lunes, 29 de marzo de 2010

Desde lady Frances Elizabeth Jocelyn (Non solum mater filii, sed photographa)


Título de la fotografía: La fuente y la encina viejas



Desde lady Frances Elizabeth Jocelyn (Non solum mater filii, sed photographa)

Por dos cabezas que ganaste, perdiste la sombra en el cuarto que ondea bajo la nieve./


Una mujer, travestida en su recóndito profesar/
posa casi desnuda ante el parasol de sí misma/
y el antiguo relámpago que la entrecomilló/
en las densas mareas de los tiempos./
Una mujer bajo la escalera, tan cercana/
como si mi sombra fuera./
Nos distinguen nuestros peinados,/
alguna falda más la cofia y el cenotafio,/
altares e hijos mojados por el chaparrón del destiempo al nacer/
bajo el manto de imperios diferentes./
¿Tan distintos?/
Amabas con las arenas mojadas de tanto sudar nadando/
bajo esta densa pleamar de lluvia/
que poco tiene que ver consigo misma./
Ni contigo./
Ni conmigo./


Un acto reflejo equidistante entre dos partes,/
la de la luz y la del suelo./
Que nadie las aplaste o distinga,/
a la encina o a la caverna, ambas viejas./


Yo me asomé a tu cueva clara en busca de las sombras/
y en ellas descubrí piedras tan blancas como el peltre./
Afuera no encuentro más que los tópicos que me opusieron. Fiera/
combatiente a hierro y fuego/
contra la man-sed-umbría, las costumbres y los fueros: yo me ciego/
buscando las sombras transparentes./
Y al final, non solum será lo que tú y yo fuimos, mater filii,/
lo que acontecerá en ese río sin lugar de la justa suerte y el acontecer humano,/
mucho más lejos de la orilla, estigia,/
lejos, muy lejos del tópico que extirpa cualquier pecho de conocimiento./


Tengo que desentrañar a la memoria que aun oculta resplandece a través de tus
reflejos de clara cualidad de vida/
interpuesta entre el espejo y tus ojos. El parasol es mi centro./
Tengo que embravecer al lago de las horas/
que acobarda al destino de ser de Hombre:/
Tú, ¡tú!, ¡hombre de oro!, ¡¿cuándo recobrarás el ornato de/
tu indumento?!/


La encina,  la escalera, la fuente. El cielo./


¡A ver cuando leemos con ojos de nuevo nombre!/
lo que nos trama, lo que nos surte, lo que nos hace,/
que no hay más que justo proclamo sobre todo el orbe de que tu carencia es mi sobra, y tu aporte,/
mi escasez torpe y muda,/
el estigmatizado resorte, disparo a todas luces, la tuya y la mía, necesario./


Yo la doy y a ti te la quitaron. La alegría./
Tan iguales./

Sofía Serra, Marzo 2010 (Del bestiario de los inocentes)

1 comentario:

santiago tena dijo...

me conmueve porque toca mi punto cristiano, que en estos días se me llena de muerte y de esperanza

 
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