Poema de una anciana que ya murió
Bestialidad y vida afloran
indisolublemente unidas.
Soy yo más tú
sin andamiaje,
sin convulsos vetos
sin abejorros ni respectivos aspavientos,
cómplices en perfecta armonía
y equidistancia exacta
del pellejo a la piel
de la una al otro,
sola y justa, perpetua.
No yo.
Argumentos insostenibles
por estas manos que se descuelgan
en la noche que me muere
al final del mar de azoteas
que imagino.
El calor se posa grandilocuente
y cálido como un buda
que otea buscando la boca
que más hambre tiene.
Tú eres fresco,
pero nada transparente
en el mar de tus ¿cojones?
—te ahogaste en ellos—,
así que te hace el hielo.
Yo sé que contigo vive sola
con ella, sola criatura, lobo
suyo, niño bueno, niño
cuerdo y fino niño
y ahora los colmillos
que te afilaron
se ceban en la más
tierna carne.
Y ella es la nada,
nada más que poder
doler.
Cameraman, y mi estulticia
solapándote, atendiendo
a tus razones
como si extendieras
a mis pies los parterres
de flores del parque de marialuisa,
dicen, ventilando patraña,
como si yo fuera a tocarte,
como si mi ventisquera,
porque ya es agosto
y cantan las hojas
llamando al otoño,
corriera rauda por el barranco
gravero de un hoy tan seco,
tan duro y fósil, hermético
en el sentido de las agujas
del reloj de arena.
Veo mi vida como un saco
de muelas recién extraídas
que hubieran abandonado al dolor
en la boca de algún amante,
algún lobo serio tuyo de raíces
y venas al viento, de pelo teñido
con la henna de la luna que templa
mamparas de acero, blancas,
sobre los raíles de cuerpos que duermen
con la garganta abierta al cielo
de una noche de verano
que yo ya he olvidado.
Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)
sábado, 6 de octubre de 2012
Ámame, cincuenta años de un signo cantor
Medio siglo. Love me do sonaba por primera vez. Ella nació para el público dos o tres meses antes que yo (pienso que yo no nací para ser pública). La conocí cuando ya registraba la edad de trece años. Qué feliz me hace unir su aniversario con la aparición en Amazon del enlace a la posibilidad de que Signos cantores sea leído por alguien más que yo o las cuatro o cinco personas que han tenido la ocasión.
Un día de estos iré al campo a por la fotografía auténtica que tengo de Los Beatles con firma de Paul Mac Cartney incluida, a pluma, por supuesto, para escanearla y publicarla aquí.
Hablamos de poesía, del motivo de la palabra, de su razón de ser (razón de amor, Pedro salinas dixit).
Escribir poesía es, entre otras cosas, intentar que el lenguaje no se desgaste, algunos hablan de intentar "renovarlo", yo suelo concentrarme en su fondo y su forma, un modo más de intentar no perder de vista el motivo por el que me (nos) resulta fundamental, silencio incluido.
Enlace al libro Signos Cantores
"Hubo un tiempo", un poema de C. Karin Aldrey
Hubo un tiempo
Hubo un tiempo
donde la paz
fue eclipsada
por los vientos
Desfilaban pájaros
de alas negras
que confundían la presa
con retoños
Sus picos horadaban
la hierba
En los estanques
el agua se cubría
de lodo
se acumulaba
en las cañerías
la hojarasca
del furor
Después la oscuridad
cruzó la noche
y los hombres
que morían
eran arrojados
a las fosas
Un día la tierra
abrió las piernas
y comenzó a vender
su cuerpo arrasado
Pocos reconocieron
sus labios negros
su garganta vacía
el hedor de sus axilas
Era otra
sin rostro ni luz
Un paisaje despoblado
donde cadáveres
y buitres devoraban
sus historias
en el festín de la muerte
La paz regresó
un rojo atardecer
Con sus cautelosas pisadas
apartó las piedras
y se arrodilló
sobre los escombros
tan llenos de cenizas
y aguas albañales…
Después
clavó cruces blancas
en cada huella perdida
Alguien la vio venir
y decidió seguirla
y luego otros
y otros
y otros
Pero ella sabía
que solo era un ejército
de muertos…
sombras sin vida
compadeciéndola
por su existencia fugaz…
C.K.Aldrey (De su último poemario aún sin título)
Hubo un tiempo
donde la paz
fue eclipsada
por los vientos
Desfilaban pájaros
de alas negras
que confundían la presa
con retoños
Sus picos horadaban
la hierba
En los estanques
el agua se cubría
de lodo
se acumulaba
en las cañerías
la hojarasca
del furor
Después la oscuridad
cruzó la noche
y los hombres
que morían
eran arrojados
a las fosas
Un día la tierra
abrió las piernas
y comenzó a vender
su cuerpo arrasado
Pocos reconocieron
sus labios negros
su garganta vacía
el hedor de sus axilas
Era otra
sin rostro ni luz
Un paisaje despoblado
donde cadáveres
y buitres devoraban
sus historias
en el festín de la muerte
La paz regresó
un rojo atardecer
Con sus cautelosas pisadas
apartó las piedras
y se arrodilló
sobre los escombros
tan llenos de cenizas
y aguas albañales…
Después
clavó cruces blancas
en cada huella perdida
Alguien la vio venir
y decidió seguirla
y luego otros
y otros
y otros
Pero ella sabía
que solo era un ejército
de muertos…
sombras sin vida
compadeciéndola
por su existencia fugaz…
C.K.Aldrey (De su último poemario aún sin título)
viernes, 5 de octubre de 2012
"Ayúdame a morir un poco solamente", un poema de Javier Sánchez Menéndez
Ayúdame a morir un poco solamente
Y ahora,
que he perdido a dios
y a la mujer que más quiero.
y he arrojado mis huesos ante la vía de un tren
equivocado,
y he bebido mis noches en la acera,
y los días, mis días,
han secado los llantos de la palomas hembras;
ahora,
... qué me decís del hombre
sino el pulso vital de su cansancio,
sin otra cosa que imaginar y recordar,
... qué me decís del hombre.
(Javier Sánchez Menéndez, de El violín mojado, en FALTAN PALABRAS EN EL DICCIONARIO, Libros del Aire, 2011)
Y ahora,
que he perdido a dios
y a la mujer que más quiero.
y he arrojado mis huesos ante la vía de un tren
equivocado,
y he bebido mis noches en la acera,
y los días, mis días,
han secado los llantos de la palomas hembras;
ahora,
... qué me decís del hombre
sino el pulso vital de su cansancio,
sin otra cosa que imaginar y recordar,
... qué me decís del hombre.
(Javier Sánchez Menéndez, de El violín mojado, en FALTAN PALABRAS EN EL DICCIONARIO, Libros del Aire, 2011)
Mapa de mi poética
Soy una gran amante de la cartografía, de los mapas, creo que en breve me decidiré a insertar algunos que he ido coleccionando. Mientras comienzo con este, un boceto.
Mapa de mi poética
En el devenir poético de mi escritura se contemplan claramente dos registros, aunque puedan estar mediatizados por escalones o matices en la línea que los une. Uno se define por su claridad, una poética clara y muy llana, relatadora, los menos, otro por unos modos sumamente elípticos, los más. Ya hace tiempo que me di cuenta, estudié y analicé el “fenómeno”. Los menos elípticos siempre relatan o poetizan sobre situaciones directamente observadas, vividas o actuales. Los más elípticos son los que nacen de esos que yo llamo recuerdos verticales, una especie de profundización en mi propia forma de sentir las cosas y pensar, los unos relatan experiencias no importa si actuales o pasadas, los otros intentan reflejar el pensamiento, la moral-eja, la conclusión, el llegar.
Uso uno y otro según el poema me pide, sí emana solo el modo. No hay nada previsto; pero todos encajan en un poemario unitario con un mensaje exacto. Son tan sólo diferentes formas de acercarme a lo mismo y diferentes modos de intentar que los posibles lectores puedan acercarse a lo mismo.
En mi fotografía sucede igual, en las distintas series se pueden contemplar diferentes formas formales dentro de ellas mismas. Ninguna está definida por un tratamiento común. Por ceñirnos a las categorías más comúnmente asimilables, ni siquiera siguen el patrón del blanco y negro o el color.
Cuando se excava un pozo artesiano (ver la fotografía que aparece al la derecha de este blog, “Retrato de poeta” y la siguiente “Teoría del Arte”) suele darse con diferentes capas de estratos. Unas estarán formadas por capas duras, de rocas como el granito los cuarzos, menos frágiles, más o menos desbastables, algunas metamórficas, otras sedimentarias, diferentes épocas en la geología de la tierra, diferentes fenómenos naturales que determinan la consistencia y características de cada capa de suelo.
El acto del poema y al completo del poemario, es el mismo o se desarrolla por los mismos cauces. Algunas “zonas” obligarán a usar broca de punta triple, otras brocas de punta blanda, algunas más a duplicar la potencia del compresor y hasta en algunos casos enfriar la punta de diamante que taladra. Todo dependerá de lo que se vaya el pocero, la pocera, encontrando.
Algunos poemarios conservan el tono del principio al fin aunque siempre llevan insertadas ciertas notas de color, distintas al común, discordantes. Los más homogéneos (misma cualidades de diferentes subsuelos encontrados) son los tres primeros por un lado, la presencia por la ausencia, Son-ethos, Canto para esta era, El deshielo, Nueva Biología (más conceptual), Los parasoles de Afrodita (muy cantor). El resto fotografían, esa es la palabra, el paso por cada uno de los estratos que la taladradora se ha ido encontrando, un registro de los distintos ajustes (cambio de broca, camino de velocidad, cambio de ritmo) según el tipo de subsuelo encontrado. El análisis de la trilogía El hombre cuadrado merecería apartado porque ella misma es un viaje de retorno sobre la propia poética, hago poéticamente lo que hago en cada poemario y cada poema, situarme en la costra dura (el muriente), pero en vez de escarbar o taladrar, analizarla, vivirla (la dosis y la desmedida) e intentar asimilarla, reconciliarme con ella (el hombre cuadrado). Los últimos aún no lo tengo tan corregidos como para poder determinar una conclusión sobre su análisis.
La tubería de revestimiento final de cada pozo artesiano se construye desde el principio y desde el final: una especie de cubierta que deja transparentado cada estrato, una tubería que en vez de PVC sólido y opaco es de cristal transparente= necesidad pedagógica, necesidad de mostrar lo que me he ido encontrando. Que todo el mundo conozca lo que hay bajo esta suelo al ir atravesando la costra dura de la nomenclatura imagino que para que así, cualquiera pueda hacer lo mismo que he hecho yo: una guía por un territorio inexplorado. Una especie de mapa.
jueves, 4 de octubre de 2012
Signos cantores, nuevo libro
Esta portada, diseñada por rodax, es el precioso vestido de mi último trabajo, Signos cantores, un conjunto de poemas que he ido seleccionando durante el último mes y medio a propuesta de una amiga a la que nunca podré expresarle debidamente mi agradecimiento, Carmen Karin Aldrey. Javier Sánchez Menéndez ha tenido la generosidad de prologarlo. El libro lo publica la editorial norteamericana Linden Lane Press. Estará disponible a través de Amazon en unos pocos días.
Purificación
Purificación
cualquiera sabe
lo que dirías si en tus esquinas
y en tus dóciles sombras pudieras hablar
como el centelleante avispero.
santa faz de mi tiempo enquistado
y hoy grande y vivo santa
penumbra de la fe
en dioses
de pan
de oro,
karma, bendito karma.
Llega y me alumbra,
si una vez
fuiste, dos serás
por dos veces hermosa
la conquista del lugar
deshabitado
por la falta de costumbre
o mis ojos ya cerrados
que la olvidan,
esa circunstancia pasajera
por la que qué más diré yo
que cómo no querer verte.
este preludio asombroso
de fantasía gratis
en otros lugares
no logro verbalizar,
pero me aboca la costumbre
del silencio
de hacer pausa y olvido.
Yo te quiero, amor mío
sin nombre.
A pesar de que amé,
computé el quebranto
de tu mejilla
como me hubiera caído
por la baranda,
el celaje deslizado
sobre la azotea azul,
tan perenne y vacía
que no me explico
quien ha podido escribir
sus paredes. algo así debió suceder
el primer día de después de la historia,
un arma inservible,
la letra en el vacío,
las gargantas blancas
ya no existen
salvo en mi centro,
las colgaron como
bombillas de colores
al lado del platanal auténtico
que vive de hambre
y de amarillo
la-vanda de
mis fiebres
qué haré yo
sino llorar por mí sin ti.
la rosa blanca se desmelena en dos:
nacen la tiara y la corona,
el alto y el bajo río,
los geográficas,
las verdaderos.
mi handicap se ha vuelto mi ventaja:
a mi otra parte, he llegado tan tarde
y tan más viva.
Convertir la debilidad en fortaleza
sola se ha hecho ella
sola transmuta
la arena
en agua
mis pies
en la grama mojada
y fresca, así cuando
tus refrescos llegan
como el quemador de velas
de sal del Himalaya,
un fabricante de iones negativos
que purifican el aire
de mis neuronas.
voy a descansar estas vértebras
en el sofá entre el te,
las dos onzas de chocolate
y el recuerdo de tus palabras
o lo que escribes o piensas o chapurreas
como los periquitos del vecino,
qué más da
así, aunque tú
ya no estuvieras
el humo de tu escape
plantaría verdes en mis fosas
y yo te distinguiría
entre toda la niebla
todas las nieblas,
todas las nubes y los mohos
de cualquier mendrugo de pan
que perpetrara un sonido más acuoso
que el de tu oído en mi mejilla
cuando, corazón sembrado en la tierra
de los arriates, mis ojos auscultan
la plenitud de tu pulso,
esa sangre corrida
por los cauces raigales
de la tierra
y yo, la zahorí verde y roja,
también con mi traje de india
ululando como el búho:
Ven aquí conmigo
hasta donde yo llegué
cuando aún no existías,
no eres hijo ni padre
sólo compañero a partir
del ahora y hoy
un uno
hacia delante.
Sofía Serra (De Solenostemon)
cualquiera sabe
lo que dirías si en tus esquinas
y en tus dóciles sombras pudieras hablar
como el centelleante avispero.
santa faz de mi tiempo enquistado
y hoy grande y vivo santa
penumbra de la fe
en dioses
de pan
de oro,
karma, bendito karma.
Llega y me alumbra,
si una vez
fuiste, dos serás
por dos veces hermosa
la conquista del lugar
deshabitado
por la falta de costumbre
o mis ojos ya cerrados
que la olvidan,
esa circunstancia pasajera
por la que qué más diré yo
que cómo no querer verte.
este preludio asombroso
de fantasía gratis
en otros lugares
no logro verbalizar,
pero me aboca la costumbre
del silencio
de hacer pausa y olvido.
Yo te quiero, amor mío
sin nombre.
A pesar de que amé,
computé el quebranto
de tu mejilla
como me hubiera caído
por la baranda,
el celaje deslizado
sobre la azotea azul,
tan perenne y vacía
que no me explico
quien ha podido escribir
sus paredes. algo así debió suceder
el primer día de después de la historia,
un arma inservible,
la letra en el vacío,
las gargantas blancas
ya no existen
salvo en mi centro,
las colgaron como
bombillas de colores
al lado del platanal auténtico
que vive de hambre
y de amarillo
la-vanda de
mis fiebres
qué haré yo
sino llorar por mí sin ti.
la rosa blanca se desmelena en dos:
nacen la tiara y la corona,
el alto y el bajo río,
los geográficas,
las verdaderos.
mi handicap se ha vuelto mi ventaja:
a mi otra parte, he llegado tan tarde
y tan más viva.
Convertir la debilidad en fortaleza
sola se ha hecho ella
sola transmuta
la arena
en agua
mis pies
en la grama mojada
y fresca, así cuando
tus refrescos llegan
como el quemador de velas
de sal del Himalaya,
un fabricante de iones negativos
que purifican el aire
de mis neuronas.
voy a descansar estas vértebras
en el sofá entre el te,
las dos onzas de chocolate
y el recuerdo de tus palabras
o lo que escribes o piensas o chapurreas
como los periquitos del vecino,
qué más da
así, aunque tú
ya no estuvieras
el humo de tu escape
plantaría verdes en mis fosas
y yo te distinguiría
entre toda la niebla
todas las nieblas,
todas las nubes y los mohos
de cualquier mendrugo de pan
que perpetrara un sonido más acuoso
que el de tu oído en mi mejilla
cuando, corazón sembrado en la tierra
de los arriates, mis ojos auscultan
la plenitud de tu pulso,
esa sangre corrida
por los cauces raigales
de la tierra
y yo, la zahorí verde y roja,
también con mi traje de india
ululando como el búho:
Ven aquí conmigo
hasta donde yo llegué
cuando aún no existías,
no eres hijo ni padre
sólo compañero a partir
del ahora y hoy
un uno
hacia delante.
Sofía Serra (De Solenostemon)
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