domingo, 23 de noviembre de 2008

Mare Nostrum


Fachada lateral (calle Salesianos, frente al gimnasio Atlas, donde fotografío el tenis) del antiguo laboratorio municipal situado enfrente del parque del Valle.
Sevilla es atlántica y mediterránea. Por su situación geográfica prefiero su "vertiente" atlántica, llueve cuando hace viento de poniente, éste, en este lugar, es dulce y húmedo, trae las bondades de las borrascas que se suelen alojar en el golfo de Cádiz. Abierta al Atlántico por el ángulo perfecto que forma su río Guadalquivir en sus pasos finales hasta su desembocadura, sin ausencia de montes que impidan la trashumancia de las nubes cargadas de agua.
Mediterránea por su cultura (atlántica por lo mismo también, mestizaje, sincretismo, siempre crisol). Las naranjas, que para siempre identificaré con las manzanas doradas del jardín de las Hespérides (aunque, ¿no llegaron de la China siglos después de la configuración del mito?), son el fruto por antonomasia de la ciudad de Sevilla, en su interior urbano (la variedad de agria, con la que se fabrica la mermelada tan requerida en la cultura británica, dicen que de estos árboles sevillanos salía la que se producía en las manufacturas reales de la monarquía inglesa) y en sus alrededores llenos de huertas, la vega de los ríos que discurren cercanos a ella y por ella, mandarinas, whashintonas, zumeras, la Algaba, San José de la Rinconada, Brenes, Santiponce, pueblos, vidas, industrias y urbanizaciones entre bosques de naranjos ...).
Sevilla no tiene mar, pero sí un río que lo alimenta.

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