miércoles, 20 de marzo de 2013



tanta calma deshecha
al abrigo de tus prisiones
o presas o presiones suertes.
me desmadejo llegando

mientras hizo sólo sufrir.
te soplo discretamente
cabizbaja y ojerosa
se adhieren a mis costillas
hombres hermosos ha, se los llevó
la enfermedad pandémica
de

darte el lugar

tiene nombre
de silencio, óbito
de una propia muerte.

… En qué consistirá ser tú.

el mar y la estocada
en la arena…

la redundancia absoluta
y el desencuentro constante
encuentro de mi absoluto.

Sofía Serra (De Suroeste)

La injusta milicia de los ajenos besos

La injusta milicia de los ajenos besos

qué pena,
qué pena que hayas escapado de los riñones
para atesorarte en el vaivén de las mejillas
excretadas a golpe de sable
sobre la que menos puede,
sobre la que menos vende
pena,
qué pena que tu boca durmiera
entre salvas de cañones
cuando la lentitud del paisaje
muerto corría a hurtadillas
te salvaba milagrosamente
de no caer a palacio,
te enlodaba en la vía terrena
de los amores inhabitables,
las escaramuzas de las bocas
cuando mal dicen lo que de buena
tu boca gemela de playa
besó de tus sienes
la tu blanca y valiente audacia
que ninguna letra negra enmudecía.

y las palabras se desvanecen en la esfera
del grillo que yo miro cómo canta a lomos
de la esdrújula que lo descabalgará
de su trono de yerba, almizcle y rocío.

Navegábamos hacia puerto sin bandera
y tú te quedaste en la nieve de las vetas
de un verano que se congela enfogado
sin melenas de leones,
con calvas de plástico (ni siquiera las llanuras resecas del Serengueti
—han corrompido mi tierra—)
y vestidos de esqueletos
vesánicos listos para enlutar
nuestra única selva sana,
nuestro único bosque habitable,
nuestra única marisma
que pena, qué pena, qué pena
que sólo ciego a vida
la poseas en la gota de la lluvia
blanca que no ha llegado,
qué pena de tordo liberto
hoy o aquí, ayer o allá
sin nombre tuyo o mío.

la injusta milicia
de los ajenos besos.

Sofia Serra ( De Suroeste)

martes, 19 de marzo de 2013

El puma paseante


El puma paseante
A un amigo que se me ha ido demasiado pronto,
a Paco Gamero.

paseaba hundido a puma
entre el lomo de sus sienes
y los bajos de sus bolsillos
tan enormes como las clavículas
de sus ingles de un inglés tornado
clavo a salvo de tímidas luces
que le aventaba el pájaro azul
de su vientre, de su sino,
un amor a sosa solitario
siempre cáustico
en el reojo de sus manos
rosas de madera y tanto Pumarejo,
tanta Geografía y tantos edificios
con sus cristales tan limpios
como los vasos que vaciaba
y a mí y a sus cigarros nos quedaba
el dulce agrio de un aire azul
entreverado con los quince
años sabios sin saber
si cantaba claudicando
o me sonreía desde algún lugar
de mi sueño, no sé si el cielo
para él, seguro,
un lugar a salvo
de tanto puma y rejones
de amor,
que no pudo dar
ni obtuvo.

Sofía Serra (De Suroeste)

lunes, 18 de marzo de 2013

Letanía afrodisíaca

Letanía afrodisíaca


Afrodita–mente I

Afrodita, la de huesos perennes
y salud de hierro y elástica sangre.
Afrodita, la hacedora de sienes.

Afrodita–mente II

Afrodita, de cuerpo como estrella.
Afrodita, la de los ojos grandes.
Afrodita, la desmembrada y ojerosa.

Afrodita-mente III

Afrodita, la del negado a-dios
o manto memoroso.
Afrodita y el agua de perfil.
Afrodita, la seductora
de raíces. La de profundas huellas,
y potentes piernas. Afrodita
arbórea y terrena

se mudó más allá del sol
y el humo, como los barcos
que se sucedían
—como en cascada caían,
como en cascada—
imitando el canto de las piedras,
extendiendo los arrozales,
cavilando duermes
como ventisquera muda
hacia el soplo se huye,
hacia el sur y el oeste.

Afrodita, la de manglares brazos.
Afrodita, la de terrizas manos
y acuosas sienes. Afrodita,
la que permanece y la que llega.
Afrodita continental
y continente. Afrodita,
la sureña con norte de orbe.

Afrodita, la deicida.

(Sofía Serra, 2012-2013)

sábado, 16 de marzo de 2013

es peso de la historia (el peso de la historia)

es peso de la historia (el peso de la historia)

sobre tu lomo
tan blando y deslamido
el alma endurece como un
bastión alejado,
que de qué
sirve su único lamento
de salve y solitaria magnífica
más que para amortiguar
las olas confusas
del miedo en los oídos.
tan lejos te ahuyenté
que ya no queda
relieve del agua
al que asirme.
escalo esta horizontal
de piedra mojada.
Mis yemas florecen en el grito.
mas son los de ellas
ajenos a la estación primera.

No hay primavera
que vomite una perséfone
dormida por los siglos
que unos y otros unos
tras otros quiénes
delante de quienes
llevamos a cuestas
dormidos por los siglos
de nuestras venas
sin amén.

Sofía Serra (De Suroeste)
 
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