viernes, 25 de septiembre de 2009

Limen

Título de la fotografía: Limen

Perfil

El limen de nuestro sonrojo, el velo de tu rostro, el umbral del conocimiento.

Tú y tu hermoso y rubio cabello,
tú y tus manos y tu cuello al viento,
tu nuca alborotada en clavel de abril,
y tú, mi novia, asegurando tus mejores velos. Tus brazos peinando el soplo,
tu moño erguido y salvaje esculpiendo el cielo,
tus manos habilitando la estancia inhabitable
y tus rosas uñas componiendo los pliegues del blanco que sorteaban espléndidos las carantoñas sobre mi tul.

…Y los demás disfrazándote con sus rígidos peplos de madera tosca y arcaizante.
Y tú sorteando las arrogancias con tu destreza humana.
Y los demás inscribiéndote en sus archivos sin nombres, en sus tablas sin leyes, en sus juicios sin pruebas, en las reales posaderas de sus previstos mentideros…
Qué injusto, ¿verdad, madre?

…Y ahora,
yo, casi enlutada,
y tú, ya casi ahogada, jadeantes tus brazos de tanto peinarte,
suscribimos ambas,
codos engarzados, pasitos cortos, sonrisas suplicantes de aire insolente,
lo que en su torpeza te regalaron, obsequio de villanos santificado por tus manos:
tu lujo, tu apostura, tu conformidad, tu gallardía...tu don del aire.

Qué ironía, ¿verdad, mamá?, la forma de mostrarse al mundo lo verdadero.

Mi dolor de hoy proclama la injusticia de ayer.
... ¡Cuánto dolor!
Cuánto dolor por tantísima ignorancia en tantos bastardos, y aun con más delito, bastardas, sin padre ni madre.


Sofía Serra, Septiembre 2009

lunes, 21 de septiembre de 2009

Txocolat



Negra amante, cálida copa, abundo sobre tus formas
sumergiéndome en tu fragante aroma estival de tierra mojada
cuando ya nadie la espera, a la lluvia.
Generoso fraude empírico que me barre hacia dentro como para contagiarme de mí,
ineluctable soplo semidivino, mío, nada más bello salvo el ahogo de puro oxígeno,
el hielo embarrado, el hielo achocolatado,
el calor agradecido que recorre mi garganta
penetrando en mi sementera.
Mi tierra llena, mi cauce inundado, mis límpidos rayos de sol entre las encinas submarinas.
Mi poesía, mi lo que haga, mi tú, mi generoso despertar, mi voz luminosa,
mi grito de alegría, mi risa…
¡no sé qué más decir!

salvo que existes de verdad.
Si yo te siento es porque existes. Nombren como te nombren, como tú sólo hay una.
…y yo no nací en la calle, sino fundida en tu horma,
porque no eres más, aunque me equivoque,
que mi propia osadía.


Sofía Serra, septiembre 2009

sábado, 19 de septiembre de 2009

Acróstico de la fuente

Título de la fotografía: Acróstico de la fuente


Acróstico de la fuente

Soy una circunstancia universal recogida a contrapié por las alas de la serpiente emplumada,/
obscena paradoja del tiempo en el pasado sin lugar,/
recolectora de las mismas causas que en racimos cuelgan/
grávidas, sin tierra donde ser sembradas más que en aquélla sin posibilidades,/
infecundo manto que cubre el cuore de cualquier planeta viable,/
nife expandido./
Tú y yo hablamos bajo la sombra del magnolio en flor, como el Poeta,/
xerófilos y ardientes de nosotros mismos. Somos ave fénix,/
única vida posible en la boscosa espesura preñada de encendidos muérdagos./

(Sofía Serra, septiembre 2009)

Algarabía de otoño

Título de la fotografía: Algarabía de otoño

Poema de amor

Nosotros somos otra cosa.
Tal vez no más que el puerto y la bahía, o quizás el ave fénix,
un condenado facsímil del libro de la tierra o simplemente las gotas de lluvia que comienzan a limpiar las aceras polvorientas de la ciudad.
Quizás una semejanza escrita con la sangre de nuestro pulso o con las lágrimas saladas de la alegría.
En todo caso, otra cosa.
Suspendidos del valle de nuestro acervo, la cordillera nos queda tan cercana…
¿Quién puede dudar sobre lo que somos más que nosotros mismos?
Nos parecemos a aquellos gavilanes que, desdibujados,
atraviesan
el parabrisas del automóvil, vistos y no,
y continúan volando,
como el mar bajo la ola, que existe más allá de sus tormentas
o sus recalas sobre rocas o leves y curvadas y amplias viñas de arena.

Plantaré para que la dicha te asome al menos una vez por semana,
sobre nuestros pechos o la muerte de lo malhadado,
pero alojaré, sembraré, quebrando nuestro vuelo en el que giraremos rumbo al norte de la esquina,
donde los pasajeros ya no pueden vernos.
Porque nosotros, amor, somos otra cosa.
Tal vez palomas, tal vez árboles como la encina y el tilo, tal vez, no más, que una plaza en otoño
engalanada con farolillos de abril.
Algo así como compañeros del tiempo.

(Sofía Serra, 2009)

lunes, 14 de septiembre de 2009

Poesía y compromiso humano (Para el poeta Manuel Moya)




POESÍA O LA VOZ DE LOS QUE NO LA TIENEN

Manuel Moya. Poeta onubense.

Mirar aquí enlaces sobre su figura y sobre su libro "El sueño de Dakhla"

http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Moya

http://elalmadisponible.blogspot.com/2008/05/tres-poemas-de-manuel-moyaumar-abass.html

http://www.gentedigital.es/mostoles/noticia/16337/manuel-moya-conquista-el-iii-certamen-de-poesia-vicente-presa/


Del desvelo al encuentro (Para Manuel Moya, poeta y amigo)

En este desvelo que, promiscuamente, ensordecido
tras los ruidos de los motores, bautizado
por las aguas del devenir vital, acaba por
depositar el espejo de cuerpo entero sobre la piel del segundo, del tú al que hablas,
habituada a entreverte siempre de soslayo, sólo ligeramente abocetada
por la mirada del contrario a la tuya,
del ser de enfrente,
ojos claros,
ojo discapacitado ya por las fiebres de la edad,
ojos limpios de ti,
ojos que sintetizan en su iris la perfecta sincronía de tus pasos con los de la gemela que va renunciando a sus huellas sobre la arena…
En aquél y este desvelo, como decía,
se sufraga la perfecta caricatura.
Por más que se excuse, por más que hable, por más que degenere
¿acaso tú no la contemplas?
¿acaso tú no tienes la tuya?
¿acaso todos no vertemos sobre el pañuelo de la vida
no sólo nuestras lágrimas, sino hasta las excreciones
de nuestras mucosas, pieles en semicarne viva duchas en protegerse
con los lubricantes transparentes originados por nuestras alergias
ante la propia visión de nuestras existencias,
de esos seres que, sin haberlos soñados, terminamos por ir esculpiendo como verdaderas estatuas vivas,
autorretratos de poca monta, o ninguna, que concluyen su tiempo sirviendo de retrete a las palomas?
Como caricaturas,
como santos sudarios,
como cantos vivos tan sedentes como la propia roca varada en la vena litúrgica de la tierra,
anclados al fondeadero oculto bajo las flores azules que flotan sobre el estanque verde del opaco encuentro con nuestra propia evidencia.

No más somos aquello que nunca podremos contemplar: la visión que el otro tiene de nuestra propia efigie.
Nula la posibilidad de encuentro con nosotros mismos,
el imposible dogma,
la fe concebida a golpe de coitus interruptus sobre cerebros esculpidos en los vaivenes de las centurias en las que
la unicélula tuvo que aprender a protegerse del frío del hielo acumulado por las glaciares.

Y ya, en el momento sin pausa,
sollozamos, tal vez por puro desconsuelo, hasta que el sol pudo reventar,
y, así, desautorizamos a la sevicia
con estas brazos abiertos que recogen el corazón diastólico de la poesía.
Mas olvidamos prever que, tras la super nova,
acontecería el futuro sin aplazamiento.
Que las piedras continuarían semivivas generando costra helada sobre la tierra.
Que los ciervos sólo serían visibles cuando nadie los mira, a las ocho de la mañana.
Que la senectud únicamente genera semillas fértiles en la oscuridad de la valentía…

Y yo sembrando madreselvas a destajo.
Y tú abonando las tuyas.

Los aires, los aires de la estepa sedentaria recorren la lontananza
de ese mar tan generoso, tan pletórico de sí mismo y cada uno de nosotros,
tan abundante, tan fantasmagórico, tan habitable, tan inaprensible, tan de soslayo y tan inmanente.
Tan nuestro mar de humanos sitiado por esos temerosos pies que apenas se atreven a traspasar el borde líquido de su orilla.
¡Gentío!, ¡gentío descolocado!
A nadar. A nadar, ¡a nadar!, a ejercitar brazos y refrescar los rostros resecos,
caricaturas de lienzo,
venid a sumergiros.

Para no tener que seguir batallando.

Y así, tras el deshielo, encuentro tu cauce de nuevo
entrecruzándose con el mío, o el de la vida en el amplio delta, y, como entonces,
generoso, ancho y despierto, tu cauce
como tus azules o verdes ojos siempre abiertos,
y tus francas manos siempre abiertas, siempre tu cauce extendido, gobierno de la sin tregua avenida de lo que ya no sé si puedo llamar río,
que ya nombro poeta mar,
mar humano que humedece las arenas secas de todos los abandonos.


(Sofía Serra, Septiembre 2009)
 
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