viernes, 19 de diciembre de 2014

La escafandra fluvial

La escafandra fluvial

aminoácidos sutiles
y algún esclerótico seno,
el paisaje de tu ensenada
barrosa. Volverán los lirios
a florecer pesados y rumbosos
como la ternura y tantos besos
laminados en la balsa de las aguas.
El estuario juega
al pan repartido
entre todas las bocas abiertas.
No entran moscas en el lecho
del río correspondiente.

en esta confidencia me balanceo
sobre la vida del revés,
como el calcetín de la abuela
dormida antes del final de sus afanes.
No temas, reina mía, los pelícanos
aún planean la tierra, auguran
candados abiertos a las nubes
con su boca grande de alquiler de sombras,
una boca tan estrafalariamente grande.

Y a voces
se fundieron las otras
en un sol-o torneado
por la arrogante escuela.
Sobre tu mullida longitud de pernera invisible,
los cabezos aún grises posan semidesiertos
y alojados cada uno en el hombro
del siguiente anticipando
la espina dorsal del mar.
Un aire llamativo me sabe a quieto oleaje
trepanado por tus miembros:
quisiera yo, a veces,
zambullirme indiscreta y transparente
en tu entrepierna de agua,
la juventud de tus efluvios enloquecidos,
la senectud de tu estrambótico deseo,
la pleamar de tu combatiente
calma y el mar caliente
que te espera.

4 comentarios:

PEPE LASALA dijo...

Hay una parte que me ha parecido especial Sofía, "el calcetín de la abuela", me ha traído bonitos recuerdos y más en estas fechas. Desde el blog de la Tertulia Cofrade Cruz Arbórea te deseamos de corazón Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. Un fuerte abrazo.
@Pepe_Lasala

JOSÉ LUIS MORANTE dijo...

Querida poeta, siempre es un venero que limpia y fortalece la inmersión en tus palabras. Aprovecho estas líneas para enviarte mi gratitud por tu cercanía y mis mejores deseos personales y literarios. besos, Sofía.

Sofía Serra Giraldez dijo...

Querido Pepe, siempre me provoca alegría encontrarte en este mi (tu) lugar. Hoy aún más, si ello fuera posible. TU acertado tino en la elección de esas parece que intranscendentes palabras del poema, ellas dan en la clave no solo del poema sino de todo el poemario en sí. Me permito, quizás porque es navidad, y es mi forma de expresarte mis mejores deseos para ti y todos tus seres queridos, explicarme mínimamente. Esas palabras evocan un recuerdo, yo, la nieta, poniéndole unos calcetines a mi abuela, los más bonitos que yo tenía por entoces (21 años), unos rosa y blancos, de lana muy calentitos, ella ya muy viejecita, ella tan arrogante toda su "santa vida", tan Doña Lola, como hacía que todo dios la llamara, ella tan mujer poco cariñosa y nada dada a mimos o carantoñas, dejándose querer, dejándose cuidar, dejarse mimar: el amor, Pepe. El amor, y con él, los pelícanos, su símbolo como tú tan bien puedes saber, la clave de todo este poema y de todo el poemario del que forma parte. La capacidad de amar y de saber recibir y aceptar el amor de nosotros los seres humanos.
Muchas gracias por acercarte, Pepe. Pasa unos días plenamente dichosos.

Sofía Serra Giraldez dijo...

Querido José Luis, haberte conocido me ha demostrado que la bondad y la amistad no están reñidas con la práctica de la literatura, lo que, aunque pueda sonarte algo extraño, perseguía poder comprobar a pesar de tantísimas pruebas en contra, porque de hecho es en lo que creo. Así que imagina lo que significa el encuentro de tu persona para mí.
Besos con todo mi afecto, y mi agradecimiento, quizás a la vida, por haberme permitido dar contigo.
Un abrazo también, amigo.

 
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