sábado, 5 de mayo de 2018

Transplantes (de corazón, de paisajes, de árboles...)





El escudo toscano

Este es el poema para amar
lo que no se conoce.

Sobre un sinople de tierra
Siena y tejas que se curvan
Por la mano del maestro
En levantar el skyline
De ciudades sobre colinas.
Nada habrá más
Que un muerto inacabado
Como mi cuerpo añadiendo
Pasos al puente viejo
Y los toldos de las lumbres
Respirando techo, agua,
Barro en un día de verano
Con olor a cañaillas
Y a blancos camarones
Como el mármol blanco.

El temblor volverá
A esculpir las murallas
Lirios de tus párpados,
Tantas esculturas, retratos de hombres
Sin mirada, sin vidrio
Transparente entre la piedra
De sus faces y la carne
De su alma.

Yo sin embargo
Siempre relacionaré
Mi estómago contigo:

Atravieso la medida de las colas
De los pájaros ya yéndome
Me espigo como un ciprés y te vengo
A mi suelo, tuyo eres
Pequeño y aquejado
Grande, sin cama
Blanda, blanco
Del numen dentro,
El habitual
Deshielo
Del mármol con forma
Humana.

(De "La exploradora")

jueves, 26 de abril de 2018

Dos limpiezas primaverales



Entropía

Cuando limpie mi casa,
el sitio,
cuando exhuma los restos,
los cadáveres malolientes,
y desaloje este perfil de tierra invertida
de todos los usos vocingleros,
cuando rehúse,
cuando anule,
cuando conciba la paz
sin paz conmigo misma.
Cuando hablando, ataje,
cuando llueva...
cuando llueva amor,
cuando vele el alba tu avenida
sin que yo me desvele,
cuando vuele sobre mí misma
ya olerá a otro muerto—muerta—,
y entonces me pregunto
para qué querré estar viva
sino para enterrarme
y así volver a limpiar el sitio,
mi casa,
El lugar.
Un mundo: tierra, aire, agua
y seres vivos que huelan,
y yo, la muerta,
apestando.

(De "Los restos")

viernes, 13 de abril de 2018

Abril mellado

Las hojas

pienso en luego si no existo
para qué tanto murmullo de orfandad,
si tú no existes, para qué tanto hueco
difuso el día, imperceptible la noche
porque una sola alma
hoy no se ha quejado,
hoy no ha roto el bostezo del día
ni su pereza, pienso
para qué despertar
hablar de día o noche si entre todos
todos me estorban aunque construyan
el día y la noche, y yo día y noche quiera,
pienso

abril mellado y solo se queja
ante mí como disculpándose
por mi existencia, no se ablanda
ni aunque lo machaque con su risa,
se contrae gélido sin horizonte,
se trata del mar de desdicha fruto,
se hace el tonto no mirándome,
me atormenta con su desprecio,
me abruma con su niebla clara,
me acosa dudoso de sí mismo,

la luz, las hojas, el amor sin sitio,
el sitio, el horror, qué habitado,
cuándo, cómo, por qué sin solución
posible, la supremacía airada
del sinsentido, la novela vital,
cada uno almacenado
durante esas botellas rotas
en el callejón sin salida de mis ojos,
la mirada, qué pena, la mirada
esparcida como si los ojos,
mis ojos, sus nervios, los cristalinos
convergiesen en el único centro
deseable del dolor, la muerte
del dolor, la fe mueve zócalos
donde las montañas se recrecen,
la muralla de aire,
el aire construido de miradas
opacas y tercas e inamovibles
como cada paso de piernas
extrañas, su camino,
no nuestro destino.
el amor, el amor, el amor,
la primavera tan lenta
como un magisterio del frío,
lo manso y nuestra locura.
el dolor.
el dolor.
el dolor.

el dolor se parece a ti
cuando sufres.
la luz -las hojas- mi dolor.

(De "Los restos")

martes, 3 de abril de 2018

Perdid@s



Perdido

llegarás tan denso y sintiendo
como sostenido te abarcas
desabrazándote llegarás
hasta este suelo de presente
lleno tan inmenso
que ni el sostén de todas las tierras
del mundo, ni las de marte, ni las esferas
gaseosas de los otros astros
consigan endurecerte
convertirte en magma, piedra, suelo, nada
eres cuando ames,
eres cuando tiempo,
eres cuando muerte,
eres cuando no siendo solo seas
tumba, predio, sitio, lugar
de otro mismo terreno hundido
bajo la era de lo que tumba
como muele el viento las hojas,
como muele el cielo el suelo,
como muele el alma el amor
sentido de un solo camino
posible: de dentro a dentro
perdido ya de uno mismo.

(De "Los restos")

jueves, 22 de marzo de 2018

Dos tesoros



El tesoro

Echarte de menos tiene nombre
de huerto, de tierra oscura
bienvenida a la luz tras el arado,
de oleaje amante de la arena
y sal de abrazo a la lluvia
sobre mi tierra, tú, echarte
de ningún lado, almarte
en cada pedúnculo de la flor
helada que no se aja,
echarte nunca ni a ningún cielo
aunque puedas volar como paloma,
como ángel de mar y limones,
un echarte de menos solo
y sola
significa un de ti más,
un de mí menos,
un alfanje de luz
en las minas del rey Salomón,
ese tesoro al que nunca quiero acceder
pero hoy poseo.

(De "Los restos")

viernes, 16 de marzo de 2018

Dar luces



Dar la luz

Solo me quedan mis piedras
y las lagunas de la memoria.
Solo el olvido de la tierra
firmemente figurada
y el presente de tu salto
de orilla a orilla de ese agua
remanente de la lluvia,
la soledad rosada de la aurora
y la compañía de mis ojos mirando
agradecidos tu reto al sol,
a las nubes, a la yerba yo
agradecida a tus pisadas,
a mi luz en el gozo
de habértela dado.

(De "Los restos")

sábado, 10 de marzo de 2018

Dos almendras



Almendra japonesa

Los restos y tanto frío
que me acosté a dormir
la penumbra del estómago,
lo que restaba y tanto frío
a dormir como si cielo
fuera el cenizo rojo y verde
de invierno que está triste,
muy triste con sus restos,
como las luces anglosajonas
bajo la niebla tan triste
como un suelo mojado
por la niebla,
algo sucio
nada puede
quedarse
asentado en él,
tan triste ese suelo
como la luz de las almendras
cuando se hielan y las hojas
de su árbol ya han caído,
ya han caído como las cortinas
del aire empujan mis brazos
como hojas caídas
hasta el suelo gris o verde
de la noche y el lamento frío
de la esperanza métrica
como ese fruto encerrado,
como esa cáscara dura
que no hay quien la rompa,
ni mis manos ni mis ojos, y quién,
qué si no debe romperla
sino yo, o yo dentro de ella.
Para qué, se pregunta el boreal
que la congela.

rumbo o derrota o victoria,
o intransigencia o victoria,
ser capaz, quizás solo
la nobleza del antiguo samurai
me delata. Con su espada
y su coraza.

(De "Los restos")

jueves, 1 de marzo de 2018

Sin nombre




Noname

De qué hablaré ahora
que ya no sé decir
nada porque todo
muero y vivo.

Dónde estás que hasta las piedras
cantan tu nombre, cómo,
cómo no sucumbir ante su límpida
melodía que atraviesa pulmones
de espanto cercenando, de un tajo,
cielos oprimidos por el peso
de un norte o un sur, un oriente
o un poniente centro se me centra
el amor entre mis pies clavo
la dicha, lo dicho
con tantas vicisitudes
que se funden en el olvido:
Vuela, vuela alto el pájaro entregado
al aire matutino, las hojas perennes
le devuelven el mudo devenir
de la luz entre sus alas, gobiernan
sin que ellas sepan ni sus músculos
adviertan el sistema nervioso
que las nutre de libertad,
paz para los hombres
de ancho vuelo amor
para amarse a ellos mismos
siendo solos siendo
mirlos, tórtolas, ruiseñores o buitres
poderosos que sobre el aire
caliente o frío clavan andando,
vuelan rotando la superficie de un mundo
sobre la que hoy camino
con estos pies ya desnudos:
Huelga el cielo, huelga la tierra
así como el infierno, huelga
el camino huelga estando sola
la luz y su paciente espera
a que el horizonte gire
para inclinarse o levantarse
según disponga ella, yo,

tú. Tú no tienes nombre.
Infrinjo sueño,
nido sobre hojas verdes,
obtengo suelo donde me poso
a pesar del llanto del rocío
del ciprés eterno extraigo
el supremo clavo con el que centro
el mundo sobre el que la luz
girar puede no olvidar
su ser
de cerca y dentro.

(De "Los restos")

miércoles, 21 de febrero de 2018

Conjurando a la lluvia



Noche iluminada

Así, sin imaginar la luz,
como un deseo batiente,
como abrigo en mí
tu amanecer de lobo joven
aullando alegre,
como la selva anudando el paso
de tantas vías que se extienden.

No cesa la noche de verter
lágrimas lloviendo el cielo.
Pero no las nubes grises, sino rosas,
no la tristeza roza el suelo
recio de adoquines. Sana
la lluvia haciendo
reír al aire como mi boca
se abre a la sonrisa blanca
de un día que aún no se conoce
ni a sí mismo.

Juegan las gotas a juntarse
para lamer la calle y las farolas
a divertirse vistiendo
de lamé dorado a las paredes.
Roto el silencio de la nube parda
canta el aire bajo el agua:
un infierno de alegría,
un cielo negro tan natural
como la vida misma asoma sus ojos
a mi alma también dorada,
llueve izando el día nuevo
con la escena satisfecha
de un sueño que canta
por bulerías mojadas
al compás de las palmas
de lo dicho y la dicha
presentida.

Con los barros y las piedras,
con el agua, con el aire,
con mis oídos
dibuja el cielo el suelo
que me ilumina y me hace,
si no más tuya, sí más blanda,
más fuerte, más brillante, más licuada
más alada con pies más bellos,
o sea, más de ti, más del cielo,
una especie de milagro
que solo acontece
al sonreír la noche
al sonreír a mi alma
que sonríe al futuro día
y la lluvia que él depare.

(De "Los restos")
 
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