sábado, 18 de agosto de 2012

La vitrina

Me parece que ya me queda poco... creo que sólo en esto medio. Quiero decir que me queda poco en este medio, no sé si en "el otro",  eso nunca se sabe. Y que por eso, o mejor, por aquello,  se me ha ocurrido de pronto, ayer súbitamente, hacer esa especie de blog que he llamado  "La vitrina".
Tengo una vitrina preciosa, y  de madera muy mala, herencia de mis abuelos que siglos ha en paz descansan, en el campo, la vitrina en el campo y llena, llena  de copas de cristal en su  mayoría, la mayoría de las copas de mi abuela, de esas que con soplarles se rompen, con estantes también de cristal (más grueso). En ella he ido guardando siempre esos objetos que me gustaba conservar a la vista, valieran un pimiento o no, es decir, desde la pareja de cocodrilos de los huevos kinder, él con el ramo de flores escondido a su espalda presto a ser ofrecido, el ramo de flores,  a la cocodrila, ella creo recordar vestida de rosa y con expresión de hembra embelesada,  de  cuando mi hijo era pequeño, hasta el elefante de jade con la trompa levantada que me trajo mi hermano de no sé donde, las piedras del valle de Zión y hasta una de Manhattan, de la zona cero, los platos de tarta que le regalaron a mi madre de recién casada y las innumerables y sucesivas colecciones de catavinos, vasos extremos de cerveza y hasta la botella de agua de las que ya no se ven salvo en "el zara home" (estas con menos años de solera, es decir, más limpias de residuos),  más, eso sí, una surtida colección de postales de los viajes de mi hermano y alguno de mi hijo cuando vivía en el campo. El caso es que ese puñetero mueble, del que recuerdo su soniquete, como el de un piano con las teclas sueltas, cuando, apostado en la habitación intermedia del piso de mi abuela, alguien pasaba por el lado, es decir, pisaba las losetas contiguas a las mismas sobre las que se asentaban sus casi inexistentes patas, no lo tengo aquí. Y me acuerdo de él, claro que me acuerdo.
Por eso a lo mejor he hecho "la vitrina". De memoria intenta reunir enlaces a  los lugares donde he tenido noticias que han puesto cosas mías, de memoria y con vida. Algunos ya no existen, por lo que no he enlazado, claro está, y otros han optado por eliminar las entradas. Algunos más, claro, se me han vaciado en la memoria.
Si alguien tiene a bien llenarme algún hueco, agradecida. Quedará allá.
Me gustaría también llenarlo de mis joyas en este medio, pero no creo que me dé lugar.
O tiempo.

1 comentario:

Isolda dijo...

Me encanta el texto, Sofía. Una vitrina es algo único. No vayas a quitarla de en medio.¿Sabes, tengo una amiga a la que le presté un azucarero que estuvo siempre en mi casa y ella me dejó una bandejita de plata. Cada pieza en la vitrina de la otra. Llamémosle "depósito". De joyas ando mal también, pero te presto lo que quieras. Tengo un pez de mil colores, que a mis hijas les gusta mucho. Esta mañana, si no me equivoco, te hice un RT. Haz memoria y llena huecos. Tu hijo lo agradecerá.
Besos, siempre.

 
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El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.