martes, 25 de noviembre de 2014

El río viejo I

El río viejo I

Habituada a todo
tramo entelequias subidas
de nombre te engolfo, te encabo,
te arrío y encauzo, río bravo,
te avino el poniente
como lametón desde el juego
vendido entre cárceles.
Los cabezos se agrupan
en los márgenes de tu página
imantada por el sol de la lluvia,
cuando sólo soy yo,
blando y unísono excombatiente
de la guerra contra las piedras,
la venerable escritura de la montaña
que ríe pendientes con lamentos
por hacer qué queda.
Me abarco tan solo
sugiero la planicie que me ama.

habidas voces se inventan
solitarias, regueros de luces
que discurren sobre salientes,
las estelas de los caracoles
pavimentan los caminos
como luciérnagas del día.

Trasladé aminorando la marcha.

Ven y arróstrame
como muerto peso
pesado en tu balanza.
Sopórtame,
tus rodillas me aman,
soy blando lodo y mullido
suelo y solo para tu corona
de cruces.

Río enterrador de las tramas
ambivalentes, a un lado,
tú, al otro, el horizonte
amarillo y la soledad
o yo.

1 comentario:

Rafael dijo...

Hermoso este río bravo que nos describes en esta primera entrega.
Un abrazo.

 
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