miércoles, 14 de enero de 2015

Aromas de bene-ficio (presentación de Suroeste)

Aromas de bene-ficio (presentación de Suroeste)

La fuente durmiente se despierta. Calma deviene en las trampas de los vertiginosos pilares de ladrillos, los alaridos de la mudez causan ocaso de olvido. Los azulejos blancos y verdes se despegan del suelo, vuelan al son del torbellino que las corrientes de aire procedentes de los naranjos del patio exterior provocan entre las hojas de los setos de mirto. Un aroma como de otro mundo perfuma las letras que a nada huelen, las escritas sobre una pantalla de cristal sin tinta ni carmín que llevarse a los labios. Me llevo a cambio un muestrario de esencias poco comunes, cítricos primaverales, densos adobos de los chicharrones del mercado vecino, aguas marinas de las gambas de casa Mateo, hasta el ultramarino olor a café de un "catunambú" que ya no existe, cuando mi padre, camino de la playa que delimita el contenido de Los cabezos amarillos (poemario final del ciclo Suroeste), paraba para el primer tentempié (café) del aventurero destierro de los veranos de mi niñez. El del pan recién cocido del horno de Zambruno. Hasta el olor a cera, flores e incienso del paso de la Macarena ya cansada de toda la madrugada, y hasta ojerosa, por la calle Feria, encuentra su silo en mis fosas nasales. Si continúo escarbando probablemente llegue al día que nací a tantas vidas, a las de todas mis etapas vitales, incluida la actual tachonada por el aroma del solera que expenden a granel en la bodeguita del Pumarejo, sin olvidar los guisos de caracoles y cabrillas que avituallan mi domestia en la época correspondiente. El Pumarejo. Y Suroeste. Y Paco Gamero en él. En ellos. No su prematura muerte, no, Paco en el cielo en mi sueño.

Intentar verbalizar, recomponer sobre un ajustado y filtrado lenguaje susceptible de ser entendido por todos, manifestable ante las glándulas pituitarias (de qué resortes si no se fundamenta una buena lectura de las cosas, palabras como cosas, como objetos, objetos como libros) de los demás, las sensaciones que conmovieron mis cimientos ayer por la mañana al conocer el lugar donde se iba presentar Suroeste, me ha deparado casi 24 horas de cansancio extremo y descanso medio profundo. No está la letra, la palabra escrita, pensada para el discurso, sino para el hallazgo de la esencia que nos construye, del curso que nuestro devenir, como el río de Suroeste, mantiene.

El palacio de los Marqueses de la Algaba ya no se sostiene con gruesos puntales inclinados que a duras penas lograron evitar el derrumbamiento de sus muros durante tantas décadas. Hoy, exquisitamente restaurado, arquitectónica y socialmente, coexiste como centro neurálgico cultural de un barrio de Sevilla tan tradicional, tan auténtico, tan arraigado en las fibras musculares de esta ciudad como mis propios nervios a la geografía poética de Suroeste. En huida hacia la luz.

Que las circunstancias que conforman el mínimo suceso en realidad de la publicación de un libro se engarcen tan firmemente con los alimentos de la poética de una, procuró un shock emocional digno de poder relatarse aunque solo sea a través de estas palabras, palabras como cosas, cosas como aromas, aromas como tempestades primaverales que provocan el revoloteo de páginas como pétalos de azahar que hoy tapizan el asfalto por donde En huida, y su congruente, es decir, poética, es decir, auténtica, labor editorial, discurre.

La presentación del libro Suroeste se celebrará el próximo día (día de los enamorados menos uno, querido Jorge) trece de febrero en una de las salas que alberga esa magnífica y preciosa construcción llamada Palacio de los Marqueses de la Algaba. Ni digo la calle. Para qué. Está a las espaldas de la Plaza de la Feria. Aunque por otro lado, Calderón de la barca, el nombre de la placita/calle a la que se abre, también me habla del origen del feliz sueño que la poesía y la maternidad y la literatura, han procurado en la vida de esta que suscribe.

Están todos invitados. Dense todos por bienvenidos y deseables en su presencia y de su compañía.






(Fotografías de marzo del año pasado, 2014, realizadas en el Palacio de los Marqueses de la Algaba.)

2 comentarios:

Rob dijo...

Un marco adecuado a tal belleza, Enhorabuena.

PEPE LASALA dijo...

Enhorabuena Sofía, veo que has empezado con fuerza 2.015. Seguro que tiene mucho éxito. Un abrazo muy grande.

 
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El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.