles, algo hacia lo que por instinto (o genética) siempre me he sentido inclinada (no obstante llevo como dos semanas "reciclándome" ropa, trapos le digo yo) me hizo un bonito regalo. Un premio de cadenas de blogs por el que me nombran "pink lady", porque dicen que soy una gran fotógrafa. En otras ocasiones algunas otras personas han tenido ese detalle conmigo o este blog, pero siempre los he rehusado una vez agradecido. No me siento cómoda con las relaciones sociales "encadenadas", ni en este medio ni en la vida "diaria". Recuerdo perfectamente cómo, estando en la universidad, justo antes de que comenzara las clases se reunía equis grupito para ir a tomar café, un grupito en el que se incluían mi mejor amiga y mi mejor amigo de por entonces ( y más o menos siempre). No sé cómo me las apañaba, nunca iba a la cafetería con ellos, o lo que es lo mismo, me quedaba sin tomar el café (té) de antes de clase o primera tarde. Eso sí, a la salida, al término de la jornada, nadie me quitaba el lugar ( ni el tiempo, siempre la primera, :D) en la esquina de "La moneda", una gloriosa taberna de Sevilla, bastante minúscula, que "diezduplicaba" su tamaño de "local" gracias a  la cantidad de personas que nos situábamos en la extensa acera de alrededor, donde nos reuníamos los compañeros que durante la promoción habíamos ido haciendo amistad, todos integrantes de distintas especialidades y hasta de distinta facultad (Biología, filología, Derecho...) para tomarnos nuestras buenas, y hasta elevadas, dosis de,  cervezas.

No sé cómo me las apaño, de nuevo lo digo, pero siempre, como por instinto, me desligo de lo que por pura lógica coyuntural o circunstancial debería quedarme más cercano. Mi querencia es "lo otro".

La casa en "rosa" que aparece en la fotografía era blanca, estaba pintada de blanco. Ésa era mi antigua casa, un piso de alquiler de renta antigua que tenía subrogado a mi nombre desde que murió mi abuela, porque antes, y desde 1933, fue su casa y con ella la de de mi abuelo, mi padre, mi tío, y hasta de nosotras cuando fuimos naciendo. Después ya mis padres se fueron mudando a otros pisos de alquiler (y con ellos, lógicamente, sus tres hijas y, después, mi hermano).

Hasta hace unos 10 años y desde que me casé, viví en ella, en el último piso, el único en el que  sus ventanas traseras dan al jardín del palacio de las Dueñas. Calle Espíritu Santo, barreduela de Enrique el cojo, un gran maestro del baile flamenco.

Gracias a Olga y Rosa (su blog: "De andar por casa") por el bonito regalo que me han hecho, sin conocerme apenas de nada, no más de un comentario o dos en sus gustosas entradas. Esta entrada va dedicada a ellas. No lo sabían, no podían saberlo, pero cualquiera que haya ido siguiendo este blog donde la mayoría de las veces subo poemas, o el otro de las fotografías, habrá podido intuir que desde Abril más o menos, voy buscando el rosa, y como siempre, sin pretenderlo.




Autorretrato con dosis
diezmedida y sub
urbio herido
y dislocado.

Así se sucedía mi casa sobre los perfiles raudos del espacio de quienes no habitaron. Quisieron masacrarla a golpes de instantes devenidos en yo no sé qué, sólo perversiones, y sólo, tan sólo, consiguieron uniformar sus pupilas, las de ellos, tan negras afloraron, tan pronosticadas por las bajas endechas… Asolaron con una simple mirada, tautárgica mirada el porvenir de la pobre casa, la rica casa, arrasaron sus vigas y sus mimbres, los tabiques y sus muros, sus balcones y la escalera, desbancaron sus cimientos embarrados que vuelan ya tal vez camino de esa tierra removida con la que el topillo engalana con cráteres de luna la yerba... Tan verde, se olvidó de mi casa la yerba, de sus sucederes y aconteceres, tan obligada a permanecer, mi casa, aun derruida en el suceso de mi alma.

Sofía Serra, 19 de julio de 2011

martes, 19 de julio de 2011

El suicida

(Correcciones Nueva Biología)


El suicida

Fuiste valiente.
Cumpliste objetivo.
Conseguiste matarte.
¿Y quién no lo logra?
Carne de matadero directa a la boca del cañón, ¡valientes!
Pero yo no, ¡ah!, yo, no.
Yo quiero vivir.
Yo soy cobarde.
No me amarrarán las coordenadas bipolares
que nacen ante el estrépito
de la rotura del hilo
que une a tu querer
con tu poder pro-boca
oídos sordos,
manos sobre orejas,
como si no les llegara
el pulso
bogando por las arterias
hasta los capilares ecos
que huyendo (huicida eres)
generan esos digitales cuencos
en modo altas voces:
Eco en modo tuyo.

Y sólo uno de enmudecerlo.

Sofía Serra, 2010  (Nueva Biología)

domingo, 17 de julio de 2011

Poeta que descansa I, II y III

Poeta que descansa I

Decían… y no llegaban.
Los trotamundos con sus ágiles caballos
gobernaban la tierra a golpes de tambor
sobre la faz,
sobre la faz,
sobre la faz
rauda que se sucedía silencísima.
Y el clamor de la yerba
pasaba desapercibido
para todos.

Siempre nos meteremos
donde nada nos llama,
acudiremos al hueco,
al silencio, donde no falta
hacer lo necesario.

Inasimilable tanta estulticia.

*

Porque he perdido
me siento joven,
sin ya el tú, ya el yo,
todo soy.


*

Ando sola en este mundo,
como así todos
los que como ellos
soy porque así
somos porque así
es.

Poeta que descansa II

Tu poder

Y
si tú te vas
y yo me quedo
que no puedo ir,
¿qué quedará
aparte de mí
y mi no poder
y tu no estar
y ambas soledades?

A mí me queda umbría.
Hablaremos de los verdes valles
cuando el sol alumbre
velado tu rostro.


Deseo

Trabajo y trabajo,
¿qué es trabajo sino
un oscuro objeto
de deseo de ti,
opalina noche?


Ambiguo silencio

Cercando limonares
devienen allegados
tu pulso pusilánime
y mi violento velo
evade la réplica,
el menosprecio.

Poeta que descansa III

Cuentos de verano

¿Veis? No queda nada
salvo el amor y el mar.
Llegados los días calurosos,
el laberinto abre compás
a las puertas del descanso
y la falaz inquietud
se desliza melosa bajo
los festones blancos
de las olas sobre la orilla.
Regurgitan marea antigua,
marea sana.

*

Soy más feliz estando sola,
pero algo me dice:
eres parte suya,
como él
de tu
yo.

*

Combate aprisa, después
vendrán las sinuosidades,
los goces y los meandros
sobre los que descansaremos.


De vuelta (del Todo)

A mí no me estorbarás
nunca que desees
y toda la estupidez del mundo
será grano de arena
en la yema de mi índice
señala un horizonte
con fiabilidad,
sin la calle que atestigua la pasarela
en la que se ciñen el cinturón de moda:
menos-cabe entre tu cadera y la mía
con la puta, o modal, crisis.

Sofía Serra, Julio 2011

sábado, 16 de julio de 2011

El estanque

(Correcciones "Nueva Biología")


El estanque

en este estanque de existencia
unos flotan y otros se sumergen

La rana

¿Cantar?
¿Croar?
mi lengua caza moscas
casquivana he creído
alimentar
cuando sólo vaciaba
el aire de seres vivos.

Salir de este sujeto
de cuerpo y hambre, llegar
al objeto de los deseos.

Pathos

De mi pathos a ese pato
pasea sola una muda senda.
Frío en las caderas,
calor en la cabeza,
suerte al sobrevivir
cojeando al paso
de la renqueante genética.
Con pathos o sin él,
más las patas buena y mala
que acicalan estas cimas con cenizas
de negra o blanca
pluma o noche.

Sofía Serra, 2010 (Nueva Biología)

viernes, 15 de julio de 2011

Peso vivo mío

Peso vivo mío


Así como tú no
taladras mis arterias embebidas
en los rizomas esqueléticos
del coral submarino, yo no
me basto ni para una sola noche,
esta sola noche tan cansada de mí,
tan plagada de este peso y muerto
pecho concentrado de planeta,
tanto pesa, tanto pesa
una múltiple arcadia que a todos nos haga felices.
La estratagema de la avispada estela
convirtió números en ejército
ponderado y sin manos.
Bregan otras minúsculas centurias
poseyendo una piel lejana y obstetra
de todas mis huellas con futuro,
que es tuya, la tuya,
esa con la que no sé vestirme.
El cansancio busca reliquias
con las que poder orar,
levantar tal vez, aquélla,
una palabra, un sinónimo
de cuerpo sin piel
que brega y piensa
y duele y vive
y no descansa.

Sofía Serra, 15 Julio 2011
 
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