martes, 23 de julio de 2013

Los parasoles de Afrodita ya bailan con el sol


 (Baile del sol, 2013)

(Por cierto, salgo para el campo hasta el domingo. Allí nacieron, allí se abrieron los parasoles por primera vez un año de 2006, desde allí arrancó este libro en abril de 2010. Acaban de llegarme. Afrodita es sabia, Afrodita es Poesía.)

Prosificar

Prosificar

Aún no estoy preparada para escribir en prosa. O hace tiempo que la dejé atrás, no sé bien.
La “cosificación” que implica la prosa, la ralentización en el pensamiento para acoplarlo al discurso escrito me impide dar el salto, hay un escalón más allá que la escritura de la poesía me proporciona, un lugar en paz. La prosa no me permite llegar a él. Es como si mis ruedas patinaran, se recrearan en el barro sin llegar a ningún lado.
Allá por los 20 años recuerdo que comencé una novela, cuando iba por el segundo capítulo tuve que pararla, terminaba llorando por percibir lo que sentía el protagonista, un varón, inventado más o menos. Y de ahí no paso. Escribir prosa lo comparo al hecho de escuchar música, me “relata” las emociones, no consigo traspasar el umbral, tan sólo me quedo, con-mocionada en uno espacio anterior. Tal vez mi propia psicología demasiado empática (sin que esto lo nombre como virtud, la virtud está en saber cuidar de uno mismo, en hacer fácil la vida a tus seres queridos) se riñe con ella. Escribir poesía me permite como una racionalización, como un si no escribiera yo, una especie de “alejamiento”, la conceptualización, la liberalidad en el hecho de las expresiones verbales (ausencia de explicación), la abstracción, me abocan hacia ese espacio que necesito para poder vivir en paz sin dejar de percibir o vivir. Esto me otorga conocimiento, mis ruedas avanzan. La prosa se queda aquí.
La prosa es discursiva, la misma palabra la delata, dis-curso, rompe el curso, o lo frena, que conceptualmente es lo mismo; aunque no el que entendemos como lógico o racional, a simple vista, sí detiene el otro, el que yo entiendo como verdadero, el “curso” del río sin sombra ni cauce de Canto para esta era.
Actualmente, no me interesa la prosa a no ser en su vertiente ensayística. Ni escribirla, ni casi leerla (tras Proust, nada).
Aunque sé bien que lo que no cuente yo, no será relatado por otro.

lunes, 22 de julio de 2013

Habitante

Habitante

Se aclimatarán,
nos aclimataremos
al cambio brusco
de la vuelta de su curva
y la sien.
Es una esfera menos redonda,
pero su pabellón matizado
ondea los colores de la utopía.
El cieno y el negro blando,
la metamorfosis que sufre
la huella de su redonda efigie
de planeta invertido,
pues, ¿a quién se le ocurre
diseñar una figura convexa
para posarnos a todos sobre ella?
Mejor cóncava, así habríamos
cabido redundados geométricamente,
por cielo, las coronillas de los habitantes
de las antípodas, el sol iluminaría
la tierra desde los pies, el suelo
sería transparente y el mismo planeta
habría tenido que desarrollar
una fuerza centrípeta.

siempre en el límite
del nife nos posaríamos
sobre la de hoy atmósfera,
poblaríamos de pájaros
y nubes la densidad
del núcleo de ayer.

Si un mundo cambia,
si un planeta cambia,
¿por qué no yo?

domingo, 21 de julio de 2013

El pronunciamiento

El pronunciamiento

Estoy, y estar es recia
estancia de la tierra dura
bajo la blanda nalga
en la que se clava
mi picuda osamenta,
¿por qué articulas
sobre enhiestas subvenciones?
mas mi contrito parecer
nada tiene que decir
en este tipo de situaciones
tan tuyas, tan dadas
a la semántica de las acciones,
a la gobernanza fisionométrica,
la nomenclatura de tu rostro
ajado por la intemperancia
de los purgantes actos,
de los elementos vivos
como semovientes de todos
los inviernos aunque sople
el verano calmo entre tus dientes
silabeando arena y costra dulce
de sal marina y gruesa
adobando ciertos labios,
sonidos ciertos y sonrisa
cierta, certera alegría
y certeza de blanda ternura
que el pronunciamiento
de tu cuerpo me proporciona:
efigie de sanos huesos
y útiles palabras para el santo
nombre de tus nalgas.

de culo, cuesta abajo
y sin freno nos deslizamos
por el mar de lava ya tibia
y el barro blando y sereno.

jueves, 18 de julio de 2013

Las víctimas y mis dedos (seis eran seis)

(Hacía mucho tiempo que no escribía un poema así)

Las víctimas y mis dedos (seis eran seis)

Tras ciertos asomos
de dudas, mis dedos
se posan sapientes,
teclean las letras,
se erigen valientes,
recogen la riada,
la pausa, el censo,
la nube, la yerba,
el lamento lento
de la oriente tierra
blanca y extendida
sobre cuatro puntos
ordinales, mapa
de ningún ensueño.
mis dedos seducen,
mis dedos deducen,
mis dedos reducen
a plano, ordenan
y mandan, dirigen,
sentencian la muerte,
mis dedos verdugos
victiman mi mente,
rehén sin prejuicio,
sin norma y sin tabla,
bendice el destino
de tan blanca batalla:
aquí, el soldado,
ahí, el paciente,
y por todos lados
el aspa espectáculo
del cruento deseo:
llegar, lograr ser
seres siempre amados.

Un libro mío

Un libro mío

Me llamó primero por el nombre geográfico al que alude su título. Su portada me agradaba sobremanera. Al acercarme al contenido (reseña de la editorial), ya supe que no podía hacer otra cosa más que adquirirlo, así, adquirirlo, hacerlo libro mío, en mis manos, físico, y no cedido o prestado. Mío, como siempre he necesitado los libros.
Ayer lo pedí. Ha tardado un click de mundo. Esta mañana ha llegado.
Al abrirlo al azar ya me ha dado el primer aldabonazo, ¡resulta que soy atea!, y yo sin saberlo, siempre dudando de qué soy. Las reflexiones de Moreno Jurado en torno al ateísmo me han permitido nombrarme, incluirme por fin en algo. Tanto desaguisado hacen los usurpadores, los secuestradores de la palabra, de los conceptos. En el ateísmo también existen integristas, sí señor. Sino que entonces ya no son ateos.
Después lo he fotografiado, cuatro o cinco disparos. Al final el que me llena es el de una toma en horizontal, jamás he hecho una foto de libro en formato horizontal. Debe ser que me recuerda el mar. Debe serLo.
Mientras vuelco y abro los disparos en el ordenador, vuelvo a abrir el libro por donde él diga. “He vuelto a ver a la camarina”, él habla, y continúa especificando dónde: la cuesta de Maneli. Entonces ha sobrevenido el borboteo en mi interior, ese que no me espero, ése que, ante mi mismo asombro, rompe en lágrimas, una emoción de reconquista.
Por la cuesta de Maneli se baja a la playa de (mis) Los cabezos amarillos.

Este año está siendo rico de dones y aciertos en nuevos libros, y, quizás, de otros asuntos.


Libro fotografiado: Cuadernos de un poeta en Mazagón. (Divagaciones sobre la arena). José Antonio Moreno Jurado. Baile del sol, 2013.

El primer poema del mundo

Toda sombra siempre transparentará el color predominante de su entorno, y triangulará entre la posición del sol, su árbol padre y el plano donde se proyecte para lograr ser fiel a los tres. La sombra es el sincretismo perfecto, porque es gris en entornos polícromos equitativos, sabe matizar. Porque en ella son posibles los matices, conduce al conocimiento. La luz es la Inhumana, como bien dijo Canto para esta era. La sombra, la Humana.
La sombra es la primera reducción al plano de nuestro mundo de cuatro dimensiones. La sombra es la primera obra de arte, el primer poema del mundo.

miércoles, 17 de julio de 2013

Abisal



Abisal

Si creciera, vería
una boca enjaulada.
Quizá por eso mismo
no quiero mirar por encima
del hombro, o no sé,
me resulta ajeno, no tuyo,
desentrañablemente
oblicuo, propio de los dioses
malignos, yo y mi versión
de ti, qué ingenuos páramos
tan llanos. ¡Y tan libres!

Sol naciente

Sol naciente
(la ley del mínimo esfuerzo)

si hubiera pernoctado
el imperio de los ojos limpios
habría dado el vuelco,
los ojos llenos de aire fresco
y luz desentonarían con el resto
del paisaje matutino y la soledad
de la calle se habría interrumpido
con el atasco de automóviles
sanciones sobre la suerte.
La habitual correspondencia
o justicia del agua y la fuente
habrían muerto in fraganti
sorprendidas por la quietud.
No me abarco —ama el agua
el aire—, mas dibujo tu perfil
inasible de manos
para qué os quiero
si eres invisible e intocable
por unos órganos tan poco dados
por nadie. O sólo algunos,
mínimamente algunos.

De ciertas delicias, el compás
de tu oriente sobre el fresco
amanecer de verano
sol-dado a ciertas flores
que practico.

vengan ustedes a dormir
cuando yo me despierto
lozano y rojo
como un manojo
de madreyerbas verdes y dulces.
Japón me autorizó a prevenirme
en verte y no verte venir
en el lucernario
de tu presencia, Tierra azul.

martes, 16 de julio de 2013

Barrunto de luz

La palabra de la no palabra, esa es la esencia de la poesía. Lo que persigue a todo poeta cuando coge papel y lápiz o lo que al menos a mí me impulsa a escribir o me ha impulsado hasta ahora, transmitir lo inefable, lo que es un contrasentido en sí mismo. Esa es la paradoja de la poesía verbal y, concretamente, su paradoja a estas alturas de la historia de la expresión verbal poética y escrita (si digo “historia”, debería eliminar lo de “escrita”).
Abrir la boca y lograr el balbuceo es el fin último de todo poeta.
Ahora bien, los caminos, el camino devendrá en una serie de frutos, los poemas, que llegarán al otro, trasmitirán evocaciones y evocarán, volvemos a lo mismo, dirán sin decir, algo similar a la palabra de la no palabra.
Romper la costra, se abre el brocal, mana el pozo justo en ese instante/lugar cerebral en el que la mente humana percibe la inutilidad de un código creado por ella misma para hacer transmisible desde un interior de-mente hacia un exterior. Ese es el arranque poético, ese es el principio de toda palabra poética.
La poesía es la expresión de una especie de paralización del sistema neuronal ante el hecho de la palabra en sí, el barrunto de luz se encuentra ya en su lugar en cuanto queda oculto, y justo en esta paradoja, nace la palabra poética.
 
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