Solenostemon II
Solo nos tenemos,
sólo a nos
tenemos.
ni yo a ti
ni tú a mí.
Y quién de nos,
tú-o y yo-a,
quién se aventa de los dos
para dar el paso al grano
trigo del otro y su fruslería
de entibio con la muerte
del tú y el yo. Y el nos,
qué me bendices que
sólo un hasta tú y hasta yo
penetra la soldadesca
anunciada por algunas colinas
con su lomo azul o amarillo
recortado en el fondo blanco
de algún lienzo que no deduzco,
aún no deduzco,
qué solitario magnífico
bendecirá el sosegado encuentro
entre la juventud del cordero
hecha madre
de todas nuestras legiones,
esas que llegan a combatir
la soledad y la espera
de otras tantas legiones
de muertos u ocupados
por el prejuicio.
Tú clamarás ante ti,
como yo clamaré ante mí,
por el ejemplo del llanto en vena:
mendigar hasta que nos ablanden
el paso por la tierra o lar
de todos los malditos
y los bendecidos por dios,
o la hormona a-genérica
de la comprensión,
tan ausente.
lunes, 5 de agosto de 2013
viernes, 2 de agosto de 2013
Son del Sitio
Son del Sitio
Son del sitio la encina
y la voz
del eco
al sur
oigo la sierra de Aznalcóllar
con su boca y con su pecho
—es el mío de mi frente, y lo era—
de mi norte que imanta
mi cabeza buscando
la enana blanca del día
recién levantada
la mañana de su son
de la noche y yo
una sombra de nostalgia
y un aullido de mi centro
que cabalga solo
sobre mis piernas
y el olor que no se pierde
en las fosas sinoideas
de la lumbre en la candela
y el humo y la llama
y el olor a tierra
y a rostro del mundo
poniendo su culo
por montera delante
de mi cara. La cabra
reseca y borracha
de nostalgia de nada,
nada más que adelfas,
y yerba dura y recia
de falta de agua
y el aroma verde
de verdad de amor
de un mundo y de yo,
y yo, y yo y la tierra sin nombre,
y yo sin nada salvo él,
su eco.
Son del sitio la encina
y la voz
del eco
al sur
oigo la sierra de Aznalcóllar
con su boca y con su pecho
—es el mío de mi frente, y lo era—
de mi norte que imanta
mi cabeza buscando
la enana blanca del día
recién levantada
la mañana de su son
de la noche y yo
una sombra de nostalgia
y un aullido de mi centro
que cabalga solo
sobre mis piernas
y el olor que no se pierde
en las fosas sinoideas
de la lumbre en la candela
y el humo y la llama
y el olor a tierra
y a rostro del mundo
poniendo su culo
por montera delante
de mi cara. La cabra
reseca y borracha
de nostalgia de nada,
nada más que adelfas,
y yerba dura y recia
de falta de agua
y el aroma verde
de verdad de amor
de un mundo y de yo,
y yo, y yo y la tierra sin nombre,
y yo sin nada salvo él,
su eco.
jueves, 1 de agosto de 2013
Negadas vacaciones
Negadas vacaciones
todos salen de su patria
todos vuelven a su patria:
vacación se llama,
vacancy,
vacante,
disponible
lo vacío,
la libertad
lo llaman.
vacantes, están todos
bacantes, vagantes
vacíos
de sí. no de
vacación. Vocación
disponible
busca ocupante
libre.
todos salen de su patria
todos vuelven a su patria:
vacación se llama,
vacancy,
vacante,
disponible
lo vacío,
la libertad
lo llaman.
vacantes, están todos
bacantes, vagantes
vacíos
de sí. no de
vacación. Vocación
disponible
busca ocupante
libre.
miércoles, 31 de julio de 2013
Solenostemon I
Solenostemon I
De qué querré yo hablar
que no seas tú.
Para qué nací sino
es hablar de ti.
Por qué acataré sino
es para verte venir
bajo tu camello de estrellas.
un hombre se sitúa en la esquina
opuesta del universo
—es cuadrado, como nosotros—,
habituados a su soliloquio
no lo oímos. Las sienes
se nos abren y nos nacen
agallas sin blindaje:
Bucearemos a pulmón
abierto y libre a-
las sales del
océano
con su efervescente molestia
y superaremos el escozor
de la huella indeleble del atisbo
del centro de la coraza imantada
antes de que naciéramos
sobre este colchón de muelles
herrumbrosos y chirriantes
vértices de la materia
en su aposentadero provisional
camino de la vía de la muerte
en el otro
aire,
sol
en el cuadrado y un nombre
vigoroso y húmedo para las plantas
de nuestro pies
que se posan como plantígradas
osas en la vertiente arenosa
del paraíso en la Tierra.
nuestra labor de humans, baby,
concita esmeraldas fúlgidas,
minas de carbón sellado, conmiseración
traducida en el borde (borde, afuera)
de la envidia nauseabunda, el miedo
feroz y horror vacui en nuestro hemisferio
celeste, qué más, qué más quieres, bendito
hermano que tu hermano a tu lado
y sus ojos respondiéndote
como centelleantes mansardas
donde puedes descansar tus miembros
y tu corazón blando de hombre sin medusa,
sin fehaciente sortilegio
porque piedra jamás podrás ya ser, ni siquiera
habitante de una tierra
media.
me claudiqué,
quise cerrar,
cerré. me olvidé
de mí cantarás si grito
a toda voz de tu boca
no resuena sobre cada piedra la escarpada
lumbre, y la cordillera, ya la ves,
cómo se dobla y se extiende a tus pies
adorándote, hombre mío,
¡yo misma hombre!,
yo mismo cordillera…
llorarte me fue regalado
airear tus sales, orear
la flama de tu apéndice
encendido, reventar
en el orgasmo de luces
que al universo deja ciego,
tu abrazo de amor entendiendo
tu miseria de átomo moribundo,
qué digo átomo, quant, ni atisbo
bendecimos, mas sólo
nos tenemos
a nosotros.
amén.
(alguna ligera variación ha sufrido con respecto a la versión publicada en "Signos cantores", nada sustancial. Acababa de escribirlo cuando cerré esa selección que me propuso Carmen Karin Aldrey para sacarla en la editorial de Belkis Cuza Malé, Linden Lane Press. Quise incluirlo como final de ese libro. Con él, sin embargo se inicia Solenostemon, el poemario al que pertenece y que en estos días he comenzado a corregir.)
De qué querré yo hablar
que no seas tú.
Para qué nací sino
es hablar de ti.
Por qué acataré sino
es para verte venir
bajo tu camello de estrellas.
un hombre se sitúa en la esquina
opuesta del universo
—es cuadrado, como nosotros—,
habituados a su soliloquio
no lo oímos. Las sienes
se nos abren y nos nacen
agallas sin blindaje:
Bucearemos a pulmón
abierto y libre a-
las sales del
océano
con su efervescente molestia
y superaremos el escozor
de la huella indeleble del atisbo
del centro de la coraza imantada
antes de que naciéramos
sobre este colchón de muelles
herrumbrosos y chirriantes
vértices de la materia
en su aposentadero provisional
camino de la vía de la muerte
en el otro
aire,
sol
en el cuadrado y un nombre
vigoroso y húmedo para las plantas
de nuestro pies
que se posan como plantígradas
osas en la vertiente arenosa
del paraíso en la Tierra.
nuestra labor de humans, baby,
concita esmeraldas fúlgidas,
minas de carbón sellado, conmiseración
traducida en el borde (borde, afuera)
de la envidia nauseabunda, el miedo
feroz y horror vacui en nuestro hemisferio
celeste, qué más, qué más quieres, bendito
hermano que tu hermano a tu lado
y sus ojos respondiéndote
como centelleantes mansardas
donde puedes descansar tus miembros
y tu corazón blando de hombre sin medusa,
sin fehaciente sortilegio
porque piedra jamás podrás ya ser, ni siquiera
habitante de una tierra
media.
me claudiqué,
quise cerrar,
cerré. me olvidé
de mí cantarás si grito
a toda voz de tu boca
no resuena sobre cada piedra la escarpada
lumbre, y la cordillera, ya la ves,
cómo se dobla y se extiende a tus pies
adorándote, hombre mío,
¡yo misma hombre!,
yo mismo cordillera…
llorarte me fue regalado
airear tus sales, orear
la flama de tu apéndice
encendido, reventar
en el orgasmo de luces
que al universo deja ciego,
tu abrazo de amor entendiendo
tu miseria de átomo moribundo,
qué digo átomo, quant, ni atisbo
bendecimos, mas sólo
nos tenemos
a nosotros.
amén.
(alguna ligera variación ha sufrido con respecto a la versión publicada en "Signos cantores", nada sustancial. Acababa de escribirlo cuando cerré esa selección que me propuso Carmen Karin Aldrey para sacarla en la editorial de Belkis Cuza Malé, Linden Lane Press. Quise incluirlo como final de ese libro. Con él, sin embargo se inicia Solenostemon, el poemario al que pertenece y que en estos días he comenzado a corregir.)
domingo, 28 de julio de 2013
SER-LO
SER-LO
una ciudad completa
se vacía en las manos de la tierra,
en sus costas y en sus valles,
en las laderas de las montañas
jugando a ser niña o tal vez
obús que desvincula a la roca
de su magma y su raíz
permanece siempre activa
horadando. Mensajes que el mar
nos trae a la vez que culmina
su paso. Porque el mar
acaece y se sucede, pasea
contemplando cómo
la marea se le viene encima,
y hubo un día
en que dejó de ser
dios para ser
nuestra cloaca,
¿y no, no significa
eso ser dios,
ser-Lo?
una ciudad completa
se vacía en las manos de la tierra,
en sus costas y en sus valles,
en las laderas de las montañas
jugando a ser niña o tal vez
obús que desvincula a la roca
de su magma y su raíz
permanece siempre activa
horadando. Mensajes que el mar
nos trae a la vez que culmina
su paso. Porque el mar
acaece y se sucede, pasea
contemplando cómo
la marea se le viene encima,
y hubo un día
en que dejó de ser
dios para ser
nuestra cloaca,
¿y no, no significa
eso ser dios,
ser-Lo?
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