miércoles, 1 de julio de 2015

Asfixia


Asfixia

Desear morir para no vivir
el dolor tiene nombre
de instinto de supervivencia.


Cada despertar anuda
la luz de la mañana a mis ojos
el tirabuzón amargo de la tristeza:
no verte, no oírte, no saberte.
Cada despertar embuda
el canto de los pájaros
en la amargura que me queda,
el fracaso de la dulzura
ante la realidad penitente:
ver, oír, saber
del presente y del futuro
tan desesperanzados.
Un sin ti, un con todo
el dolor de la injusticia
como único aire respirable.

1 comentario:

Rob dijo...

Esforzada labranza, profuso regadío,  despunta un brote y dos mil en retahila, se estiran los tallos, se achaparran los cogollos, reptan las cucurbitáceas y los  tubérculos maduran bajo tierra. Unas gallinas picotean la gravilla y dejan sin tocar el grano fino de la avena. Un conejo mastica muecas desde el semillero de cebollas porque las tablas de palet fueron  barquillo entre sus dientes incisivos. Un golpe detrás de las orejas  y mañana el arroz con conejo humeará a la sombra de la parra. El postre serán unos higos reventones. Y la siesta.

 
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