martes, 4 de diciembre de 2012

El alma del poeta

El alma del poeta

Es que te veo caminando
por donde yo anduve
sin saber
qué perseguía
sin saber
qué andaba
buscando,
que mirando,
te conocía.

ya los mirtos me jalearon
la osadía de romper
con la aurora, beber de los pozos
negros y hundir los bajos de mi alma
en el hueco duro de la encina,
y ahora los matojos, las piquetas
de la tienda y las esquinas de los cabezos
también cuadrados y rojos
me entristecen sin recordar
tu amarillo.
Será que sobre las margas azules
los naranjos no florecen.
A cambio las siempre vivas
blancas siempre casi grises
renacen desprendidas
de su arena isocromática.
la niña las recoge aprovechando
que el viaje se detiene.
Reúne el pequeño ramo
que la mujer blanca
lleva a su pecho.
Practica el gesto
de arrullar
el alma del poeta.

a estas bajuras de mi vida
me encuentro muy cansada
me detengo y siento
ser alguien que no desea
indicar el camino.
pero no tanto
como para no
acompañar
en él.

Ya que conocido, las margas
azules
guardan huellas de los cabezos
amarillos
gesticulan sus manantiales
irisados
alentando el alma
del poeta.

como pecho de hombre
tumbado
los cabezos amarillos
contemplan
mis costillas esparcidas
por la orilla mojada
reclaman
el mar de mi especie:
reconstruirte
en el mármol
que me acoja.

Sofía Serra ( de Los cabezos amarillos)

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