viernes, 17 de julio de 2015

Y de nuevo de antes llega

Todo me lleva a él, el trampantojo de la luz y el agua y la sombra de la encina, las sillas blancas (aunque sean otras, ya sabes) el blanco y negro que me ha salido, todo vuelve a ese libro, a esos poemas. Los releo y me entran ganas irreprimibles de reescribirlos (anda que no les sobran palabras, je). Quizás deba hacerlo. Al fin y al cabo creo que es él que gobierna, el otro Él. Su timón siempre inclinado marca rumbo al cierre del Círculo, el eterno retorno, la espiral de Fibonacci, también del nautilus, ¡cómo no!, por el mismo lugar siempre sino que un paso más alto... Cualquiera sabe...
El caso es que aquí está.
Mi echarte de menos, como el de La presencia por la ausencia.


1 comentario:

Rob dijo...

Para vos, Sofía; contestando al poema de Dulce María Loinaz "La hora tuya":

Ay, Dulce María, llena eres de dulce ignorancia de la memoria mía...
Una hora dices, una hora de las veinticuatro que cosen el día.
Pero son más las horas que aquel su recuerdo me sorbe la mente, me corroe el alma, me crispa una arruga en las comisuras, me eleva a una nube fuera del alcance de Dulce María. 
Si tú supieras, buena amiga, si yo te dijera...

 
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