miércoles, 2 de febrero de 2011

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Le fue dado.
La mujer del César no tiene que parecer honesta.
Con que lo sea,
me basta,
me sobran las migajas
del pan nuestro de cada día
salvo el de en medio
que es puerta al infierno
del sin tú,


los días


son tan cóncavos que les quepo entera
por las otras manos,
por sus manos
me llega
la primera vida,
la primera vida siempre marcha,
siempre en marcha
deduzco
que es mi inercia
la muerte.

Sofía Serra, Enero 2010

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