viernes, 28 de junio de 2013

Nueva Gracia Sevillana

Nueva Gracia Sevillana

Yo no estoy en la verdad, pero desde luego los demás tampoco.
Tras la lectura de una nueva (muy reciente, apenas tres números) revista poético literaria, me reafirmo en la foto que empecé hace días y esta mañana retomé: tirar la toalla. No hay forma. Ni contenido. Si esta es la ejemplaridad del atisbo intelectual de esta sociedad, apaguemos y vayámonos.
Lo peor, lo peor de todo es el nombre de la tienda enfrente de la cual se presenta el número de este trimestre.
Menos mal que el rincón de la calle que sirve de albergue al comercio que aún vende planchas de gomaespuma de todas las medidas sirvió para taponar la dejadez de una propietaria y madre. Al menos el ser joven, el ser aún joven, ya no pasa frío.
Porque tras la lectura de esta revista creo que hasta a las copias del Diadúmenos o semejantes esculturas griegas que posan en el patio de arte se les habrán puesto las carnes (no marmóreas, sino de escayola) de gallina.
Provoca frío, destemplanza, desazón, el panorama. La intemperie. Se me asemeja la sensación a la misma que percibo cuando contemplo los toldos de hojas de palmeras que los pseudohippis del huerto del rey moro construyen espero que para dar sombra a los arenales (sic) donde permiten que sus hijos posen sus culitos sin pañales ni siquiera bañadores que reserven las partes más vulnerables de nuestros cuerpos. Porque aquí, a hortelanos urbanos y demás apósitos se lo recuerdo, no hiela. Pero sí hay mucha mierda. Y ellos lo saben. O deberían saberlo, si es que el sueldo del ayuntamiento no les nubla el entendimiento. Y por eso se conforman con especies de revistas literarias que sólo en su panegírico evocador encuentran cierta razón de ser, aunque para mí en fraude de usufructo aprovechada: Nada pagan.
Y casi me la pegan.
Sólo casi. Benditos PE-DE-EFES.

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