martes, 9 de junio de 2009

Entierro de una encina

Título de la fotografía: En(c)tierro de una encina



[...]

¿Conocéis el nombre para la piel de la hoja de la encina?...
Dolor,
o verruga,
o incómodo colchón para tu piel de princesa.
¿Conocéis su dolor para los antiguos hogares?,
¿su hambre en panes de curtidas cortezas?,
¿su mil veces bendita llama lamiendo las heridas de los cielos de urbanas lejanías?...

¿y su muerte?...¿la veláis?, o ¿única y maliciosamente la oteáis en vuestros respiraderos obligados?


No hay por quien una encina ilumine,
pero muere y vive por carnales circunstancias,
moldeadas por vuestros sabios pareceres
ablandados en vuestros lunares,
en vuestras pupilas,
en vuestras lenguas,
...y en vuestras siempre abiertas manos con pose de inconsciente súplica.

Ni un dios verdadero lograría traspasar los aceros de vuestras pieles artificiosas
para amasar,
con plegaria,
los centros de no se qué nombre poseen...
Tal vez números,
o ninguno,
sin palabras,
sin letras para el vacío, en paradoja
de vuestros vasos o atisbos de nomenclatura.

(Fragmento de un poema escrito por la autora en Enero de 2003)


* * *


El ser humano habilita, mediante su inteligencia mal usada, sibilinas formas de matar a sus convecinos, unas veces consciente y otras inconscientemente. Una encina puede morir por múltiples causas, la mayoría naturales, enfermedades, vejez, rayos caídos, pero nunca lo hará por sentirse encerrada por esa valla que, para nuestros ojos, es la que habla de la presencia del ser humano en la naturaleza, tan dado él a delimitar "propiedades"...como si la encina, en este caso, no extendiera sus raíces y brazos más allá de esos límites impuestos por nuestro sentido social del egoísmo económico. La encina es "sólo" un árbol, no tiene movilidad espacial, por la intrínseca naturaleza de ser árbol, el sentirse fijada a un terreno es lo que le posibilita la vida.
Su madera es durísima, su corteza, su gran coraza. Ni aunque la atravesáramos con uno de esos hincos de aluminio probablemente moriría.
Sin embargo, muere por lo menos esperable, tal vez. Simplemente porque alrededor de su tronco se deposite tierra o semejante (humus, compost) en aparentemente escasa cantidad; pongamos por ejemplo que le elevemos su suelo matriz en medio metro aproximadamente. Entonces, lenta pero inexorablemente, la encina morirá, ahogada, enterrada en vida.
Me pregunto cuantas miles y miles de encinas habrán muerto de la misma forma, ahora que está prohibida por supuesto, su tala, en la construcción y allanamiento de los miles de nuevas urbanizaciones que se asientan en este país nuestro. Como quien no quiere la cosa, para allanar los terrenos, "echemos tierra para allá con la máquina, alrededor de aquella encina, no se percibirá", al menos que existiera detalladísima información de cartógrafos y fotógrafos sobre el nivel del suelo en porciones tan insignificantes, y andado el tiempo, un año como mucho, la encina aparecerá muerta, con lo que el permiso para su tala, será obtenido de la autoridad pertinente sin más.

Este supuesto caso con consciencia del crimen.
Cuántos habrá habido sin conciencia de lo mismo, por simple desconocimiento

Y de ahí, a las chimeneas de esos hogares que, dadas las condiciones actuales de progreso en la vivienda humana, no son para nada necesarias.

Lo dicho, sibilinos que somos. Optamos por enterrar en vida. Así creemos que se notará "menos" nuestra sinvergonzonería.

* * *


Entradas relacionadas con ésta porque se utilizó aproximadamente la misma escena o visión en la fotografía que las acompaña,

la que sirvió casi de inauguración a este blog:

Las nieves del Kilimanjaro

y una también muy especial porque en ella se resumen muchos y distintos tipos de sueños

Working on a dream

Tal vez, tal vez sólo hemos estado aquí para poder decir por qué muere una encina...que ya es bastante, ¿no?.

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