sábado, 10 de mayo de 2014

El alma desterrada

El alma desterrada

El corazón no duele,
pero a cambio
el cuerpo desaparece.

La sangre me hierve
y cuando llega a su natural
condensación por el frío
que me rodea, me chorrean
las lágrimas, agua y sales
como la urea que al matojo reverdece,
el poso es tierra donde
el cañaveral germina y crece,
mas estoy
a revienta calderas
y el barco de vapor
busca el otro motor
de aceite y gas
que me suprima
de esta artificial suerte
de esperar sobre margas azules
cuando los amarillos
me destilaron
los siete colores del arco iris,
me explosione y, convertida
en masa humeante y celeste
intangible,
vuele por los aires
hasta mi padre marítimo
una vez
él también se condense
en olas de salinas
y reales y blancas
tempestades, no importa
si pequeñas o grandes.

Todo ha ido aumentando
como la marea sube
y los girasoles
que me alimentaban justo
cuando te oí, crecieron.
Ahora su amarillo
ya tiñe el lugar del encuentro,
del que nunca he salido.
Nuestra es la bandera del exilio
interno y la verde playa
amplia y sola.

Salir de donde no estoy
para llegar a donde mismo
soy, que no soy más
que tú o yo
o el mundo que odio,
pero del que formo parte.

Ni siquiera la tormenta, con su gran poderío,
puede decir a las nubes: ¡no soy vuestra!

No mates los días que te quedan por vivir.

1 comentario:

PEPE LASALA dijo...

Precioso Sofía, y además lleva un buen mensaje. El final me parece un canto a la libertad. Un beso y buen fin de semana.

 
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El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.