jueves, 13 de agosto de 2009
Una animalada más
El gato sordo
El gato dormido que duerme,
o el sordo, o aquél de tres patas envenenado
desde su mismo engendro por la luz de los hombres
que contaminaron el nido lleno de su madre,
tan siempre alteradores nosotros,
vuelve para, ¿avisarme o sólo aseverarme?,
en todo caso, vuelve, me habla con sus azules ojos
de la verdad que se me posa como gato panza arriba, deshaciéndome.
Yo, o él, o alguno de ellos,
que son casi mutante trinidad divina,
alimentan este vaho interno.
Cuelgan amarillas las cornucopias exuberantemente dispuestas
sobre estas paredes ya no paredes de tumba.
… Aunque un gato muerto que sobreviva, no parece el mejor sortilegio,
¿o tal vez sí?
Siete vidas, siete, ¿cuántas llevará gastadas mi alma?
Gato que maúlla sin haberse oído nunca.
(Sofía Serra 2009)
miércoles, 12 de agosto de 2009
Áspides , elefantes y demás animaladas de la Poética
Esta fotografía, y el concepto que la subyace, como es natural, se relaciona con otra que hice algunos meses y publiqué en esta entrada y como es lógico con el transfondo al que aluden las palabras que vertí en forma de poema algo prosado, puede ser, sobre tan señera planta, la aspidistra, como todos sabemos llamada así porque sus hojas recuerdan en su forma a la cabeza de un áspid extendida.
Los caminos de la creación son inescrutables, pero casi siempre, una vez realizados (sería de "no seres humanos" que su meta pudiera ser prevista), tienen su representación en esa "otra vida" física que llevamos. Algo así al menos me ha hecho sentir la elaboración de esta fotografía, como la de tantas otras y tantísimos poemas, y no puedo por menos que recordar las palabras que ayer mismo leí, creo que extraídas de la propia novela, "dichas" por el propio autor, mi querido y admiradísimo Don José Saramago que, en su última novela "El viaje del elefante" habla de que "siempre acabamos llegando a donde nos esperan". Y se me ocurre añadir, y lógicamente no por corregirlo, que a vista de lo vivido, y viceversa.
Los caminos de la creación son inescrutables, pero casi siempre, una vez realizados (sería de "no seres humanos" que su meta pudiera ser prevista), tienen su representación en esa "otra vida" física que llevamos. Algo así al menos me ha hecho sentir la elaboración de esta fotografía, como la de tantas otras y tantísimos poemas, y no puedo por menos que recordar las palabras que ayer mismo leí, creo que extraídas de la propia novela, "dichas" por el propio autor, mi querido y admiradísimo Don José Saramago que, en su última novela "El viaje del elefante" habla de que "siempre acabamos llegando a donde nos esperan". Y se me ocurre añadir, y lógicamente no por corregirlo, que a vista de lo vivido, y viceversa.
martes, 11 de agosto de 2009
Dos fotografías ( y una nana) para una misma conciencia

(Picando en la imagen pueden visualizarse las fotografías en mayor tamaño, y por tanto acceder a la lectura de sus títulos y fechas de realización)
Nana del Poeta
Al ritmo de la pautada sinergia de la que brota mi poesía,
convoco a todos los fieles ilustrados en las piedras y las amargas yerbas
a lanzar el último envite,
el salto hacia el barranco en el que todo se vierte, en el que
todo puede ser descubierto,
vertedero de nuestras semblanzas, las claras y las opacas.
(Ea ea, duerme ya, mi querido ser valiente.)
Permanezco, siempre tan muda como la obstaculizada.
Mas no des-vivo.
Al contrario, el sinvivir determina al no ser en movimiento, sindicado en sus propios protocolos que lo designan como autosuficiente.
(Ea, ea, duerme en paz, mi querido ser, a ver si consigo desvanecerte)
Cambiamos de rumbo, invariablemente hacia el porvenir, ajustando la brújula interna,
como si ella pudiera equivocarse,
imantado aquél,
tórrido origen,
hacia el norte sobrecultivado.
Yo clamo por un sur por desenterrar, por el honesto sur habitable.
Yo lloro por el sur,
el sur de todas las especies, hasta el de las que sobrevuelan el nublado cielo de agosto orientándose ya hacia la duermevela del trópico.
El sur desde aquí es caliente.
Desde allí, embarranca en los hielos como navío a la deriva y al pairo de los australes.
A ver si resulta que, sólo por habitar orbes esféricos, no acertamos con nuestro común Norte.
(Ea, ea, vamos a dormir a la vez, querido hermano.)
Sofía Serra (agosto 2009)
viernes, 7 de agosto de 2009
Oda la luz del Sur
La Inhumana (Oda a la luz del Sur)
Y de nuevo llegó la que ausenta al ritmo batiente de la tierra en su honesta simplicidad.]
La que a los pasajeros hace desbancar de sus humilladeros de asiento obligado,
a aquellos hijos de la paz que, por no pervertir su asimbiótica calma,
claman al silencio como único y obsceno dios,
difuso, perennemente difuso,
casi desoído a través de los raíles de su siempre establecida supervivencia, tambores lejanos sin espacio ni presente.]
La que luce como habitual aureola sobre frentes y ensortijadas bóvedas.
La que vadea, sinuosa y quebrada, incesante, conllevando los rondas con el tiempo,
los cauces,
para abrir los suyos convenientes, perpendicularmente a la medida sentenciada.
La que alumbra a golpes de azada.
La que nunca flaquea. La que nunca duda. La Inhumana.
Ella conformó estériles impenitentes sobre el ileso mármol, tan blanco como ausente de su longeva edad,]
y, aun joven, recién nacida, sonrosada su cabellera y su tez de día,
se comunicó con el sol que levanta los pretiles de color azul celeste del cielo iluminado.]
Y entonces, de nuevo, se autoconstruyó sobre las calles y las clausuras,
desorbitando a su paso,
paso travieso, paso al través del tiempo,
la premura de las torpezas cometidas bajo órdenes equivocadas.
Llegó la que rige sin cetro ni purpúreo manto orlado de armiño, la que gobierna con arengas verbadas al hilo de la cristalina sombra.]
Y así retumbó sobre el orbe como trueno veloz, quebrando los sonidos del tiempo,
allá por su enigmática linde con el horizonte: el espacio habitado por los hombres.
Llamó por su nombre a cada uno, a cada ser vivo y a cada ser muerto,
y proclamó, sin ambigüedades ni equidades, que Ella a todos pertenece y a cada uno atañe.]
El infausto silencio anhelado vistió a la faz de la tierra…
Y, entonces, sonó la campana de la espadaña.
(Que no te busco, que no te buscaba,
y, sin embargo, te encontré.
Embargada la que retorna ante tu propia majestad de ente inconcluso.)
(Sofía Serra 2009)
jueves, 6 de agosto de 2009
Entre-acto
Título de la fotografía: La calle encelada (Entre el cielo y la tierra II)¿Y cuándo no realizamos sólo bocetos?
Entre-acto
Aquí, sobre el canto rodado de esta higiénica situación,
granito labrado y ahuecado con el trabajo de los verdes siempre activos,
se levanta la escultura amena de una vida que transmite paz y presencia.
Comienzan los diluvios de azul fresco al anochecer,
breves y leves como el tiempo sobre mi carne, como la espuma saltarina de la ola
sobre su propio estómago de esmeralda lúcida.
Los adoquines cobran vida de entre acto,
actores liberándose de sus disfraces y maquillaje para permanecer más mudos que ante la platea.
Reservan, para el después, el interno tiempo que los mantiene vivos como muertos, a la espera de la liberación que les otorga el charco espejado.
Y de nuevo, se desperezan ante la experiencia de su lozana gallardía.
Conceden su alma al mundo.
Justifican para sí mismos su existencia.
Las piedras sobre piedras lamen las heridas de las perras,
animales sintéticos de auténtico peluche originario de los panes de la vida.
Culminan su tarea, de sustentadoras, proclamando alivio sobre la tormenta,
limpiando con su impermeabilidad las esquinas de las almas torcidas,
alabeadas en romboidal geometría, desconcertadas ante el súbito giro de la superficie terráquea que se rompe al compás del salto del eje sobre el eje:]
el sol caminando, paso tras paso, por la lluvia de planetas ensordecidos.
Se rompe el tiempo, que al fin y al cabo es mi compañero.
(Sofía Serra)
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