viernes, 13 de abril de 2018

Abril mellado

Las hojas

pienso en luego si no existo
para qué tanto murmullo de orfandad,
si tú no existes, para qué tanto hueco
difuso el día, imperceptible la noche
porque una sola alma
hoy no se ha quejado,
hoy no ha roto el bostezo del día
ni su pereza, pienso
para qué despertar
hablar de día o noche si entre todos
todos me estorban aunque construyan
el día y la noche, y yo día y noche quiera,
pienso

abril mellado y solo se queja
ante mí como disculpándose
por mi existencia, no se ablanda
ni aunque lo machaque con su risa,
se contrae gélido sin horizonte,
se trata del mar de desdicha fruto,
se hace el tonto no mirándome,
me atormenta con su desprecio,
me abruma con su niebla clara,
me acosa dudoso de sí mismo,

la luz, las hojas, el amor sin sitio,
el sitio, el horror, qué habitado,
cuándo, cómo, por qué sin solución
posible, la supremacía airada
del sinsentido, la novela vital,
cada uno almacenado
durante esas botellas rotas
en el callejón sin salida de mis ojos,
la mirada, qué pena, la mirada
esparcida como si los ojos,
mis ojos, sus nervios, los cristalinos
convergiesen en el único centro
deseable del dolor, la muerte
del dolor, la fe mueve zócalos
donde las montañas se recrecen,
la muralla de aire,
el aire construido de miradas
opacas y tercas e inamovibles
como cada paso de piernas
extrañas, su camino,
no nuestro destino.
el amor, el amor, el amor,
la primavera tan lenta
como un magisterio del frío,
lo manso y nuestra locura.
el dolor.
el dolor.
el dolor.

el dolor se parece a ti
cuando sufres.
la luz -las hojas- mi dolor.

(De "Los restos")

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