miércoles, 5 de febrero de 2014

Nuevo hombre en la cruz

Nuevo hombre en la cruz


Verte en verde puro quisiera
ausente de tus férreas estampidas,
lenta en un segundo presiento
tiempo al sol de ese tulipán equivalente
que me llama, me pregunta, me requiere:
¿Por qué?, ¿por qué no bebes?
Y tus manos amasando espinas.
Como ya no se te clavan…

Al verde quiero sostenerte:
Flamearás sucediendo en el vacío
hasta que el celo mudo
de tu viento, si es que mientes,
se haga hueco en la cruz de tu pecho.
Y entonces se abrirá el cuero herrumbroso.
Y el manantial borboteará
de las cuatro paredes de tus brazos.
Y el sol del aullido iluminará
las doradas clavijas como si fueran
brotes verdes: verte
como si no te hubieras zanjado.
El campo de cuerdas de hierro
tronará en rasgueo salvaje
de tu boca que reirá llagando
el aire que hoy permanece ileso…
Como muro, como vano
a la muerte en la que tañes
preso de esa cruz en la que te clavas,
que ya no sé,
yo no sé,
no sé
con qué manos apuntalas
esos clavos a tus palmas.

Hombre de cuatro brazos,
mutante de esta tierra
morada por la espada de tu arado,
que me llama, me demanda, me pregunta
de qué te sirve ya ese par de alas.

2 comentarios:

Rafael dijo...

Quizás la cruz va en el alma querida amiga, aunque en este caso solamente lo sabe tu protagonista.
Un abrazo.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Mi protagonista es cualquiera de esos seres humanos que no saben ver la cruz en la que se autoclavan, querido Rafael.
Un abrazo.

 
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