martes, 18 de diciembre de 2012

Parménides fue mi primer amor que eres tú

Parménides fue mi primer amor que eres tú

es que necesito rei
vindicarte.
si estás ahí
estás
porque tú y yo
así lo quisimos
nos convino en un modo
esta especie
a nuestro modo
de hijos futuros de caínes
y abeles redomados
en sus encuentros de hienas
que solas miraban,
qué solas miraban
las leonas que se acercaban,
los leones que descansaban
ellas llevan las mismas tetas de mi sexo
ellas llevan los mismos te(s)tos de tu sexo.
Yo no amo a los alacranes
injustamente.
Yo en nada injusto te amo, hombre
recio, simbiosis
de la Costra en mis sienes
de cabezos.
Mas sí te necesito
en mi pecho unido
a mi cerebro amarillo.

Ella es la enemiga que creamos.
Y ella me ha robado
lo que más quiero
lo que más deseo,
lo que necesito,
a mi compañero en la vida
de esta física tesitura.

Qué te habrá robado a ti
Ella.

No importa seamos más
o menos Dios
diría si existe más allá
de los claveles y las fuentes.
Pero este lugar de presente,
siempre el sitio,
anhela su justicia de tiempo,
como ya te dije algún día,
nuestra compañía.
Y en él, si tú no hablas,
no hay luz que brille,
eje que la decline
o sombra que la represente,
fuera lo que dijera Platón
y todos los que tras él
malinterpretaron.

es
que yo me quedé allá junto
a los presocráticos,
a la intemperie
de nuestro
al final
primer
encuentro.

Sofía Serra

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