martes, 12 de marzo de 2013

Aparte

APARTE

[...] bajarlo del pedestal sólo significa contemplar su humanidad. Contemplándola, puro barro del barro,  puede valorarse su grandeza.
El artista (léase siempre poeta en cualquier lenguaje) como la herramienta inútil sobre esta costra dura de la nomenclatura. Herramienta inútil porque para nada sirve en ella más que para horadarla. Ésa es su negación, su renuncia, y lo que en el fondo nunca se le perdona: la rebeldía. El artista consumido en su propio gesto rebelde, que es el favorecedor de lo que consigue, hacer directo, directo porque gesticula a través de diversos estados estratales hasta llegar al núcleo. Podría haberse decidido por quedarse arriba; pero no fue así. Algo lo impulsó a escarbar. Algo. ¡¿Que es ese algo?, ¿qué?!, el no hay remedio?, la esperanza?, la misma desesperanza, el sin perdón… el detectar, el atisbar, el barruntar… Una vez atisbado resulta imposible, naturalmente imposible, que no necesite lograr trasladarlo a sus semejantes, los seres humanos. El artista es el ser más social que existe. La necesidad de soledad no tiene nada que ver con una insociabilidad…
el arte como veneno
o esencia paradisíaca
la contradicción perpetua
el conflicto
digno de conmiseración
y admiración
siempre valorable
ni por encima ni por abajo,

aparte.
Alma-r-gen

volvemos a lo mismo. No hay pedestal pero sí la linde, el límite, el limes. siempre en el filo del abismo, sin traspasar y traspasando, trayendo, siempre trayendo,
un pie
allí
otro
ahí.
El artista no tiene sitio. Todo lo contrario a la teoría del arte posicionado. Su sitio es el sin lugar pero allá tampoco. Ha de vivir, comer, alimentar el cuerpo para poder sobrevivir físicamente.
Pagado. Debe estar pagado a la vez que resulta contranatural que lo sea.
Solo, siempre la soledad más absoluta, ¿cómo no va a construir torres de marfil?, ¡cómo no va a construir mil casas por cada lugar que vaya si ninguna tiene?, ¿cómo no va abandonarlas constantemente? ¡cómo no va a refugiarse en el calor de las tribus aunque sea de vez en cuando?... ¡cómo, cómo? Pues no, haciéndolo organiza su existencia de poeta, se posiciona, se defiende del abismo, cae en la trampa del miedo, de la comodidad, de la suplantación (humano es), del fraude. En definitiva, de la mentira, el lugar justo opuesto al desde donde parte lo único que le da carta de naturaleza a su ridículo trabajo, horadar, horadar hasta llegar a lo verdadero, llevarlo a, hacer el hueco para la luz, para hacer e-vidente lo invisible.
La capacidad, capaz cualquiera, capaz no cualquiera, la decisión, la voluntad, el esfuerzo y el tendón, el nervio que lo obliga, lo seduce. No hay droga. O el sentido es la razón, la droga, el motivo, el porqué. La ética sin costumbre. No es necesidad. Es instinto. Fuerza natural. Desinercia. Imposible negarse a ella. No existe la nomenclatura “posibilidad”. Ni su negación.
Quien la sigue ha comprado parcela en el infierno. Sin saberlo.
Lo nacieron.

El artista como ente abstracto personificado en un ser humano. el verbo hecho carne. el dios en la tierra.

2 comentarios:

mónica pía dijo...

qué buen texto!! Me encantó, no tiene desperdicio. "Imposible negarse"... alguna vez leí a Gonzalo Rojas decir que escribir para él era una necesidad fisiológica...

un abrazo,

Sofía Serra Giráldez dijo...

Bienvenida, Mónica. Gracias por tus palabras.
Un abrazo

 
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