la huida
tengo una mosca tras la oreja
que me avecina
a la que llega, el rondó
reinante de prímulas
escenas pretendientes
de un cristal de laboratorio
que tú, tú, tú
abanderaste con la sábana
de los orgasmos huecos —tan vacíos
de sendas al éxtasis—,
nula vereda y puta comerciante
de vino (vino él, vino él)
al por mayor afán
que te embeba jamás
lograrás emborrachar
de grandeza.
me voy hasta nunca
a donde no existo
ni estoy ni so-y
vivo.
( Sofía Serra. De La clave está en los árboles)
martes, 26 de marzo de 2013
La blanca paloma (o el rocío)
La blanca paloma (o el rocío)
va y se gusta venganeando
no sé si una parra
o la tal astarté que sembró
posaderas acá en las dunas.
De aquella vez a cuando
el viento la rastrilla,
el lujurioso encanto usa
polvo de arena entrecruzándose
con el azul dominante.
Algo me descuella
al verte venir.
la túnica con la que me vistieron
los pájaros hace aguas, se desnuda
toda ella la-
mentando la piel
que cubría.
comencemos por este debatir
en primera línea tu labio
me indica averiguarte,
sobre-salir dentro
de tu boca.
Que me bebas.
Sofía Serra (De Suroeste)
va y se gusta venganeando
no sé si una parra
o la tal astarté que sembró
posaderas acá en las dunas.
De aquella vez a cuando
el viento la rastrilla,
el lujurioso encanto usa
polvo de arena entrecruzándose
con el azul dominante.
Algo me descuella
al verte venir.
la túnica con la que me vistieron
los pájaros hace aguas, se desnuda
toda ella la-
mentando la piel
que cubría.
comencemos por este debatir
en primera línea tu labio
me indica averiguarte,
sobre-salir dentro
de tu boca.
Que me bebas.
Sofía Serra (De Suroeste)
lunes, 25 de marzo de 2013
e-fluviales
e-fluviales
sus levas siempre plateadas,
algún ligero ven
a mi entredicho aquejado de
dolor animal —las plantas no lloran,
las plantas no lloran—, la belleza puesta
en prueba, belleza. No otra cosa
jamás tú vas
a venir hoy
ni siquiera a mi
centro nervioso
de viva techumbre
para derrochar
lágrimas o tejidos
hambrientos de mis huesos,
tan transparentes.
mi voz es otra serena
desprendida de sus alas
hasta poder caer en la minúscula
rendija de un tú que se me abre
a veces
allá en la esquina de la península
y el río y yo
tan ahogados
a penas
puedo d-oler.
¿Te llegan mis efluvios?
Sofía Serra (De Suroeste)
sus levas siempre plateadas,
algún ligero ven
a mi entredicho aquejado de
dolor animal —las plantas no lloran,
las plantas no lloran—, la belleza puesta
en prueba, belleza. No otra cosa
jamás tú vas
a venir hoy
ni siquiera a mi
centro nervioso
de viva techumbre
para derrochar
lágrimas o tejidos
hambrientos de mis huesos,
tan transparentes.
mi voz es otra serena
desprendida de sus alas
hasta poder caer en la minúscula
rendija de un tú que se me abre
a veces
allá en la esquina de la península
y el río y yo
tan ahogados
a penas
puedo d-oler.
¿Te llegan mis efluvios?
Sofía Serra (De Suroeste)
domingo, 24 de marzo de 2013
El rasero
El rasero
Miedo al miedo
que sonríes
con miedo a ti
que sonríes miedo
con tu sonrisa a partes
iguales me igualas
y no
tolero el miedo
ni el medio
donde tu sonrisa
me sitúa:
el ras.
Sofía Serra ( De La clave está en los árboles)
Miedo al miedo
que sonríes
con miedo a ti
que sonríes miedo
con tu sonrisa a partes
iguales me igualas
y no
tolero el miedo
ni el medio
donde tu sonrisa
me sitúa:
el ras.
Sofía Serra ( De La clave está en los árboles)
La respuesta
Que por qué afirmo lo anterior, me preguntas.
La novela que la escriban los escritores. La explicación, los científicos.
Yo intentaré responderte en esencia: porque es una historia de percepción y de pregunta constantes.
Por eso es una historia de terror ser poeta, darte cuenta, y, entonces, escribirLa.
Luego llega la muerte. Al fin, la respuesta. El final del tormento.
La novela que la escriban los escritores. La explicación, los científicos.
Yo intentaré responderte en esencia: porque es una historia de percepción y de pregunta constantes.
Por eso es una historia de terror ser poeta, darte cuenta, y, entonces, escribirLa.
Luego llega la muerte. Al fin, la respuesta. El final del tormento.
La Mamá
Acabo de ver "Mama". Aún tengo las piernas temblonas. Me levanto de la silla y lo compruebo, me flaquean. Vuelvo a sentarme. Abro Nueva Biología. Me saltan esos versos a la vista. Y me pregunto. Me pregunto retóricamente: Hasta qué punto escribir poesía no es vivir una historia de terror.
Me convenzo, estoy plenamente convencida.
Por eso leo tanto, por eso devoro lecturas desde tan pequeña. Por esos mis terrores nocturnos fueron desapareciendo conforme engrosaba el caudal de palabras de otros en mi mente, en mi vida. Por eso necesito leer. Me lleva a la otra parte. A la que no me da miedo.
A la ajena a mi historia de terror. A mi escribir poesía. A mi ser poeta.
Ser poeta
se nace tarde
o temprano
se descubre
La Mamá.
sábado, 23 de marzo de 2013
Em-boca-dura
Em-boca-dura
Bienvenida tu salud de océano
redondo y lleno
de todas las plegarias
en tu melisma acordonado
con blando hilo de seda
caliente, no hay sin un tú
que averigüe cuándo se ha de volver
a la carga para merecernos todos
sobre los hombros de la lluvia,
yo
me quedo
donde tú
allá
lejano
a mi vientre
en una densa
y cálida niebla,
porque para qué
ver
nada más.
Curiosamente
este blanco blando
no es el Frío.
Será que las esquinas
se redondean
adeptas me encarnan
en tu ombligo.
A este profundo
valle y nido llego:
mi des-embocadura.
Sofía Serra (De Suroeste)
Bienvenida tu salud de océano
redondo y lleno
de todas las plegarias
en tu melisma acordonado
con blando hilo de seda
caliente, no hay sin un tú
que averigüe cuándo se ha de volver
a la carga para merecernos todos
sobre los hombros de la lluvia,
yo
me quedo
donde tú
allá
lejano
a mi vientre
en una densa
y cálida niebla,
porque para qué
ver
nada más.
Curiosamente
este blanco blando
no es el Frío.
Será que las esquinas
se redondean
adeptas me encarnan
en tu ombligo.
A este profundo
valle y nido llego:
mi des-embocadura.
Sofía Serra (De Suroeste)
viernes, 22 de marzo de 2013
Mi debilidad
... como si hubiera asistido a un espectáculo de pornografía pura y dura. Deprimida. Excitada para el sentido del bajonazo psíquico. Así actúan en mí la visión de las puestas en escena que llaman presentaciones de libros.
Tengo que salir huyendo. Fui a hacer lo que tenía que hacer. Supe cuándo había ultimado el trabajo. La recompensa del conocimiento de una especie de ángel y de una especie de angelito: Una puerta del cielo. La recompensa de la confirmación de mi sospecha. Dolor: Una puerta al infierno. Las dos mías, las dos he atravesado.
Pero en medio, la puerta a la percepción del olor nauseabundo que despide la carne putrefacta y a la visión de los insectos alimentándose de ella. La refleja arcada y mi huida a través de ella.
¿Qué las hace tan golosas para los demás? ¿De qué está hecho mi sentido gastronómico de la letra?
Mi aversión se vio una vez más confirmada, reafirmada. Las odio con toda mi alma. Aunque ellas no tengan la culpa.
La tengo yo. Simplemente soy alérgica. Reacciono desmedidamente contra el ente extraño que me roza. El grito reconoce al pánico.
El ovillo de gusanos al abrir una pieza de caza que ha sido picada por una mosca un par de horas antes. El alarido de mi madre al encontrárselo sin esperarlo. Mi mente combativa racionalizando.
Pero a la arcada no hay razón que la reprima. La arcada es un acto reflejo. Mi huida del purgatorio (qué hay que purgar, ¡qué hay que purgar!) en el que los insectos convierten la belleza de una poética, la belleza de un exquisito y laborioso trabajo de investigación, la belleza de un trabajo de publicación ejemplar (es decir, un ejemplo a seguir) en puras fealdades.
La fealdad. La visión de la fealdad. El triunfo de lo feo.
Ellos lo superan. Lo superan la poética y los trabajos. Ellos sí, ellos se quedan a salvo siempre.
La que no lo supera soy yo. Se trata de mi debilidad: mi propio juicio, mi alergia.
Matar crías de gato. Y después tener que beber.
Presentar un libro. Y después tener que beber.
Y odio emborracharme.
jueves, 21 de marzo de 2013
Mi idilio
La eclosión. El alumbramiento. La justicia.
La esperanza deshecha por el hallazgo. Llega cuando me encuentro leyendo a Chaves Nogales (no hay casualidades nunca, La clave está en los árboles) que me hace reconocerme en la pena femenina del patio sevillano. Hasta un siglo después no hallo las palabras que me definen, un siglo después de que fueran escritas. Me comprendo en mi patio que construí bajo la intemperie y la sabiduría de un nombre. Hallo la explicación al sambenito de la tristeza de mi mirada: La asimilación de la injusticia.
La misma que yo me sentía cometiendo contra unos versos, una figura emblemática, mi propio recuerdo y hasta mi geografía mental y física.
Llega el alumbre, la contradicción a mi propio dicho sobre la consciencia del no encontrar, la imposibilidad del asombro. Llegó para felizmente contradecirme, hallar mi propio reflejo en una luz externa. Ya la penumbra del patio me sobra, ya no necesito plantas de sombra ni estampas de áureos que me acompañen en mi silencioso llanto que permito que cante en el agua de la fuente (¡cómo una lágrima puede deformar el mundo!).
Lo abro, comienzo con sus versos, con los poemas, dejo los análisis para posteriores inmersiones, no consiento el filtro de otra mirada. Primero la mía, y después, que me aporten, si quieren y si pueden, después el análisis de los demás, antes el mío. Es la justicia sobre mí y sobre la propia obra, sobre el autor, la mirada limpia sobre unos poemas, ESOS poemas, ese libro que Juan Ramón dejó previsto pero no publicado.
Y entonces lo termino. La sucesión de emociones es vertiginosa, adquiere velocidades supersónicas, superfotónicas. La iluminación me absorbe. El poeta me arrebata, me sustrae, me roba por fin de la penumbra.
Nunca Juan Ramón había conseguido engancharme, desde casi mi más tierna infancia lo encontraba en las paredes blancas de Moguer, pero jamás en sus letras. No me co-rrespondía en la entrega de mi ilusión. La expectativa no se saldaba.
Ahora me devuelve toda la luz que esperaba. Todo mi gemelo hallado (ahora recuerdo que nació un 23 de diciembre, un capricornio como yo, un poeta de tierra, pudiendo ver la luz y por tanto ofrecerla).
Idilios es el más hermoso poemario que he encontrado en toda mi vida de lectora y de escritora, y de lectora-escritora. El más hermoso. Y por tanto el más mío como lectora, como amante del arte, de la palabra, de La Poesía, como creyente en el ser humano. El que más he suplicado. Así, suplicado encontrar.
Lo leí un 20 de marzo. Hoy, un 21, día en que para mí comienza mi anhelada estación, escribo sobre él. Escribo sobre la luz. Escribo la luz que me ha sido concedida.
Sé que es el día mundial de la poesía. pero la poesía es dueña de todo el tiempo. La única que puede romperlo, atravesarlo. La luz del pozo artesiano que atraviesa la esfera. El eje.
Por fin mi idilio con la luz llega a su eclosión feliz. Por fin mi amor me corresponde. Por fin la luz también me ama. Por fin es justa conmigo. Por fin yo puedo ser justa con El Poeta.
(Idilios. Juan Ramón Jiménez. Isla de Siltolá. Sevilla, 2013. Libro inédito del poeta.)
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