Miedo
Ese mar tan lleno y desconsolado,
este pecho tan grande y llano,
esta habitación desierta de blancos
y ruidos y negros y affaires, esta soledad
inmediata de araña colgada del techo
y el verde sucio de las paredes
destiñe sus ojos, al final
la solitaria dama se acuclilla
en el rincón más oscuro del mundo.
Se oculta hasta la saciedad de las horas,
que nunca se hartan.
quién continuará hasta dónde
y por qué
—no yo no yo—
lista a todas horas,
semejante espera transmite
la Stabat Mater tras la aurora.
Pero no yo, no yo.
socarrónica majestad ilesa,
abotargado grisú de verdes
sin pabilo que lamentan
una ventana
que los brille…
pero tú no.
Tú, no.
Sofía Serra (De Suroeste)
El poema entero es muy bueno, pero en particular esa primera estrofa impacta, remueve por dentro y se queda ahí, dando vueltas y vueltas. Aplausos, Sofía, gran poema.
ResponderEliminarUn beso.
Gracias, Ramón, eres muy amable.
EliminarBesos matutinos.
Coincido con Ramón en todo, es un gran poema.
ResponderEliminarGran poema es tu presencia aquí leyéndolo. Gracias, Eloy.
EliminarUn beso