jueves, 30 de septiembre de 2010

Célibe Afrodita

Célibe Afrodita

No me caso con nadie.
Y así me despeñaré,
imparcial y ufana, justa y complaciente con
la piedra, piedra, piedra que troca,
hinca,
duele, clava zarza y saya,
que allá voy yendo y cayendo en el arrojo,
bronce en las retamas juntas tantas señas con saña
bajo mi muslo, que hueso roto y quejigo
que insta y quema,
paja de guardia. Duerme, sueño:
Fundido en negro.


Las profundidades del hueso marino vadeo,
las simas abisales calientes y cárcavas construidas a base
de sales y salvas o saldos
minerales y triangulares
que espinean y traspasan,
simiente de grava escondida bajo las hullas de las eras,
gozan
fornicando al aire,
que no se queja, que no se aísla
que no aúlla.
Que no grita.
Que no tiene boca en la marina dentellada.
Este nigromante en do menor,
con bemoles secretos bajo las axilas
de un tú ya enraizado, ya sometido
al grave sol caliente,
adquiere semblante.


Contigo me quedo, contigo me voy,
¿ a dónde me encontraré?
Allá por donde surque la belleza,
que en mi ombligo brotaste
flor abierta, causa de llama y vida
que desde el cielo cae.

Sofía Serra Septiembre, 2010

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