sábado, 15 de agosto de 2009

Un pequeñísimo homenaje a D. Francisco de Quevedo

(Pequeño porque su Arte fue demasiado grande para cualquier acción que yo pretenda, aunque sea homenajearlo)



No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca o la frente,
silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

Hoy, sin miedo que libre escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.

En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.

pues sepa quien lo niega y quien lo duda,
que es la lengua la verdad de Dios severo,
y la lengua de Dios nunca fue muda.


[...]

Comienzo de "Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a Don gaspar de Guzmán, Conde de olivares, en su valimiento". Francisco de Quevedo



Hace escasos días, visitando una de la miríada de redes sociales culturales que existen por este panorama actual de Internet, aprovechando por supuesto que ya dispongo de buena conexión que me permite navegar con prontitud, "asistí" a una "sesuda" discusión en la que se planteaba si en el arte, en ese caso la literatura, era mejor lo poco o lo mucho. Aturdida , y algo perpleja ( aún, debo reconocerlo, me dejan descolocada estos "encuentros" con disquisiciones que YA el Hombre ha dejado más que solventadas a lo largo de su Historia como ser capaz de fabricar Arte) la leí, para terminar, como siempre suele sucederme, escandalizada (no termino de acostumbrarme) por, simplemente, la supina ignorancia que destilaban las opiniones allí vertidas, y no por falta de posibilidad de acceso a la cultura, al conocimiento), y que ronda todavía por este ser humano que pretende, intenta, no lo logra y encima se cree. Me entraron unas ganas casi imposibles de controlar de registrarme en la red sólo para añadir a la discusión la siguiente pregunta:

¿Han oído hablar alguna vez de D. Luis de Góngora y de D. Francisco de Quevedo, del culteranismo y el conceptismo ?

Era una pregunta dirigida a todos, o al menos a la mayoría, recurrentes seres humanos expertos en la escritura, y, sobre todo, en la acudida a intensos y, por lo leído, serísimos talleres literarios, todos no gratuitos. No tengo nada en contra de ellos, los talleres literarios, salvo el hecho de que me parecen solamente negocios experimentados en el arte de sacar dinero a, la mayoría de las veces, inocentes, o ignorantes, personas que piensan que por acudir a lecciones sobre el arte de escribir, pueden automáticamente convertirse en escritores, y aún peor, negocios, su mayor parte, no puedo generalizar, además de que vaya por delante mi desconocimiento, pues nunca he accedido a ninguno, ni virtual, ni físico, pero existen realidades que se pueden juzgar tan sólo por los resultados que producen, que se dedican a exprimir a personas que, por padecer graves o leves transtornos psicológicos, acuden a ellos para intentar aprender una técnica que puede resultarles positiva como tratamiento para su enfermedad. En resumen, SACAMANTECAS. Eso es lo que considero que realmente son los llamados talleres literarios que tan de moda se han puesto actualmente.
Me pregunto siempre ante la contemplación del panorama actual que el arte de la escritura y la literatura presentan en este mundo mediatizado por la ingente globalización y consiguiente pandémica desindividualización del ser humano, y por consiguiente, y valga la reiteración, la inquietante incapacidad del mismo para ubicar las cosas en el propio sitio que les corresponde, si, estas personas, que por casi cualquier circunstancia sienten en algún momento la necesidad y el gusto de escribir han empezado por leer. Es la pregunta primera, la originaria, la más simple que acude a mi pensamiento. A partir de ella podemos concluir en, como si de un cono de deyección se tratase, una casi inundación, por la gran cantidad que a continuación me sobrevienen.
Desde mi punto de vista, de lectora, es muy grave el daño que se le está haciendo a la literatura en particular, y al arte en general, desde este medio que es Internet, aunque hace años contemplé esperanzada sus inicios por, exactamente, todo lo contrario. Hoy pienso que no correrán ríos de sangre (aunque gotas de la misma, poéticamente hablando, se deslizan ya) y que de alguna forma, como siempre sucede con todo lo humano, las aguas volverán a su cauce.
Recuerdo cómo leyendo la novela "Juliano el Apóstata" (Gore Vidal), me encontré con las reflexiones que el propio hacía, por boca de alguien cercano al futuro emperador, sobre el problema de enseñar a leer a lo que entonces llamaban el pueblo. Recuerdo cuánto se ha luchado a lo largo de los siglos, por parte de algunos seres humanos, por hacer extensivo el acceso a la cultura a todo Hombre independientemente de su condición social ( e incluso de género); recuerdo cómo yo misma abogo una y otra vez por que es sólo la cultura (el conocimiento por parte del ser humano de lo que ha hecho y lo que es) lo que nos puede ayudar para intentar lograr un mundo mejor, más justo para y con todos; recuerdo como en una época como aquella que se conoce como la de la Paz del imperio, la Pax Augusta, cuando Augusto llegó al poder en Roma, existió una especie de afán escribidor que se manifestó en la abundante literatura que conservamos de su época. Y, por último, hoy mismo he recordado, pasando a mp3 una canción de Paco Ibáñez en el Olympia, cómo el propio Quevedo satirizaba sobre las modas por el arte literario que en su propio siglo se desarrollaban.

Resulta de sobras conocida la interpretación por la cual, en épocas de crisis, esto es, en épocas de cambio, el ser humano necesita viva y ardientemente dejar manifiesta expresión de sus sensaciones, afanes, sentimientos y pensamientos, ya sea mediante la palabra o mediante cualquier otro lenguaje. Esto normalmente repercute en el logro de una abundante producción artística que conlleva la contemplación de la citada etapa como una ídem dorada de la cultura.
Esperemos que resulte así, y que el cernidor de los años no tarde demasiado en actuar, o que los puros negocios mercantiles, por siempre y para siempre reñidos con el Arte, y entre los que incluyo a la mayoría de las editoriales actuales, de cualquier tipo, ya físicas, ya "virtuales", no estropeen las supremas intenciones de un ser humano que puede y debe hacer las cosas BIEN.
O que los seres humanos no se dejen ensuciar, tentados por el engaño al que el exceso de vanidad les lleva.

Este post quiere ser un pequeño homenaje a Quevedo, pero igualmente podría hacerlo extensible a cualquiera de los miles de escritores, esos que llamamos clásicos, que, lamentablemente, por mucho que sus nombres suenen, y a la vista de lo que se contempla, pocos seres con pretensiones de ser escritores han leído en su vida (que se atrevan a confesarlo o no, resulta ya cosa distinta)

Decía Quevedo al final de su soneto "Receta para hacer soledades en un día" (Obvio que iba dirigido contra Góngora, pero hasta esta enemistad resulta hermosa de contemplar a la vista de lo que manifestaron artísticamente uno y otro poeta):

[...]

Que ya toda Castilla,
con toda esta cartilla,
se abrasa de poetas babilones,
escribiendo sonetos confusiones;
y en la Mancha, pastores y gañanes,
atestadas de ajos las barrigas,
hacen ya cultedades como migas.


(Francisco de Quevedo)


De más está decir que sólo habría que sustituir los nombres de los lugares geográficos por uno más "global", ya sea el de nuestro propio planeta o Internet.

(Sofía Serra, Agosto 2009)

1 comentario:

santiago tena dijo...

Sofía, que escriban, nada se pierde, el oro brilla mas junto a la tierra.

 
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