sábado, 8 de septiembre de 2012

Canto diario

Cansada estoy infinitamente cansada. Pero qué día de mi vida no lo he estado. Este este el síntoma definitivo del agotamiento, pensar que las jornadas siempre han sido agotadoras.
¿Para qué escribir un diario? Desde los 11 años pensando y rechazando hacerlo, empezando algunos y tan sólo escribir un par de fechas primeras como mucho, en seguida derivar hacia la retórica del pensamiento, un escribir para pensar o un escribir como modo de pensar, tan renuente en realidad, jamás ni la caligrafía ni la mecanografía adoptarán la velocidad de esos intercambios químicos en la que la materia cerebral se asienta.

¿Qué somos, dios mío, cuánta pretensión nos invade?
Por esto no escribo diarios, porque lo único interesante que termina por aparecer en ellos es lo mismo que pensaba cuando tenía trece años, y ya por entonces me sonaba a desfasado, de más, sobreabundando en lo que todo el mundo sabe. No he debido evolucionar absolutamente nada, salvo en lo material, para más ajada.
Ronca la noche cansada del día jornada agotada para renqueantes pasos llenos de vejez y cansancio,
Qué bien duerme y descansa la noche sin vigilias.
Mañana bañaré a las perras y a las pilistras. Hoy debo descansar ya: he aprendido a saber que debo hacerlo, 47 años tardé en aprenderlo.
Debo recordar introducir la cita de Empédocles en el libro rosa y gris. Rosa y gris. Ni pensado, ni que se hubiera pensado. Será como si él estuviera, lo sustituye. Empédocles resume en apenas una frase todo lo que quise decir en él. ¿Para qué seguimos escribiendo?
No perder la perspectiva, la triangulación, y en un diario se pierde. Quizás por eso nunca me ha gustado escribirlos, o no he sentido esa necesidad…ya bastante perdida como para
Destriangularme a posta.
La noche sonora
Vuelca sus dones en mis manos.
Yo te los cedo con mis pechos.
Es todo lo que soy.

Y no quiero ser más.

La sierva

Tengo todos los motivos para que no dudes de mi franqueza, pero no me has dado lugar para sembrarlos. Quizás es que de nuevo debo conquistar la tierra con mis manos, pero estoy muy cansada, ya sólo deseo encontrar el porche, beber una copa de vino y respirar. El sudor, las ojeras y la sonrisa algo decaída me visten esencialmente a estas horas. No tengo más. Al menos francamente, sin esforzarme.

Destriangularme libremente.
La noche sonora
Vuelca sus dones en mis manos.
Yo te los cedo con mis pechos.
Todos son tuyos.
Es todo lo que soy.

Y no quiero ser más.

Sofía Serra ( De Solenostemon)

viernes, 7 de septiembre de 2012

Las contradicciones, poema de La Peregrina

Disparo de la fotografía: Sevilla, Sofía Serra, Nikon D-80, Nikkor 18-135, 20/Julio/2012, 29868.

Las contradicciones

No encuentro paz, ni me permiten guerra;
de fuego devorado, sufro el frío;
abrazo un mundo, y quédome vacío;
me lanzo al cielo, y préndeme la tierra.

Ni libre soy, ni la prisión me encierra;
veo sin luz, sin voz hablar ansío;
temo sin esperar, sin placer río;
nada me da valor, nada me aterra.

Busco el peligro cuando auxilio imploro;
al sentirme morir me encuentro fuerte;
valiente pienso ser, y débil lloro.

Cúmplese así mi extraordinaria suerte;
siempre a los pies de la beldad que adoro,
y no quiere mi vida ni mi muerte.

Gertrudis Gómez de Avellaneda, "La Peregrina"


El ente

El ente

No hubo más.

Te alejó lo mismo
Que te acercaba
A mí
Me acercó lo mismo
Que me separaba

De ti.

(Sofía Serra. De Solenostemon)

jueves, 6 de septiembre de 2012

Orobroy es pensamiento en caló

Sevilla

Yo no tengo ascendencia gitana, en todo caso vikinga, porque mi madre es rubia con los ojos verdes. Por parte de mi padre tal vez devenga de un levante ibérico y seguro que desde mi abuelo materno, carpintero de una frontera en los tiempos de una preguerra, mis ancestros tiran hacian moriscos castellanizados o cristianizados para no querer huir después de que muriera un rey abierto.
Yo solo me siento de un lugar que como mucho acoge letras o siglas de los vientos, comienzan por una ese y una o y terminan en un fía de fe o fidelis latina.
Soy de un suroeste
crisol que se ha alimentado
logrando digerir
tanta esencia,
tanto aroma
humano a rosas.

¿A qué os huele
el viento
de una palabra
ahora?

(Julio 2012, para Suroeste)

 

("Orobroy" de David Peña Dorantes )
Letra del coro de esta pieza musical
En caló: Bus junelo a purí golí e men arate sos guillabela duquelando palal gres e berrochí, prejenelo a Undebé sos bué men orchí callí ta andiar diñelo andoba suetí rujis pre alangarí.

Traducción a español: Cuando escucho la vieja voz de mi sangre que canta y llora recordando pasados siglos de horror, siento a Dios que perfuma mi alma y en el mundo voy sembrando rosas en vez de dolor.

(AQUÍ un documental realizado por Giralda televisión, televisión local, donde se puede conocer mejor  al compositor de esta pieza musical. Solemos desconocer a lo que más cerca tenemos, por desgracia. )

Uni-verso

Uni-verso

No me hablo de tú
porque hace mil años
que me maté.
Suena
Asimov
a mi espalda
las clavículas se someten
al volumen de un cerebro
que no desfallece al morir
sobre el tiempo, se desmaya
como lánguida actriz
cuando las otras tiernas carnes
revientan en la eclosión
de la sangre a flor
abierta en su piel.

Este tiempo de cosecha granada
tarda como años
solos de nieves,
barbechos de escalera.
Así, tras otro,
el Uno llega.

Sofía Serra (De El muriente)

Amanecer

Amanecer

verte venir con
la brizna de yerba
entre tus dientes.

grave y libre
besa el símil
del aire azul
y el sol saborea
la almendra
de tu nuca.

uno de tus hombros
se duerme en el mar.
tu camisa blanca gris
vuelve a la arena
y a las casas, las casas tan vendidas
a sus propias tablas
por la avenida de la oblicua de tus ojos
regeneran las dunas
de la orilla contraria
a la linde del costado de tu pecho
en mi verte y verte venir
con la brizna de yerba
en tu boca el sol
me da una espalda
caliente.
Y tu pecho.

Sofía Serra (De Suroeste)

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Belleza total: Un poema de Pino Betancor



Me emocionó este poema de Pino Betancor. Me ha cautivado cuando he vuelto a releerlo. Lo encontré este invierno.
La verdad es que me duele, por muy equilibrado y pacífico que en su forma resulte.

Belleza total

Qué lindo eres, amor, aunque no seas
más largo que una noche de verano.
Aunque no tengas más valor que una
larga rosa en el hueco de una mano.

Qué lindo eres, amor, apenas duras
lo que dura un ensueño. Mas qué importa
tu brevedad de pájaro y de brisa.
La belleza total ha de ser corta.

Qué lindo eres amor. Hoy que no tengo
tu corona ciñéndome la frente.
tu perfume salvaje entre los labios,
despoblada me siento de repente.

Ven otra vez, amor, aunque de nuevo
seas una luz lejana, aunque un instante
me dure la ilusión de tu belleza
y te vuelvas de nuevo gris, distante.

Ven otra vez, amor. Ahora que entiendo
tu brevedad de flor, sabré adorarte
sin preguntar, sin esperar siquiera
mas que tu azul placer sobre mi carne.


(Pino Betancor. La memoria encendida)
(Plenilunio. Edición de Alicia Llarena. Baile del sol, 2003)

La playa

La playa

Desvanecerme en el tumulto de los peces
en la última hora del recuento
de cada río, cada orilla de baremo
entre tú y yo sin socios, con árboles
que nos permitan ver el bosque.

bendita suerte lechada
en el colmo de tu boca
yo encuentro
en las esquinas de un cuarto
sino que hallo
en el círculo de tu claro
y a esta pregunta y una boca
qué hay de tu hueca
y la mía sondea
tu habilidad de hombre
y río mío
quieto navega por tus mejillas
entrecruzadas por el lametón de la abundancia,
yo, y un verte venir, amarrada
a la osamenta de la misma costilla.

Nosotros.
¿Y la soledad de los terceros?,
¿quién la pinta, la redime
del encuentro?
tengo que terminar por sucumbir
ante tu templanza y tu oído:

en el borde del abismo
o
te haces poeta
o
te haces el muerto.

Sofía Serra (De Suroeste)

martes, 4 de septiembre de 2012

SEA

SEA

Yo no quiero
Callarme aunque pueda
Establecer medida y corta
O larga parada
Ante la extensión de tus señales
De babor o estribor
Yo me tuerzo
Sea
La estrecha pasarela
Y la angosta madeja
De ya tú, ya nadas
Hecho migas
De mi pan ardiente y blando
En la encrucijada de tus dichas ven
E iremos soltando tendones:
Mi piernas huesos
Y tus muslos dentro.

Sofía Serra (De Solenostemon)

lunes, 3 de septiembre de 2012

La otra

La otra

Un continuo malestar.
Digo como cuando
tiemblo ante el frío
súbito.
Él me impide permanecer callada.

¿y si todos sois fantasmas
y os presiento pero no puedo
veros?



¿Y si soy yo el fantasma?

Mi cintura
me da la razón,
y el frío.

(De Solenostemon)
 
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