jueves, 10 de mayo de 2012

La cainita

La cainita
los perros mean en las esquinas;
las perras, en la tercera orilla.


Yo soy la mujer perdida,
esa que avistaste en la acera
del descubrimiento.
Se apostó entre tu territorio
y el del vecino
con un delantal en el pecho
y la hojarasca tierna
acariciando sus tobillos.
Tan perdida, tan perdida era
esta mujer buena,
esta mujer de todos,
esta mujer parida
por manadas de lobos
y lechuzas hambrientas,
que abandonó su nido
para visitar tu establo,
ése que levantaste allá en la esquina
de la acera donde excretan los perros.


Y ya te llegarán días soles
con techo de invierno,
azules mantas cercarán
tu oxidado aliento de puerta
sin goznes ni cerrojos
ordenarán a golpe de dedo
minúsculo y apéndice
de tus horas revueltas
cada célula de tu pequeño
universo atomizado
en vitales secuencias de besos
al vacío, que también te huele
buscando algo que poder
amar, entregarte tú a ti
hasta la descompresión,
hasta exhibirte como pájaro plomo
traspasado por flechas interestelares, negras
y bandidas palomas comerán de tu carne
convertida en grano
que en el establo se olvide…
y yo seré ala perdida
como jaula en invierno
libre de presos.


Y esa mujer buena,
esa mujer a penas vestida
y de sexo abierto,
mirará con descaro
las mentas yerbas de las esquinas,
ya anegadas de orines
en su llanto al aire
de las frescas calles.
Y las humillaré,
las pisotearé hasta borrar
toda huella de tus clavados verdes:
compraré tu tumba arenosa
para ofrendarla al viento
lejano del huerto.
Que aquél reseque tus palmas tristes
de hombre sin cerebro,
sin venas, desmenuzado
y deshecho como la hojarasca
seca que, abono lleno,
cumplirá rediles, ejecutará
sentencias fértiles sin que el hombre
avieso, aquel hombre,
solicitara taquilla
o compra o venta de solares
donde quiso caer ya muerto.


Soy la mujer que sembró ciervos
a la puerta de tu establo,
soy yo, yo soy
el hombre que labró
la acera que encontraste.

Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)

2 comentarios:

Rafael dijo...

Profundo poema que se saborea intensamente en cada verso.
Un abrazo Sofía,
Rafael

Sofía Serra Giráldez dijo...

Un abrazo, Rafael.

 
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