miércoles, 3 de julio de 2013

Extinciones

Extinción de volumen

Se acabó el mundo
en la forzada pausa de verano,
se esfumó la paranoia,
se encontró valiente
la aurora convivió
con la noche y mi noche
se hizo raya en el agua
de un día que no sé
si debe amanecer.
Para qué amarnos si todo acaba
siempre, si todo invita y ciñe
el constante desasosiego, la corona
de laurel seco deshecha
entre los dedos y la mirada…
La mirada
y nada.

Vacío sin límites luego
no hay forma
de llenarlo.


Extinción de tiempo

Al final de estos años
y lentas paciencias poso
mi esperanza en Dios,
en el que no creo.

De un proceso artístico preciso
a la juventud del día que dicta
el cable sin medida del canto
de los vencejos y los mirlos
ya durmientes, ya cansados
de tanto ser oídos por mí.
Ni el paraíso posee nombre
de médula o lavatorio
de esquinas donde apoyarme,
abaratadme, por favor,
dios y hombres,
abaratadme para que pueda
morir lejos de mí, sin carne,
sin espíritu, sin aire de mis días,
sin suelo, sin tierra
donde medirme, sin mente
que me carcoma, sin noche
clavada en el entresuelo
de goma del momento
que no pasa ni sucede.

3 comentarios:

Amando García Nuño dijo...

Supurantes versos de extinciones, de extinciones, de extinciones. Algo creemos saber de eso, mientras creemos no extinguirnos.
Abrazos

Robín dijo...

Leído este escrito el otro día en una pared:

"Yo también tengo un poster de todos vosotros. Firmado: Che Guevara."


Aunque sólo fuera por reciprocidad hay que creer más; Sofía. Somos y somos todos bastante más que existimos.

Robín dijo...

En el politeísmo nadie quería asumir su culpa; se supone que el "no soy yo" era la norma y a veces la verdad. En el monoteísmo la culpa se concentra injustamente, abusivamente en uno sólo.

 
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El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.