martes, 18 de agosto de 2009

Alado y blanco sevillano corazón (A José María Blanco White)

Título de la fotografía: El eterno retorno

Son demasiados (el vocablo demasiado, y su plural, comporta una categorización que necesita de un componente comparativo implícito) los blancos corazones que han debido o tenido que salir de esta bella y emblemática ciudad, bien huyendo de la intolerancia que durante siglos, y desde los poderes fácticos, se instituyó en el territorio donde se yergue porque hasta sus propias existencias vitales corrían peligro, bien, y es adonde quiero llegar, por el pusilánime ambiente que ha rodeado, embrutecido más bien, unas mentes que desde siglos anteriores estuvieron preparadas para asimiliar todo aquello que pudiera resultarle como extraño o no propio.
Siempre, íntimamente, culpo de lo mismo a la muerte del rey Don Pedro (el cruel o el justiciero según qué bando -¿quiénes han sido los interesados en determinarlos mediante si no un acto horrible, o como mínimo desleal y traidor?-) a manos del ilegítimo Enrique II (o por orden de) que es exactamente cuando los Trastamara (futuros Reyes Católicos con su política de expulsión de judíos y moriscos, los auténticos adalides de la destrucción de la "casi" utopía- "casi" porque se había logrado- de la convivencia de diferentes culturas y religiones) consiguen llegar al poder en España, la "españa de aquel entonces" compuesta por varios reinos, en esencia el germen del actual sistema autonómico, pero este tema, como ha llegado a convertirse ya casi en cuestión personal, es decir que llega a tocar fibras demasiado susceptibles de ser afectadas dentro de mi propio ser, no debe ser sobrenombrada por la que suscribe, pues de alguna forma inflamaría de modo poco correcto lo que intenta constituir un comentario allende la intolerancia que tan grave perjuicio ha causado siempre no sólo en la ciudad de Sevilla sino en cualquier agrupación de tipo humano.

En esta Sevilla de dios, de los dioses y de los hombres, han coexistido durante algunos siglos esas dos mentalidades, aunque dado que la una siempre siempre se hallaba situada al lado de los poderes fácticos (podemos ponerle nombre y hasta apellidos variables según el siglo o la época) lógicamente era la que encontraba apoyo, cuando no constituía ella misma el apoyo concreto y subyacente a esos mismos poderes fácticos, para seguir sobreviviendo en la ciudad.

De tal forma, que, llegados estos albores del siglo XXI, nos encontramos con un panorama social y humano, bien conocido por la que suscribe, que en esencia no ha variado casi nada a lo largo de estos siglos (ver mi blog sobre la semana santa de Sevilla y en concreto, algún comentario de los pocos que han dejado), si bien, y gracias al restablecimiento de la democracia en este país allá por 1976, hoy al menos podemos disfrutar de una seguridad vital que durante mucho tiempo no anduvo con certeza para tantos y tantos poetas y tantos y tantos pensadores que, simplemente, por tomar el camino de la honestidad y el libre pensamiento o libre sentimiento, hubieron de sufrir en su propia carne la obligación, autoimpuesta o impuesta, de un exilio.

Cuirosamente, y se trata sólo de un apercibimiento que no puedo basar en ningún dato concreto, curiosamente digo, tengo la sensación de que desde Sevilla son mayoría los auto-exiliados, los obligados por sí mismos a dejar la ciudad, como si sobre ellos pesase la atmósfera silenciosa y opresiva del no dejar pensar, no dejar hacer, o mejor de la incomprensión por todo lo que no suene a "sevillano". ¿Según qué cánones?, me pregunto, y a la vez puedo responder. Según los cánones preestablecidos mayoritariamente por esos poderes fácticos (antiguamente Iglesia católica y clase gubernamental, hoy en día algo que sólo podría describir poéticamente, porque de formar parte de tan sólo imposiciones predispuestas por resortes propios de los antiguos regímenes, ha llegado a impregnar el espíritu de cierto ser humano sevillano general que simplemente se ha dejado "pervertir").

Sevilla, ciudad de la luz, ha estado mayoritariamente gobernada (no me refiero a sólo polítcamente) por el oscurantismo y la intolerancia (según qué época a tal o cual semblante o expresión humana) escondidos bajo el tipismo en el que esos mismos poderes fácticos consiguieron constreñir un espíritu que de por sí, desde hace algún millar de años, se manifestó como claro ejemplo de amor por el conocimiento y la apertura en las mentalidades. Así, partiendo de un primitivo e innato y loable sentido de la comunicación y sincretismo de las culturas que por el lugar fueron sucediéndose, se terminó por encasillar, determinar, cuadricular, estructurar al espíritu sevillano, empobreciéndolo, dentro de lo que convenía y "a nadie", salvo a los que dan alas a su pensamiento e imaginación, hacía daño, esto es, dentro de la típica plantilla en cuadrícula que determina una casilla para la expresión de un carácter abierto y expresivo, amante de la alegría y la "buena vida" conllevando con ello la denigración de un espíritu mucho más sutil y amplio que los propios apelativos con el que intentan nombrarlo, y que como sevillana reivindico.

No acierto a prever donde acabará el espíritu sevillano. Sí sé donde han muerto (acabado sus vidas) muchos de los que lo encarnaban, al auténtico, al libre pensador, al tolerante, al poeta, al vital, al honesto: en Méjico (Luis Cernuda), por citar sólo un ejemplo, o en la ciudad de Liverpool, como el caso de este escritor al que deseo dedicar la entrada de hoy.

José María Blanco White. Cualquiera que profundice a medias en su biografía descubrirá al libre pensador de profundo espíritu religioso nacido en Sevilla que decidió morir lejos de su ciudad natal.

Dejo éste enlace sólo a modo de síntesis sobre el autor (entrando en wikipedia puede abundarse también en su figura).

Y rescato este soneto suyo por cuanto me impresionó cuando lo descubrí (aquí pueden encontrar un revelador artículo sobre el mismo y la traducción/es que de él hizo Jorge Guillén).


Night and death

Mysterious Night! When our first parent knew
thee, from report divine, and heard thy name,
did he not tremble for this lovely frame,
this glorious canopy of ligth and blue?


Yet, 'neath the curtain of translucent dew,
Bathed in the rays of the great setting flame,
Hesperus with the host of heaven, came,
and lo! Creation widened in man's view.


Who could have thought such darkness lay concealed
within thy beams, o Sun! Or who could find
whilst fly and leaf and insect stood revealed

that to such countless orbs thou mad'st us blind!
Why do we then shun death with anxious strife?
If light can thus deceive, wherefore not life?

Traducción al español

(He escogido la que más me gusta de cuántas vienen en el enlace que he adjuntado, por honrar a Jorge Guillén, pero debo reconocer que me produce la satisfacción que sólo la poesía puede producirme tan sólo leído en su idioma original, por mucho que se me puedan escapar algunos conceptos)

Muerte y noche

¡Oh noche misteriosa! Cuando el varón primero
Conoció hasta tu nombre, informe era divino,
¿No se apuró temblando frente a frente el destino
Del glorioso dosel con tanto azul entero?

Pero tras el rocío-cortina transparente-
Que atraviesan los rayos del crepúsculo en llamas,
Héspero a los ejércitos del firmamento llama:
Más Creación descubren los ojos y la muerte.

¿Y cómo presentir que en tus rayos alojas
Oculta oscuridad, oh sol, y convertida,
Después de revelados insectos, moscas, hojas,

En orbes invisibles tras tu mismo esplendor?

Si así la luz nos miente,¿no nos miente la vida?
A nuestro fin mortal por qué oponer horror.

La fotografía sólo pretende ilustrar este pequeño homenaje a él, a un sevillano de blanco y alado corazón; conforma una especie de conjuro personal para que tantos blancos y alados corazones sevillanos no tengan nunca más que sentirse exiliados, ni aún dentro de su propia ciudad, y mucho menos tener que emigrar para poder desarrollar su sensibilidad, raciocinio, inteligencia sin la presión realmente obscena al que el propio carácter, como he dicho, pervertido por una minoría y por una mayoría que se deja hacer, del ser sevillano, conlleva.
Y que los que se fueron, aún ya muertos, puedan seguir bebiendo del agua que les dio vida y ser.

Que ese bello canto sobre la luz y la muerte, la noche y la mentira, pueda ser escrita en esta ciudad, que aunque la poesía sea manifiesto sin lugar, es decir, utopía, el alado ser que la concibe pueda vivir en Sevilla en paz.

(Lectura recomendada: Autobiografía de Blanco White. Universidad de Sevilla. Edición Antonio Garnica)

Sofía Serra, Agosto 2009

sábado, 15 de agosto de 2009

Tótem y plegaria



Tu joven y verde, aun potente, corazón


Aún en todas las batallas del mundo
se alza tu estandarte extendido,
sábana de paz aleteando al compás del poderoso y rítmico eco
que el pálpito de tu pulso, generoso y, aún, todavía, aturdido
por los menoscabos que tus pasos, aún escasos,
van absorbiendo, desde la arena a tu huella,
desde el agua salada a tu dulce planta, a tu carne aún joven, a tu alma, magna aun tierna,
imprime en el libro del orbe.

…Que no lo debilite el rompiente de las olas de los mares ajenos,
que las lenguas de sus mareas, brillantes, amplias,
aun vivíficas como páginas de agua,
tan sólo te laman las heridas. Si es que tienes que sufrirlas.

(Sofía Serra 14 agosto 2009)

Un pequeñísimo homenaje a D. Francisco de Quevedo

(Pequeño porque su Arte fue demasiado grande para cualquier acción que yo pretenda, aunque sea homenajearlo)



No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca o la frente,
silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

Hoy, sin miedo que libre escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.

En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.

pues sepa quien lo niega y quien lo duda,
que es la lengua la verdad de Dios severo,
y la lengua de Dios nunca fue muda.


[...]

Comienzo de "Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a Don gaspar de Guzmán, Conde de olivares, en su valimiento". Francisco de Quevedo



Hace escasos días, visitando una de la miríada de redes sociales culturales que existen por este panorama actual de Internet, aprovechando por supuesto que ya dispongo de buena conexión que me permite navegar con prontitud, "asistí" a una "sesuda" discusión en la que se planteaba si en el arte, en ese caso la literatura, era mejor lo poco o lo mucho. Aturdida , y algo perpleja ( aún, debo reconocerlo, me dejan descolocada estos "encuentros" con disquisiciones que YA el Hombre ha dejado más que solventadas a lo largo de su Historia como ser capaz de fabricar Arte) la leí, para terminar, como siempre suele sucederme, escandalizada (no termino de acostumbrarme) por, simplemente, la supina ignorancia que destilaban las opiniones allí vertidas, y no por falta de posibilidad de acceso a la cultura, al conocimiento), y que ronda todavía por este ser humano que pretende, intenta, no lo logra y encima se cree. Me entraron unas ganas casi imposibles de controlar de registrarme en la red sólo para añadir a la discusión la siguiente pregunta:

¿Han oído hablar alguna vez de D. Luis de Góngora y de D. Francisco de Quevedo, del culteranismo y el conceptismo ?

Era una pregunta dirigida a todos, o al menos a la mayoría, recurrentes seres humanos expertos en la escritura, y, sobre todo, en la acudida a intensos y, por lo leído, serísimos talleres literarios, todos no gratuitos. No tengo nada en contra de ellos, los talleres literarios, salvo el hecho de que me parecen solamente negocios experimentados en el arte de sacar dinero a, la mayoría de las veces, inocentes, o ignorantes, personas que piensan que por acudir a lecciones sobre el arte de escribir, pueden automáticamente convertirse en escritores, y aún peor, negocios, su mayor parte, no puedo generalizar, además de que vaya por delante mi desconocimiento, pues nunca he accedido a ninguno, ni virtual, ni físico, pero existen realidades que se pueden juzgar tan sólo por los resultados que producen, que se dedican a exprimir a personas que, por padecer graves o leves transtornos psicológicos, acuden a ellos para intentar aprender una técnica que puede resultarles positiva como tratamiento para su enfermedad. En resumen, SACAMANTECAS. Eso es lo que considero que realmente son los llamados talleres literarios que tan de moda se han puesto actualmente.
Me pregunto siempre ante la contemplación del panorama actual que el arte de la escritura y la literatura presentan en este mundo mediatizado por la ingente globalización y consiguiente pandémica desindividualización del ser humano, y por consiguiente, y valga la reiteración, la inquietante incapacidad del mismo para ubicar las cosas en el propio sitio que les corresponde, si, estas personas, que por casi cualquier circunstancia sienten en algún momento la necesidad y el gusto de escribir han empezado por leer. Es la pregunta primera, la originaria, la más simple que acude a mi pensamiento. A partir de ella podemos concluir en, como si de un cono de deyección se tratase, una casi inundación, por la gran cantidad que a continuación me sobrevienen.
Desde mi punto de vista, de lectora, es muy grave el daño que se le está haciendo a la literatura en particular, y al arte en general, desde este medio que es Internet, aunque hace años contemplé esperanzada sus inicios por, exactamente, todo lo contrario. Hoy pienso que no correrán ríos de sangre (aunque gotas de la misma, poéticamente hablando, se deslizan ya) y que de alguna forma, como siempre sucede con todo lo humano, las aguas volverán a su cauce.
Recuerdo cómo leyendo la novela "Juliano el Apóstata" (Gore Vidal), me encontré con las reflexiones que el propio hacía, por boca de alguien cercano al futuro emperador, sobre el problema de enseñar a leer a lo que entonces llamaban el pueblo. Recuerdo cuánto se ha luchado a lo largo de los siglos, por parte de algunos seres humanos, por hacer extensivo el acceso a la cultura a todo Hombre independientemente de su condición social ( e incluso de género); recuerdo cómo yo misma abogo una y otra vez por que es sólo la cultura (el conocimiento por parte del ser humano de lo que ha hecho y lo que es) lo que nos puede ayudar para intentar lograr un mundo mejor, más justo para y con todos; recuerdo como en una época como aquella que se conoce como la de la Paz del imperio, la Pax Augusta, cuando Augusto llegó al poder en Roma, existió una especie de afán escribidor que se manifestó en la abundante literatura que conservamos de su época. Y, por último, hoy mismo he recordado, pasando a mp3 una canción de Paco Ibáñez en el Olympia, cómo el propio Quevedo satirizaba sobre las modas por el arte literario que en su propio siglo se desarrollaban.

Resulta de sobras conocida la interpretación por la cual, en épocas de crisis, esto es, en épocas de cambio, el ser humano necesita viva y ardientemente dejar manifiesta expresión de sus sensaciones, afanes, sentimientos y pensamientos, ya sea mediante la palabra o mediante cualquier otro lenguaje. Esto normalmente repercute en el logro de una abundante producción artística que conlleva la contemplación de la citada etapa como una ídem dorada de la cultura.
Esperemos que resulte así, y que el cernidor de los años no tarde demasiado en actuar, o que los puros negocios mercantiles, por siempre y para siempre reñidos con el Arte, y entre los que incluyo a la mayoría de las editoriales actuales, de cualquier tipo, ya físicas, ya "virtuales", no estropeen las supremas intenciones de un ser humano que puede y debe hacer las cosas BIEN.
O que los seres humanos no se dejen ensuciar, tentados por el engaño al que el exceso de vanidad les lleva.

Este post quiere ser un pequeño homenaje a Quevedo, pero igualmente podría hacerlo extensible a cualquiera de los miles de escritores, esos que llamamos clásicos, que, lamentablemente, por mucho que sus nombres suenen, y a la vista de lo que se contempla, pocos seres con pretensiones de ser escritores han leído en su vida (que se atrevan a confesarlo o no, resulta ya cosa distinta)

Decía Quevedo al final de su soneto "Receta para hacer soledades en un día" (Obvio que iba dirigido contra Góngora, pero hasta esta enemistad resulta hermosa de contemplar a la vista de lo que manifestaron artísticamente uno y otro poeta):

[...]

Que ya toda Castilla,
con toda esta cartilla,
se abrasa de poetas babilones,
escribiendo sonetos confusiones;
y en la Mancha, pastores y gañanes,
atestadas de ajos las barrigas,
hacen ya cultedades como migas.


(Francisco de Quevedo)


De más está decir que sólo habría que sustituir los nombres de los lugares geográficos por uno más "global", ya sea el de nuestro propio planeta o Internet.

(Sofía Serra, Agosto 2009)

jueves, 13 de agosto de 2009

Una animalada más

Título de la fotografía: El gato sordo


El gato sordo

El gato dormido que duerme,
o el sordo, o aquél de tres patas envenenado
desde su mismo engendro por la luz de los hombres
que contaminaron el nido lleno de su madre,
tan siempre alteradores nosotros,
vuelve para, ¿avisarme o sólo aseverarme?,
en todo caso, vuelve, me habla con sus azules ojos 
de la verdad que se me posa como gato panza arriba, deshaciéndome.
Yo, o él, o alguno de ellos,
que son casi  mutante trinidad divina, 
alimentan este vaho interno.


Cuelgan amarillas las cornucopias exuberantemente dispuestas
sobre estas paredes ya no paredes de tumba.
… Aunque un gato muerto que sobreviva, no parece el mejor sortilegio,
¿o tal vez sí?
Siete vidas, siete, ¿cuántas llevará gastadas mi alma?
Gato que maúlla sin haberse oído nunca.

(Sofía Serra 2009)

miércoles, 12 de agosto de 2009

Áspides , elefantes y demás animaladas de la Poética

Título de la fotografía: "Pilistra" asilvestrada

Esta fotografía, y el concepto que la subyace, como es natural, se relaciona con otra que hice algunos meses y publiqué en esta entrada y como es lógico con el transfondo al que aluden las palabras que vertí en forma de poema algo prosado, puede ser, sobre tan señera planta, la aspidistra, como todos sabemos llamada así porque sus hojas recuerdan en su forma a la cabeza de un áspid extendida.
Los caminos de la creación son inescrutables, pero casi siempre, una vez realizados (sería de "no seres humanos" que su meta pudiera ser prevista), tienen su representación en esa "otra vida" física que llevamos. Algo así al menos me ha hecho sentir la elaboración de esta fotografía, como la de tantas otras y tantísimos poemas, y no puedo por menos que recordar las palabras que ayer mismo leí, creo que extraídas de la propia novela, "dichas" por el propio autor, mi querido y admiradísimo Don José Saramago que, en su última novela "El viaje del elefante" habla de que "siempre acabamos llegando a donde nos esperan". Y se me ocurre añadir, y lógicamente no por corregirlo, que a vista de lo vivido, y viceversa.
 
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El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.