martes, 28 de junio de 2011

Mudez

Mudez

La clínica práctica,
la hospitalaria endecha,
el séptimo reclamo: Porque no tienes sed.

Si el pulmón a toda sed
de concupiscente dorso,
la cadavérica endorfina
de luminiscente serigrafía
estampada en el palmo de tu hombro
a tu espalda, ésa que desde la roca
yo agito masajeando tu piel
dolorida y macilenta
por la inquietud de la piedra
que cae redonda e inerte
hasta tu mano aplastándola,
tu brazo extendido al volumen
de tu cuerpo que se conmueve.
Todo antes de que,
todo antes de que
el exacto discurso del futuro
viniera a posarse ante tus piernas.
Parece que la tierra se atragantó
con el guisante y éste sortea verde
los rizomas de tus iris turgentes
y ávidos de agua se estrellan
contra la roca
redonda y una,
redonda y pesa más que la misma lengua
que colma tu boca de sed.

*

Hombre sin brote ni rama
que averigüe el silencio
hacia dónde clamas
hasta cuándo callas
en esta equidistancia posible
entre mi vientre y tu pubis
se desenreda la maroma del silencio.

*
Ya rastrean los ruidos de la noche
acongojadas clepsidras de luz avituallan
la lujuria de la yerba borracha
de salmos cantados por el rocío.
Peinar la tierra con las puntas de mis dedos
hasta que el cielo horade las bocas.

*
Tal vez y una aquella
nariz en la yema de mi índice,
¿qué moverá tu corazón?,
¿a qué sabrán los girasoles crudos?
Cuando quiso el mar, refrescó
mis cansados pies.
Allí un yo construyendo torreones
con los muebles de la oficina
hasta que el patinete, lanzadera
universal de todos los movimientos dados,
derrengó  tu boca. Pasillo a la luz.

*
Se me quedaron pequeñas las zapatillas.
Crecer aplastada conlleva sus inconvenientes.

*
Algún día os diré del amor,
cuando yo muera o cuando vacíe la tumba
de toses almadrabas escupiendo
arena en este estrecho espacio.

Sofía Serra. Junio, 2011

viernes, 24 de junio de 2011

El amor es una calleja cierra

El amor es una calleja cierra
de donde sólo se sale
con los pies multiplicados
por delante.
Nada tenía, nada me quitaron
los vendavales delinquieron
a cuchilladas juntas en cada costilla
y las ingles cercenaron buscando la general
de mi aorta hurgando en mi vasto pecho:
entre mi frente y mis plantas
te ubiqué regurgitando mi sangre sana,
sola abasto, sola mísera la dádiva
de los periódicos y los herrajes
que sobre tu regia mente y mi cóncava cabeza
depositaban los hunos de la noche de afuera,
vándala la risa de las ciudades y de las otras hormigas
¡esa marabunta que nos asesinó cuando
nos atrevimos a dormir sobre los cartones
que defenestraban! Tan generosa fue
su tirar la casa por la ventana…


Yo creo que aún andamos expiando,
callejón arriba, callejón abajo,
el crimen sin escena, sólo
por no desahuciarla, sólo
por no dejar vacía
esta calleja que el mundo da de lado.

Sofía Serra, 24 junio 2011

Árbol de una sola hoja

Árbol de una sola hoja

Agradece se te haya dado vida
para contemplar varias primaveras
cuando tú no has consentido
en despojarte de la hoja
ni una sola vez que quieras
o no sólo has sido invierno
que hiela flores abiertas.

(Sofía Serra)

jueves, 23 de junio de 2011

Nueva geografía

Nueva geografía

Meridión

¿Jueves de Corpus?
Cuerpo de jueves.
Tu cuerpo, bendito
jueves de la semana de mi vida,
siempre en medio, siempre entre mi deseo
y el meridiano de tu piel, custodia de mi eucaristía.
Bienquerido.

Septentrión


Nunca es tarde cuando el calor aprieta.
Nunca esos siete bueyes,
que aran más allá de donde nuestros ojos,
nuestros ojos frenados por la curva del horizonte, alcanzan,
dejan de trabajar aunque el sol descanse.
Mi certeza no reside en mi sueño,
sino en la vigilia de ese paraíso
dormido por nadie.

(Sofía Serra)

miércoles, 22 de junio de 2011

Célibe Afrodita

(Correcciones "Los parasoles de Afrodita". A salvo de las que surjan con posibles revisiones, lo doy por terminado... arfgh... :D)


Célibe Afrodita

No me caso con nadie.
Y me despeñaré,
imparcial y ufana,
clara y complaciente
con la piedra,
piedra, piedra que hinca,
clava la zarza y llora la saya,
que allá voy yendo y cayendo en el arrojo
bronce de las retamas
que desgarran con señas
la piel de mis zancas
de fémures rotos y quejigo
que insta y que quema
la paja de guardia.
Duermo, sueño:
Fundido en negro.


Los bajíos del óseo marino vadeo,
las simas abisales calientes,
las cárcavas de sales salvos
los saldos triangulares y minerales
que espinan y traspasan:
simiente de grava bajo las hullas de las Eras
goza
fornicando al aire,
que no aúlla,
que no abre fauces a la marina dentellada.
Ese nigromante en do menor,
con bemoles secretos bajo las axilas
de un tú ya agostado, ya sometido
al grave sol,
adquiere semblante.


Conmigo me quedo con voy de ti,
¿cuándo me encontraré?
Allá por donde surque la Belleza,
que del ombligo brotas,
flor abierta llaga en vela
que del suelo al cielo cae.

Sofía Serra, 2010
 
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